Capítulo 3.

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Cuando estaba tan ricamente dormida, un sonido bastante chillón y desagradable logró interrumpir mi sueño. He de decir, que maravilloso sueño...

Eran las nueve de la mañana cuando me dispuse a abrir los ojos poco a poco y miré el reloj, definitivamente comprobé que estaba en lo cierto.

Hasta aquí todo bien, pero hubo algo que extrañé y era el reloj. Estaba segura que este reloj no era el mío, posiblemente me lo hayan cambiado mientras dormía. La verdad es que a ese detalle no le presté gran atención.

Me froté los ojos y me sonreí inconscientemente a mí misma. Antes de disponerme a hacer nada más, volví a cerrar los ojos y el sueño que había tenido me volvió a invadir mis cinco sentidos.

¿Qué decir del sueño? Era maravilloso, quizás el más bonito que pude tener. Durante el sueño disfruté como una niña, con mi supuesto marido y mi supuesta hija (en sueños, claro).

Ahora mismo estoy confundida. Por un momento creí que era yo pero ahora que lo pienso me doy cuenta de que no. A no ser que sea yo en años con familia, pero no.. definitivamente no podía ser yo.

Aunque la chica del sueño fuese idéntica a mí, yo no soy como ella. Ella es explosiva, yo en cambio sencilla. Ella va como una puerta, yo odio maquillarme.

Al fin y al cabo, era un sueño más. En el caso que fuese yo, que ya se sabe que no, ese hombre no estaría en ese lugar conmigo sino el amor de Mi vida: Emmanuelle. Con el sí tendría una niña hermosa y no solo una sino mil más. Él es pura magia para mí.

Bueno, cambiando de tema. Sea yo o no la del sueño, tengo que decir que fue algo muy bonito y no sé por qué, pero me desperté con una sensación increíble.

Era todo tan real, tan perfecto que parecía una digna escena de telenovela. Qué suerte tenía esa chica de poder compartir algo tan increíblemente perfecto con su marido y su niña.

Quien tuviera esa suerte, era muy afortunado. Es fascinante poder confiar en una persona que te cuide y sepas que es el ideal para estar toda la vida junto a él.

Aunque suene feo la envidiaba, pero realmente confío que algún día yo también podré alcanzar mi meta. Estar con mi Emmanuelle, casarme con él y formar un hogar juntos.

Y qué decir de la escena. Todo era precioso, el ambiente de París, la boda, la niña y un marido que la iba a querer el resto de su vida.

Es impresionante como a través de un sueño, pude llegar a vivir algo tan mágico y una situación que siempre anhelé para mí. Lo que nunca me explicaré es porque aparecían ellos y no Emmanuelle.

Instantes después abrí los ojos de nuevo y me puse a escuchar el sonido dulce de los pájaros que estaban en mi ventana. Me incorporé poco a poco y de repente noté como se me nubló la vista, noté como me daba todo vueltas y el grito de una niña provocó que sufriese un doloroso estallido en la cabeza.

Pasaron dos segundos cuando miré mi alrededor y no reconocí nada. Ni mi cama, ni mis muebles ni mis objetos personales. Lo miré todo aterrada sin saber por qué y sin esperármelo entró la niña que escuché gritar.

—¡Mamá! —me dijo la niña al entrar.

La pequeña se abalanzó sobre mí, me abrazó y me llenó de besos. Yo me quedé paralizada porque no sabía quién podía ser ni tampoco la conocía.

Cinco minutos después entro un joven y se sentó al lado nuestra. Me besó. ¿Por qué me besó? Seguí sin entender nada, y sin reconocer a nadie.

—Mi amor, ¿Cómo dormiste? —me preguntó el— ¿Me ha llamado mi amor o estoy alucinando? —pensé—Y la niña, ¿Mamá? —esto ya sí que me confundió más.

De repente todo lo perfecto que soné se desvaneció por completo. No sabía ni qué hacer ni que decir porque es que por mi desgracia no los conocía.

—Cariño, ¿Estás bien? —volvió a insistirme el muchacho.

Noté como el me miraba con entusiasmo, en sus ojos logré apreciar que había cariño y amor.

—Si... —contesté yo atemorizada— ¿Dónde estamos? —pregunté confundida.

—En París —contestó el mirándome fijamente.

El me volvió a besar y yo por segunda vez no sentí nada, la única sensación que tenía era un terror incalculable. Besarlo era como besar una muralla de hielo sin sentimientos. Solo tenía claro que, si era una pesadilla, quería despertar ya.

Lo único que sé, es que no lo quiero a él ni siento nada por un ser inocente que ve en mi a su madre. Acabo de comprender, que todo lo perfecto que noté un rato antes se esfumó para convertirse en un calvario y en una pesadilla en toda regla.

Después de mucho tiempo necesité de forma descontrolada verme en un espejo, de verdad preferiría ser la bruja de Blancanieves que sentir este dolor tan inmenso.

Sin duda ninguna, estaba atrapada en un cuento que no me correspondía a mí. Junto a un hombre y a una niña a los cuales no quería.

 Junto a un hombre y a una niña a los cuales no quería

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Imperfecta. ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora