Erase una vez, un hombre que esperaba a la Locura.
El hombre vivía en una pequeña casa alquilada, en las orillas de la ciudad. Trabajaba vendiendo perfumes que la gente compraba más por lástima que por convicción. Las diez horas de trabajo le alcanzaban para pagar el alquiler y pagar sus extrañas costumbres.
Todas las noches, cerraba la puerta con dos candados y una cadena y la luz del patio quedaba encendida por si ella llegaba mientras él dormía. Ni siquiera asi podía dormir pensando en que alguna vez llegara.
En las mañanas, preparaba mesa para dos. Dos mates con leche, bizcochos para dos, dos platitos con dulce de leche. Su desayuno consistía en untar dulce de leche en el bizcocho, morderlo, dar un sorbo al mate con leche y apresurarse a acercarse a la ventana a ver si la Locura llegaba. Era una emboscada. Si venía, la invitaría a pasar y luego se desharía de ella. Era un buen plan, exceptuando dos puntos: Ella nunca llegaba, él siempre salía tarde.
Salía corriendo hacia la parada, nunca atento a donde iba, sino a su entorno, por si encontraba la Locura por ahí. Le molestaba el arma que llevaba en el cinto, pero la veía necesaria. "Por seguridad propia" se decía cuando la sacaba del cajón y le ponía dos balas. Sus motivos causaban gracia: ponía una bala por si le querían robar y la otra por si fallaba en el primer tiro. Y es que los barrios que transitaba, como casi todos los de la ciudad, eran peligrosos, y debía uno de andar precavido. Entonces, subía al autobús y empezaba a buscar entre la multitud. Siempre tenía esperanzas. Siempre las tuvo, y eso es de admirar. Un niño llorando, una mamá renegando, una señora quejándose de todo, una pareja besándose... y todos los demás con sus celulares, viviendo vidas virtuales, riendo risas virtuales, amando amores virtuales, haciendo sus vidas virtuales. Ninguno de ellos era la Locura. Él Se compadecia de ellos. "Están locos" se decía. "Creen que viven algo real. Creen algo que no es real. Yo, en cambio, no soy así. No espero algo que no será, no estoy loco como ellos. Sé que alguna vez me encontraré con la Locura, y entonces libraré al mundo de ella"
Todos los días, bajaba en la terminal central y hacía una selección al azar del barrio en el que trabajaría. Pensaba en cuál de ellos podría tener suerte y seguía su instinto. En las ventas no fallaba; vendía bien por sus ropas con olor a humedad, su cara de perro mojado y la ternura suplicante de su voz. Le tiraban monedas por sus productos, que luego se volvían billetes y luego cubrían sus gastos. Pero su instinto nunca lo habían guiado a la Locura, hasta aquel día.
Esa noche también había dormido poco vigilando la entrada. Desayunó, dio la leche fría al gato, salió casi corriendo, subió al autobús, buscó entre la multitud. Niño llorando, madre renegando, señora histérica, pareja babosa. El arma cargada en su cadera. Baja en la terminal, elige un barrio al azar. Esta vez, sintió algo distinto, una inquietud le removía el estómago. Bajó del colectivo y cruzó la calle. El barrio donde estaba tenia pocas personas en la calle, pero más adentro habían muchas casas. Se dirigió hacia allí.
Caminó intranquilo, casi como de costumbre. Miraba a los costados, pero no la veía en ningún lugar. De repente, su mirada se volteó casi involuntariamente hacia el frente. Y ahí estaba ella. Luego de 17 años de buscarla, en su tercer década y luego de haber quedado prácticamente sólo por causa de ella, la encontró. Pero no era como la imaginaba. Se veía más aterradora en persona. De hecho, ni siquiera recordaba cómo se veía. La había visto por primera vez cuando iba a segundo de secundaria. Había soñado con ella. En su sueño, ella le sonreía. Lo abrazaba y lo tomaba en sus brazos. En sus sueños, él era de la Locura. Se enamoró de ella. Perdidamente enamorado. Sin saber si quiera qué le gustaba de ella, él la amaba. La empezó a buscar en los recreos, luego en la calle. Luego entendió que si la amaba, debía ofrecerle algo. Dejó los estudios e hizo una inversión en una empresa a cambio de los productos que vendía. Usó dinero de sus padres, lo echaron de su casa. Pero él siempre esperó a la Locura. Y al fin estaba allí. Sin embargo, no era lo que se esperaba.
Cuando ella se le quiso acercar, fue preso del pavor. De un momento a otro, sintió temor de aquella que había sido su sueño, aquella a quien amaba. No quería verse envuelto en la locura, ni que ésta lo tome en sus brazos. No quería estar loco como los demás. Retrocedió poco a poco gritándole que se aleje. Vecinos curiosos salieron a ver qué pasaba. Ella siguió acercándose y el retrocedía, gritando más fuerte. El arma le apretó la cadera y él la recordó. Se hizo de ella y disparó sin apuntar. La Locura era ágil, así que esquivó el disparo que fue a dar a una señora curiosa. Se oyeron gritos, la gente corrió a ver y él aprovechó para huir.
Corrió calle abajo, en dirección a su casa. Corrió, corrió, y corrió. Empujaba gente, cruzaba semáforos, atropellaba todo lo que encontraba a su paso, pero no se detenía. Sus piernas no daban más, ni siquiera se dio vuelta para ver si la Locura lo seguía. Llegó a la esquina de su casa y paró un poco. Se dio vuelta y allí estaba ella. Lo seguía de cerca. Corrió con las pocas fuerzas que le quedaban y entró a su casa. Se dirigió a su habitación y se paró frente a la pared. Estaba acorralado.
La sintió llegar, ella estaba ahí, detrás de él, donde siempre estuvo. La locura siempre estuvo ahi. Se dio media vuelta y la enfrentó de cara. Él goteaba sudor, ella sonreía complacida.
Su cuerpo había parado, pero ahora su mente corría. No podía dejar que lo tome, no podía entregarse a la locura. Antes muerto que loco. Antes muerto que loco...
Se le prendió la lamparita. Aún tenía el revolver en mano, y la última bala estaba dentro. Miró a la locura y le sonrió. "No ganarás, jamás seré tuyo". Ella corrió hacia él, él levantó el arma a su sien y disparó.
Pero fue tarde. La Locura ya lo había agarrado antes de morir. Mucho antes de morir. Pero este hombre que hace mucho había conocido la Locura, murió pensando que nunca la conoció.
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Cuentos Sin Final
Mystery / ThrillerAquí compartire algunos cuentos como de suspenso que he escrito y seguiré escribiendo. Cuentos que te dejarán pensando tanto como me hicieron pensar a mi, y que tienen un pie en la realidad y el otro en la ficción. Espero los disfruten y desde ya av...
