Mini Relato de Terror
Escrito
por
David Méndez Bañón
(8/02/2016)
Todo yacía oscuro en la ciudad. Una figura negra avanzaba con
paso firme pero lento por las abandonadas calles. Punta en
negro. Almas temerosas se apartaban y corrían despavoridas
al notar su presencia. Una cría pequeña, con ganas de
curiosear, se le acercó. La madre gritó aterrorizada, su única hija estaba apunto de morir ante sus propios ojos. La figura alzó su imponente guadaña, con la única intención de apagar
la gran chispa de vida que la niña poseía en sus hermosos ojos
azules. La bajó cortando el aire. El sonido de la carne siendo
sesgada, partida en dos, se escuchó, hizo presencia en la
sombría escena. La sangre corrió por la guadaña hasta tocar el
frío suelo. La niña, con las manos protegiéndose la cara, y
lágrimas cayendo por sus rojas mejillas, miró a su madre, o lo
que quedaba de ella. La cruel escena siguió su curso.
La sombra se aproximó a la cabeza de la madre, y la agarró como
si fuese un preciado trofeo. Mostrándola a todos los presentes,
advirtiéndoles de que no se iba a salvar nadie, advirtiéndoles...de que su fin se acercaba cada vez más. Ella
no se podía mover. A cada segundo, con cada lágrima humedeciendo su rostro, con la rabia creciendo cada vez más. Cerró los puños, y comenzó a golpear a la oscura figura. La
cual no movía ninguna parte de su cuerpo.
- ¿Porqué? ¿Porqué mi mamá? Ella no te ha hecho nada. Malo,
malo, malo...
Decía entre sollozos, limpiándose la cara con la manga del jersey. Se limpiaba y seguía golpeando. La asesina de su madre sacó un pergamino de su túnica. Dicho pergamino tenía un nombre...el suyo. El nombre de la cría se cambió solo, y puso el de su madre. Acto seguido, hundió el dedo en la sangre que salía paulatinamente de su víctima, y tachó dicho nombre.
Apartó a la niña de un empujón, y siguió caminando, pero ésta
no se rendía tan fácilmente. Fue corriendo hacía ella, pero la
figura alzó el puño, la hija de la pobre mujer cayó al suelo cual cuerpo qué yace muerto. La gente de alrededor gritó, algunos se desmayaron, otros huyeron como alma que llevaba el
Diablo. La muerte se giró y se acercó al cuerpo de la cría. Alargó su mano y la posó sobre su cabeza. El cuerpo de la niña empezó a perder volumen, comenzó a arrugarse. Con cada
segundo, los huesos se marcaban, la cuenca de sus ojos se marcaba más, y más. Sus ojos fueron absorbidos por la propia cara de la chica, y un riego de sangre brotó de ellos. La mano soltó la cabeza, y ésta rebotó levemente en el asfalto. Una vez realizada la acción, prosiguió su camino, con paso firme, pero lento.
KAMU SEDANG MEMBACA
La Muerte.
HororUna breve historia de terror que va directamente al grano. La muerte deambula por la calle, buscando a su próxima víctima.
