Romantic times

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Alex caminaba de regreso a su casa, no quería llegar en realidad, la sola idea de estar en su casa hacia que le temblaran las piernas.

Llegó a la puerta y la abrió lentamente mientras entraba paso a paso.
-bienvenido
-hermana.

Soltó un suspiro de alivio al ver a su gentil hermana mayor esperándolo, la comida ya estaba lista y como siempre ella lo recibía con una sonrisa.
Ambos comieron a gusto, ella aun llevaba puesta su ropa del trabajo, era secretaria del jefe de una compañía constructora, trabajaba desde los 15 años para mantener la casa ya que su padre a pesar de trabajar se gastaba el dinero en alcohol y mujeres.
Ahora ella tenia 24 años y seguia esforzándose por darle una mejor vida a alex.

-oye, hermana ¿no te molesta que yo sea....?
-no, ya te lo he dicho, siempre te voy a querer, amor es amor sin importar el genero o la edad y yo te apoyo.

La puerta se abrió de una patada y un hombre ebrio entró de repente, era el padre de ambos, borracho como siempre, dispuesto a desquitarse con cualquiera de los dos.
-alex, ve a la habitación y cierra la puerta.
-pero..
-¡hazlo!

Alex corrió a su habitación y se encerró dentro mientras lloraba de rabia y coraje al oír los golpes de su padre y los gritos de su hermana tratando de defenderse y evitando a toda costa que aquel hombre llegara hasta alex.
Siempre había sido así, desde niños ella siempre lo había protegido de los golpes, su madre había muerto hacia muchos años a causa del maltrato pero como el machismo es cosa de tradición, nadie había hecho nada.
Ana se había desvivido trabajando para que alex tuviera todo lo que necesitaba.
El chico se arrinconó contra la puerta maldiciendose por no poder defender a la persona que siempre lo había cuidado, su querida hermana.

Cap 2

Alex salió del cuarto lentamente y se encontró con un montón de destrozos, su hermana yacía contra la pared con una cortada en la mano y varios golpes en el cuerpo.
Su teléfono comenzó a sonar alex contestó.
-¡¿hola?!
-¿alex, donde esta tu hermana?
-¿eres el jefe de mi hermana? ¡ayudanos por favor, mi padre la golpeó y ella esta inconsciente, hay mucha sangre en su mano...!
-alex, tranquilo, voy para allá y también enviaré una ambulancia, tranquilo.

Alex colgó el teléfono y se mantuvo a un lado de su hermana, en cuestión de minutos llegó el jefe de Ana junto con una ambulancia, ella fue trasladada a un hospital privado por ordenes de su jefe, Sebastian.

Fue metida al quirófano del cual salió un medico tras un par de horas de cirugía.
-¿como esta mi hermana?
-ella esta fuera de peligro.
-ah, gracias dios.
-alex debo ir a levantar un reporte con la policía, te dejare por unos minutos y volveré enseguida.
-gracias señor .
-ah, puedes llamarme Sebastian.

El hombre se fue junto con una agente de policía quien ya lo esperaba.
-¿era tu amigo?
-ah, no, bueno...es el jefe de mi hermana y...creo que a él le gusta ella.
-mm, tal vez será mejor hablar en privado.

El medico lo llevó a su consultorio privado y cerró la puerta, en cuanto lo hizo alex soltó su llanto cubriéndose el rostro con sus manos.
-desahogate, no es bueno contenerte.
-el doctor se quitó. La mascara dejando ver un rostro amable y digno de un modelo masculino, su corazón latía fuertemente aunque no supiera porqué, a diario veía situaciones similares pero esta e particular le partía el alma, el ver a un chico llorara desconsoladamente le rompía el corazón, quería que parara, quería....
-doc...
El sonido de la boca de alex y su llanto fueron interrumpidos por los labios del medico quien se apoderó de ellos.
Se sentía bien, demasiado bien, podría haberse dejado llevar por esa boca cálida y esa lengua hábil, pero recordó la situación en la que estaba.
-dejame, por favor.
-ah, lo siento....yo. Solo quería ayudarte, por favor Olvídalo, no quise incomodarte.
-no, no fue...incomodo pero, ahora yo....
-entiendo...Disculpadme, ah por cierto, mi nombre es Roberto blanco
-ah yo soy alex Hernandez
-¿ya estas tranquilo?
-si, gracias a su...a usted.

Ambos salieron de la oficina y fueron al cuarto donde habían trasladado a Ana, Sebastian ya estaba allí, mientras Roberto revisaba los signos de Ana, alex se quedaba en una esquina mientras tocaba sus labios con la yema de sus dedos y recordaba el beso de hace unos minutos.

La boca de aquel medico, tan suave, cálida y hábil, sus manos grandes sosteniéndolo y juntándolo cada vez mas, su voz grave, su cabello y ojos castaños y ese cuerpo grande y delgado.

Pero seria ingenuo de su parte hacerse ilusiones con alguien así, seguramente solo había sido lástima, nadie se fijaría en un chico débil y sumiso.
-bueno,e alegra, puede

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