Sexo asegurado.

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Entablar una amistad con la persona que te ha gustado desde el día en que llegó, en donde le viste esos rulos al viento, esa sonrisa sincera y cálida, alto, con una expresión de confianza en sí mismo. Es difícil, simplemente por el hecho de que te ve como otro amigo más. Pero al mismo tiempo, es fácil porque estas un paso más allá de conocerlo, de asegurarte de hacer cosas que le gusten para llamar su atención. Y finalmente, que todo sea perfecto para amarse hasta viejitos.

Eso no me pasó a mí. Bueno en cierto modo, sí y no, pues verán la cosa es así.

El primer día de clases en básica ese chico, el cual su nombre es Edgar me preguntó si conocía la sala del octavo. Yo claramente un estudiante de ese mismo colegio, lo miré, miré mi uniforme. Miré hacia todos lados y le pregunté incrédulo si era una especie de broma mal ejecutada, pues obviamente sabía dónde estaba, y le dije que al parecer iba a ser mi compañero nuevo, le señalé la sala y la conversación se quedó ahí. Pero no para él, pues me siguió todo el tiempo que estuvimos afuera, hasta llegada la hora para entrar y esperar el profesor para que abriera la sala.
No sabía si era un acosador, no sabía nada de él y me extrañaba que me siguiera, hasta me ponía nervioso. Yo, era un niño pequeño aún (aunque no tanto) por lo que mis sentimientos por él no nacieron de inmediato, claro que no, aunque al principio haya dicho lo contrario. Sí me impresionó su estatura, es que era el más alto del curso y por eso mismo se sentó atrás.
Quiero añadir, agregar y decir, que yo me senté cerca de él, casi al lado, pero no para que me notara, sino que me gustaba ese lugar, la iluminación era perfecta y podía ver toda la sala.

Pasada la mañana supe que su nombre era Edgar, y le gustaba llamar la atención. Molestaba a todos los que tuviera alrededor y yo, fui uno de sus constantes blancos para sus proyectiles, bromas y un montón de cosas más. Discutir con él era cosa de la mayoría de los días, hasta que simplemente no me quedaba más que ignorarlo o acusarlo.

Edgar, era como la clase de chico malo simpático, no de esos malos que intimidan a sus demás compañeros -aunque a mí al principio me haya intimidado un poco-, ni los humillan y les roba su dinero, era malo en las materias y por lo mismo me pedía ayuda. Siempre he sido un buen samaritano y he ayudado al prójimo, así que ayudar a Edgar tampoco dio a conocer esos sentimientos que poseía. Debo reconocer que sí lo encontraba lindo, que sí me gustaban sus rulos, cosa que se lo decía a menudo y él solo reía.

-Pss, Naiko. -me dijo un día, antes de una prueba. -¿Leíste el libro?

Vaya novedad que me pida que le ayude, pero solo para que sepa que las cosas no se consiguen gratis ni en bandeja como siempre quería, le respondí que no, ultra mega híper pesado.

-Ya, mira me conseguí las respuestas. Para que te saques un siete. - me entrego un papel minúsculo con las alternativas, las respuestas de los verdaderos y falsos y las preguntas de desarrollo. Cómo cupo todo eso en ese pequeño papelito. Ni yo lo sabía. -Pero no se las di a nadie, espero que te sirvan. -y se fue.

Me dejo impresionado, me estaba ayudando y yo ya lo estaba puteando mentalmente, le agradecí y tuve la sensación de que me sonroje.
Para mi desgracia, sí eran las respuestas correctas de la prueba, lo supe porque él se sacó un siete y yo un seis cinco. Nadie más en el curso se había sacado un siete por lo que la profesora lo felicito y le dejo elegir el próximo libro a leer. Pensó por mucho tiempo y por fin dijo que leeríamos "Amante en secreto". Ese título me queda como anillo al dedo, pero eso ya lo sabrán más adelante...

Bien, los días pasaban el año terminaba y con ello una nueva amistad formalizada con Edgar se venía, pulseras de la amistad conmemoraron el momento y sonrisas adornaron nuestro rostro. Éramos oficialmente amigos. Amigos, amigos, amigos... esa palabra rebotaba constantemente en mi cabeza y no sabía por qué, pero más allá de preocuparme o preguntarme qué ocurría, no abarcaba más en el tema.
Entonces, él se quedaba en mi casa, yo iba a la de él. Y así nos íbamos turnando.

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