1 de agosto: Alice

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El césped me pincha bajo la toalla, pero yo solo me fijo en la rubia de pelo largo y liso que me abrió la puerta cuando llegué a la piscina.

Nuestros ojos se encuentran fugazmente, y no me queda más remedio que esconderme detrás de los mechones de pelo ondulado castaño claro que cubren mi cabeza, algo herida por el pasado.

No hace más de una semana que lo deje con Beatriz, mi ex, pero no quiero que la gente, y menos ese grupo de chicas del que aspiro ser amiga, se de cuenta de que uno de los amores de mi vida tiene nombre de chica.

Observo a las dos con las que me junté el año pasado, o al menos lo intente, hasta que me dieron a entender que ellas dos se valían por si mismas. Buah, que cara de asco tienen cuando me miran.

Al girar la cara sorprendo a alguna de ese grupo mirándome de nuevo. Definitivamente, quiero hacerme su amiga, no estoy dispuesta a perder otro verano de mi vida por la puta timidez.

Al mirar mejor me he dado cuenta de que falta una chica en el grupo; una rubia bajita y de caderas marcadas...si, me he fijado en sus caderas, aunque no es lo único en lo que me he fijado, también he advertido que llevaba la misma gargantilla negra que yo. Espero conocerla. Nos llevaríamos bien.

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