La primera vez que la vi me intrigó su timidez, su sonrisa coqueta y juguetona.
Ella llegó cuando decidí dejar de amar, cuando ya todo no valía nada. Cuando solo quería jugar y que alguien jugara junto conmigo y no conmigo.
Entonces hablamos y sus palabras eran llamativas, incrédulas con un poco de negativa opresión.
Quería intentarlo, quería ver hasta dónde podía llegar. Así que cuando nos despedíamos me atreví a besarla. Sentí un beso frío sin respuesta. No me atreví a mirarla a la cara y me fui.
Una semana después me volví a aparecer en su casa. No percibí ninguna conducta negativa en contra de mí, entonces entablamos una conversación muy entretenida.
Yo solo pensaba "Es solo un juego, es solo un juego" me repetía esa frase una y otra vez, hasta que me la creí.
Ya era muy tarde y tenía que marcharme, así que le pregunté muy pícaro:
-¿Y mi beso?
Ella se me acercó (no creí que lo haría), me preparé para un simple beso. Pero en un segundo se convirtió en algo más.
Me gustó que entrara en mi juego, me sentía entusiasmado con esa idea.
Solo esperaba los fines de semana para ir a verla.
...
D.-Recuerda que solo es un juego, nada es real.
A.-lo sé, solo será por esta vez. No tengo intenciones de enamorarme.
D.-Eso espero.
Pasado los tres meses, nada parecía haber avanzado. Todo era igual que al principio, llegar, saludar, sentarme, hablar, besarnos y despedirnos.
Mayormente era unilateral, más de mí parte que de la de ella.
Una noche me decidí en terminar con el juego y seguir siendo amigos normales. Me senté a esperarla en la galería de su casa, me quedé mirando la luna llena. Era increíble como iluminaba aquella noche.
Ella entró y sus ojos eran muy brillantes bañados con la luz de la luna, tenía el cabello suelto y solo esa vez ella se acercó a mí y yo no a ella.
¿Me hizo retractarme? Sí
Cuando me fui, en la calle...
...
D.-Sabes que te arrepentirás de eso toda tu vida ¿Verdad?
A.-Sí, ¿pero qué daño me hará estar un poco más con ella?
Llegó el día en que se acabaron las clases, ahora iba casi todos los días a su casa. Pasábamos la tarde entera hasta las 10 de la noche juntos.
Pasaban muchas cosas, pero lo que más me incomodaba es cuando salíamos junto con su Familia. Era muy incómodo fingir que la quería y que la familia pensara que era una relación de verdad.
Llegué a sentirme tan mal que me mentí diciéndome que la amaba, para que no tuviera que actuar delante de la familia.
Mala idea.
Después de eso, cada noche salía de su casa con una sonrisa y cuando atravesaba esa puerta se desvanecía en un instante.
Cuando ella decidió terminar conmigo me quebré. Mi dolor era inaguantable. Hasta que recordé que ese no era yo y que todo lo que había hecho era fingido.
Mi corazón se quitó un peso de encima, por dentro sonreí, parecía un cobarde, era tan despreciable.
...
D.- ¿Por qué no dejas de ser un cobarde y haces lo que le dices a los demás, "arriésgate"?
A.-El mundo me hizo así. Soy un cobarde. Si no le debiera algo a alguien, sería como cualquiera de esos cobardes que se suicidan para salir de sus problemas. No soy valiente por seguir en este mundo, solo estoy aquí para pagar una deuda.
D.-Entonces ¿lo dejarás tal y como está?
A.- ¿Qué más se supone que haga? Decir la verdad no es una opción.
No importa que dijera o que hiciera, porque si te dejas llevar por lo que dice el mundo acabarás haciendo lo que otros quieren que hagas.
Eso pasó.
...
A.-Odio cuando las personas se dejan llevar por el mundo.
D.-El mundo es tentador. Y si encuentra un corazón débil se aprovecha de él.
A.-Gracias a eso quedé siendo el malo del cuento.
D.-Eso pretendiste ser. ¿Lo recuerdas?
A.-Pero porque era necesario. No porque en realidad lo fuera.
D.- ¿Por qué no mejor lo dejas así?
A.-Porque cada vez que veo su rostro, veo el único problema que jamás pude resolver.
