La Muerte... siempre presente, siempre paciente, rondando a cada ser sin distinción, inexorable e implacable. La Muerte llega para no regresar, pero en contadas ocasiones... para acompañar.
Ilya Ilya Ilya!
Los vitoreos se oían por todo el lugar, la arena estaba repleta, humanos y criaturas por igual, todos clamando a Ilya, el joven y talentoso niño capaz de derrotar a quien fuese en combate. Algunos sostenían pancartas con el inmaculado récord de Ilya 9-0. Tal era su talento para asesinar, que la misma Muerte se encontraba en el público, riendo por la espera de una nueva alma que cosechar.
El joven niño tenía la mirada tranquila, jamás mostraba expresión, vivía para pelear como si no supiese hacer otra cosa. Lo que estaba claro es que al público no le importaba su condición, sólo amaban el morbo de ver como un niño asesinaba a quien sea que fuese su rival en la arena.
Ilya Ilya Ilya!
Los vitoreos no cesaban, ni siquiera cuando entró a la arena un alto ser de largas extremidades y apariencia insectoide, quien tendría que enfrentar al invicto Ilya. El público se exaltó y la batalla dio comienzo. Ilya evitó el primer golpe del insecto desviándolo con su brazo derecho; acto seguido, se adentró y golpeó duro el abdomen del ser. El público gritaba de la emoción y la mismísima Muerte disfrutaba ver al niño pelear. El insecto retrocedió cubriéndose el abdomen, miró al niño con desprecio y se abalanzó sobre él, intentando agarrarlo con sus brazos. Ilya, ágilmente, dio un salto hacia atrás quedando apenas al alcance del insecto y nuevamente se adentró para golpearle. Cualquiera creería que por la diferencia de altura y alcance, el insecto tendría las de ganar, pero la agilidad del muchacho era digna de respeto. Ilya asestó el golpe, pero fue bloqueado por la mano libre del insecto, quien logró sostenerlo por el puño y arrojarlo con rabia contra las rejas.
El público guardó silencio, los vitoreos cesaron y la mismísima Muerte se puso de pie. Ilya comenzó a incorporarse, pero rápidamente el insectoide corrió hacia él para golpearle. El chico lo eludió por poco, saltando hacia un lado, tomó distancia y se preparó para continuar. El público presente suspiró con un dejo de tranquilidad. El insecto nuevamente se abalanzó sobre Ilya, quien evitó el golpe y contraatacó, pero el insecto le eludió también, al tiempo que lo golpeaba con la rodilla. Ilya logró preverlo, se cubrió el cuerpo, pero la diferencia de fuerza se hacía notar y aquel golpe empujó al joven niño contra las rejas nuevamente.
Por primera vez se vislumbraba una emoción en el muchacho; era angustia, miedo. Su barbilla temblaba, al igual que sus piernas. El público nada decía, ni nada opinaba; humanos y criaturas estaban demasiado absortos en sus mentes como para notar que aquella máquina para matar era en realidad sólo un niño.
El insectoide avanzó lentamente hacia él, sólo el crujir de sus pasos se oía en el lugar, cuando de pronto...
Ahhhh!
Ilya comenzó a gritar desesperadamente mientras corría hacia el enemigo, entró en rango e intentó asestar un fuerte golpe, mas el insecto lo eludió con facilidad, vio expuesta la nuca del niño y, con un certero golpe, lo envió al suelo. Se oyó la exclamación de sorpresa del público cuando por primera vez sintieron la morbosidad de sus actos. La Muerte, quien siempre estaba presente, tampoco pudo ocultar su sorpresa. Estaba allí para cosechar la décima alma entregada por el niño, mas ahora era su alma la que tendría que arrancar.
El tiempo se congeló. Todo permaneció estático en el lugar y sólo la Muerte se movía sigilosa entre la gente. Se acercó a Ilya, quien yacía en el suelo inerte, y tras una mirada de profunda incomodidad, chasqueando sus falanges, hizo levantarse el etéreo cuerpo del muchacho, a la vez que todo el lugar se envolvía de un aura inexplicable. La multitud desapareció, la arena ahora era césped y habían árboles en lugar de pilares, como si del paraíso se tratase.
Sin entender qué sucedía, Ilya miró un instante a la Muerte mientras ésta lo contemplaba, luego miró a su alrededor sin reconocer el sitio, pues jamás vio en su corta vida maravilla igual. Un par de mariposas se cruzaron por su rostro asombrado, e Ilya fue tras ellas jugando... jugando por primera vez. La Muerte le contempló perpleja, intentando procesar lo que pasaba. Pero su tiempo terminó y aquello debía hacerse...
Mirándole, la Muerte volvió a chasquear sus falanges y el etéreo Ilya comenzó a desaparecer, consumiéndose desde sus pies. Cabizbaja, la Muerte comprendió lo sucedido. Una mariposa de aquellas con las que Ilya jugaba se posó en su mano...
Y ese fue el día en que la Muerte se dio cuenta de que estaba viva.
