PRÓLOGO

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Temo a la muerte.  Aquella que me vio nacer, la que me sigue allá a dónde vaya y la que me acecha en la oscuridad en la que vivo permanentemente.
Llenó mi silencio, ahogó mis llantos, consiguió que fuese más fuerte, menos sensible al rechazo de otros seres humanos y me despojó de mis recuerdos, más malos que buenos. A veces intento tener presente lo que él me decía cuando aún se podía ver bondad en  mí.

La amabilidad y la bondad son los dones que te concedieron al nacer.

Cuán equivocado estaba. Ya no soy lo que era, ya no soy nada, tan solo un par de ojos verdes que lo observan todo  desde la penumbra, alejada de todo y de todos.

Han pasado algo más de diez años y hasta cierta edad tuve fé en encontrarlo, pero, al final, como todo, esa fé se agotó junto con la confianza que había recobrado en las personas,  me engañaron y me utilizaron, para posteriormente terminar trabajando en el Infierno.

La Hija del Norte. ©Where stories live. Discover now