El Proximo Turno

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Los miles de pitidos que a diario sonaban de las decenas de cajas registradoras a su alrededor retumbaban en su cerebro haciéndolo "desconectarse" del mundo real olvidando de donde estaba era el diario vivir de Edward, un joven de 20 años que hace no mucho salio de estudiar informatica pero por lo visto no había tenido éxito en conseguir un trabajo de su profesión debido a su nula experiencia, ha trabajado relativamente poco, exactamente 2 meses y suele vivir aburrido de lo tediosa que es su vida, estar parado todo el día viendo miles de caras pasar comprando productos que solo buscaban la necesidad de satisfacer sus necesidades materiales que poco servirían después de la muerte, de hecho esa era la filosofía de Edward, no le importaba lo material pues de nada serviria, lo único que te llevas luego de que mueres es la energía de tu cuerpo siendo transformada en otro plano existencial y por lo tanto dejas de existir.

Cerca de las 6:30 de la noche, a solo 1 hora de cerrar, Edward se ve ajetreado pues hoy el establecimiento estaba mas lleno de lo que suele estar, hay numerosas personas comprando alimentos, enlatados, líquidos, etc. Y los pitidos de confirmación de compra que emanaban de las cajas registradoras eran aun mas ensordecedores combinados a los berrinches de niños que exigían a sus padres comprarles lo que querían, era un caos total, miles de caras pasaban y se iban mientras Edward registraba con vertiginosa velocidad los productos que transportaba la cinta eléctrica, uno tras uno mientras despachaba el cambio de los clientes, el sonido lo ensordecía mas y estaba entrando en estrés pues la gente lo apuraba a terminar, pero Edward solo mantenía la calma y evitaba las ofensas e indirectas de la gente, las filas de todas las cajas estaban llenas y no había mas espacio que solo para respirar, era como ver la gente peleándose por quien era el primero en tomarse la ultima soda del desierto. Todos trabajaban a su máxima velocidad y el local se iba vaciando con lentitud.

Eran las 7:00 y solo falta media hora para cerrar el establecimiento y aun hay gente, no tantas como hace un instante pero si se había disminuido en un 50%, ya no había tanto bullicio y se empezaba a escuchar un pequeño soplido de serenidad. Pasaron 20 minutos y ya había un 90% menos de gente, los últimos que quedaban apenas llegaban a comprar sus ultimas cosas para la cena, habían poco mas de 6 cajas funcionando con filas de no mas 6 personas. Edward había terminado de despachar a una señora que estaba comprando una caja de cigarrillos, por su aspecto daba la impresión que fumaba 2 diarios y la constante tos que precipitaba hacia un lado para no llenar de saliva a Edward era señal de que de la señora ya había excedido los límites; luego tuvo que atender a un señor que no agrado mucho a Edward pues estaba estresado y parecía tener mucho afán, Edward trato de atenderlo lo mas rápido que pudo pero su cansancio hacia que sus movimientos fuesen torpes y la saturación de sonidos de hace un rato lo ensordecía mucho y no lo hacia pensar, solo le termino de despachar una barra de pan con unos cuantos mentoles.

Edward estaba a punto de terminar y le toco que atender a una joven, Edward quedo atónito y plasmado en la cara de la chica, lo que vio con sus ojos estaba mas allá de su poder, era una chica bella de facciones perfectas, ojos grandes de ojos color miel remarcados con linea delineadora y unas hermosas gafas redondeadas que daba la impresión de que leía , tenia unos hermosos labios perfectamente esculpidos pintados con un labial rojo muy suave, su pelo era liso y castaño y estaba bien cuidado; era una mujer perfecta como si Dios la hubiese hecho con sus propias manos, Edward se quedo unos segundos mirando su bello rostro y esos segundos le parecieron eternos pues no quería dejar a la chica, la chica sonreía tímida ante la mirada de Edward y entonces:

-¡Hola!, ¿E... En que puedo servirte? - Dijo edward con tono muy tímido

-Hola. -Sonreia- Vengo a pagar unas facturas, según el recibo dice que en este establecimiento se pueden pagar.

-Oh, si claro, permiteme con gusto.-Le devolvió la sonrisa.

La chica extendió la mano entregándole las facturas con el monto de dinero a Edward quien con delicadeza las recibió haciendo un pequeño asentamiento, se puso a registrar los datos que veía en la factura. Mientras lo hacia, Edward pensaba en la chica, en lo bella en que era, se había enamorado a primera vista, era la chica que el soñaba con quien el anhelaba pasar el resto de sus días paseando por los parques mientras comían helado; era la clase de chica que nunca tendría que probablemente ya tendría novio y que solo le atrajese el físico y empezó a darse dosis de realidad.

El pensaba en que el físico era lo mas importantes, pues para el la frase "lo sentimientos lo es todo" no le convencía y es que a primera vista, la primera impresión es el físico, el físico impulsa a las personas a conocerse, todo cuenta con la primera impresión y los sentimientos eran dejados de un segundo plano porque aunque sea el vagabundo con mejores sentimientos en el mundo sabia que las personas siempre se fijan en el fisico. Eso lo entristecía, lo deprimía.
Y lo deprimía aun mas el hecho de que no podía declararsele, pues seria muy apresurado y seria muy raro para el coquetear con ella mientras esta trabajando sabiendo que tiene mas clientes por atender antes de cerrar.

-Listo, el sistema ya registro el pago, ya no tendrás que preocuparte si te llegaba cortar la luz jaja.

-Muchas gracias jajaja, que tengas una linda noche. -Se despidió y le dio una última sonrisa.

Ahora Edward tenía que afrontar las cosas, ya jamas la volvería a ver, ya nunca mas le volvería a admirar, tenía que vivir con esa culpa, saber que la chica de tus sueños paso frente a ti y ya no volverá es muy duro, ella hizo como los demás clientes, paso y se fue, y pensar en eso le deprimió, pero ya no podía hacer mas, el tiempo paso y no se podia retroceder, y lo unico que podia hacer era atender el próximo turno.

El Proximo TurnoWhere stories live. Discover now