!Riiiiiiiiiing!
El timbre del aula sonó, lo que significaba que la clase había concluido. Jo Mitchell se levantó de su pupitre y comenzó a recoger los libros y los apuntes que había tomado.Salió de la clase de biología y se dirigió al pasillo de las taquillas. Llegó hasta la suya, puso el código y guardó sus cosas, hasta que...
-!Josephine!- la sorprendió una voz.
Giró la cabeza y vio a su amiga Mony correr hacia ella, agitando la mano a modo de saludo.
Mony era una chica bastante guapa. Tenía el cabello rubio y brillante, recogido siempre en dos coletas adornadas con un lazo con el estampado de la falda del uniforme. Su piel era blanca como la nieve, y sus hermosos ojos azul celeste eran grandes y expresivos, llenos de vida, y multitud de pecas salpicaban sus mejillas. Aunque su carácter no era tan asemejado a su físico. Mony era una chica responsable, estudiosa y parlanchina, pero los contras de su carácter eran que ella era una chica bastante sosa, siempre con la cabeza metida en los libros de texto, y algo arrogante. Cuando alguien hacía algo que a Mony le disgustaba, enseguida le tomaba asco y rencor, y no solía hacer mucho contacto con aquella persona.
-!Hola, Mony!- respondió al saludo Jo.
-¿Qué tal te ha ido hoy la clase de biología?- esa era Mony, siempre hablando de clases y todas las cosas relacionadas con ellas.
-Bastante bien. Hoy hemos estudiado...
-Muy interesante. Pues hoy en clase de historia hemos estudiado cómo saber la edad de los huesos de los hombres prehistóricos- interrumpió Mony, explicándolo todo con un toque de orgullo en su voz.
Jo resopló y salieron del instituto Eastwood High.
-Hasta mañana, Mony- se despidió.
-Hasta mañana, Josephine- se despidió Mony, y se fueron en direcciones contrarias.
A Jo no le gustaba que Mony la llamara Josephine, le resultaba demasiado refinado, y ella no era así para nada, aunque Mony era su mejor amiga en todo el instituto, o eso creía ella. Recorrió las calles de su ciudad, Jacksonville, en Florida, hasta llegar a su casa, pequeña pero acogedora. Abrió la puerta y exclamó:
-!Mamá, ya he vuelto!
-!Hola, cielo! ¿Cómo te ha ido hoy?- saludó su madre.
-Igual que siempre, acertando todos los ejercicios y sabiéndome las preguntas orales- resopló Jo. Era lo mismo de todos los días.
-Eso está bien, tesoro- la alababa su madre, mientras ella y su hija se dirigían al salón para sentarse en el sofá de cuero blanco. Jo alargó el brazo y cogió el mando a distancia de la enorme televisión de plasma de la mesita auxiliar de cristal y presionó el botón de encendido. La tele encendió su enorme pantalla en un canal donde precisamente estaban emitiendo un concurso de canto.
A Jo le fascinaba cantar. Era su mayor pasión. Tenía una maravillosa voz y todos se lo hacían notar, menos su madre. Ella intentó convencerla para que la apuntara a una academia de canto o algo por el estilo, pero su madre se negó rotundamente, diciéndole que lo más importante eran sus estudios, y que no se distrajera con bobadas.
Mientras su madre le prestaba la mayor atención al programa emitido, Jo se armó de valor una vez más y dijo:
-Éste es un buen programa de canto, ¿eh?
-Sí, lo es- afirmó.
Jo respiró hondo.
-¿Y no sería buena idea que me apuntases a una escuela de canto para sacar provecho de otras cosas mías que no sea mi inteligencia?
-¿Otra vez con eso, Jo? Ya te dije mil veces que no. Ahora lo que importa de verdad son tus estudios.
-Ya, pero... no sé... ¿no me podrías apuntar a modo de clase extraescolar?- contraatacó Jo.
-!Josephine Lucy Mitchell, he dicho que no! !No me lo repitas más veces!- estalló la señora Mitchell, elevando la voz.
Jo se enfureció y salió corriendo de casa. Corrió dos o tres calles hasta llegar a su parque favorito, un parque de fresca hierba con un hermoso lago cristalino justo en el centro, bancos a su alrededor y varios puestos de helados y otros dulces. Se sentó en un banco al sol, cerca del puesto de helados, y una lágrima de frustración se dejó caer libremente por su mejilla, y ella no hizo amago de secársela.
Jo continuaba absorta en sus furiosos pensamientos cuando una chica con el cabello castaño claro, una piel perfectamente morena y unos bonitos ojos color miel se sentó a su lado.
-Hola- saludó la chica.
Jo, al darse cuenta de la presencia de la chica, ocultó su cara por un momento, se secó las lágrimas y volvió a prestarle atención.
-Hola- respondió, con un leve sollozo. -¿Cómo te llamas? No te he visto nunca por aquí.
-Me llamo Madison, aunque puedes llamarme Maddie- respondió la chica, con una amplia sonrisa, mostrando su perfecta y resplandeciente dentadura -y si nunca me has visto por esta zona es porque yo estudio en Starlite Florida.
-¿Starlite Florida? ¿Qué instituto es ese?- preguntó con mucha curiosidad Jo.
-Starlite Florida no es un instituto cualquiera: es una escuela de artes- explicó Maddie.
Nada más oír las palabras "escuela de artes" a Jo se le iluminó el semblante.
-¿De verdad? ¿Una escuela de artes?
-Sí. ¿Te gustaría inscribirte? Las inscripciones se pueden realizar en cualquier momento del curso- continuaba explicando Maddie.
-Me encantaría, pero mi madre no lo permitiría.
-¿Por qué no?
-Porque resulta que yo tengo una alta capacidad intelectual, y mi madre está demasiado obsesionada con mis estudios que no me deja hacer lo que me llena de verdad- contó Jo, cabizbaja.
Maddie hizo una mueca y luego exclamó:
-!Oye! ¿Por qué no te inscribes en secreto?
Jo se estremeció.
-Mi madre no lo aceptaría.
Maddie rió.
-¿Qué parte de en secreto no has entendido?
Jo forzó una sonrisa para aportar seguridad.
-E... está bien.
Maddie sonrió, cogió a Jo de la mano y salieron del parque.
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FAME'S ROAD (Temporada 1)
Teen FictionStarlite Florida es una escuela de artes para jóvenes promesas del canto, el baile, la actuación, etc, que luchan por hacer sus sueños realidad. Jo Mitchell es una chica de 18 años con una alta capacidad intelectual que estudia en Eastwood High, el...
