Mamá. Esa es la primera palabra en la que pienso cuando alguien me habla de su infancia.
Cuando sólo tenía 6 años, me separaron de ella. No recuerdo nada sobre mi madre, cosa que es bastante extraña, ya que todo el mundo dice que a los 5 años o así los niños empiezan a recordar cosas sobre su vida. Eso yo nunca me lo creí, ya que yo tengo un claro ejemplo de que no es cierto: mi existencia.
Ya intenté muchas veces de niña que mi padre me explicara cosas sobre mi vida. Pero, siempre que se lo preguntaba, me decía cosas como: "Ahora estoy muy cansado, Mireia, me voy a la cama". Y, sin embargo, a los diez minutos me lo encuentraba en el salón, viendo un partido de fútbol, o haciendo la cena mientras escuchaba la radio. Al principio era pequeña, por lo que no me preocupaba, sino que jugaba con mis muñecas o leía un cuento.
A medida que me iba haciendo mayor, me iba dando cuenta de que era bastante extraño que, siempre que le hacía a mi padre esa preguntaba, me respondiera con evasivas. Cuando cumplí los 11 años, me empecé a preguntar qué gran secreto me estaría escondiendo mi amado padre.
No me imaginaba que, dentro de un año, lo descubriría, y no siempre me ayudaría.
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Todo un mar por descubrir
FantasíaMireia, una humana normal, descubre a los doce años que su padre le esconde un secreto, relacionado con el mar. En este libro, Mireia nos cuenta su vida desde dos lugares completamente distintos: la tierra, y el inmenso océano.
