Mi hermano y yo siempre habíamos sido muy unidos, jugabamos bastante a los soldaditos, a la pelota y otros días nos quedabamos viendo la tele por horas y horas, todo era perfecto pero todo lo bueno tiene un final. Al cumplir 17 años mi hermano Ismael tuvo que ir a cumplir el servicio militar como era ley en este país, fué algo muy duro para todos, mi madre lloraba por la idea de estar lejos de su hijo durante un año y mi padre aunque contento de que Ismael emprendiera una nueva etapa en su vida por otra parte tambien estaba triste, yo no era la excepción, yo era quien lloraba a cántaros, le pedía a Ismael que no se apartara de mi lado, él solo me abrazó dijo que fuera fuerte que tan solo seria un año y que esperaba verme grande para cuando él regrese, y así sin más se despidió.
Los días eran más largos, la temporada de otoño estaba llegando y el frio se sentía cada vez con más fuerza en el hambiente.
Con el pasar de las semanas fuí aburriendome yo solo, mis padres no jugaban conmigo, y no tenía amigos. Extrañaba mucho a Ismael, sin su presencia en la casa parecía que todo se tornaba gris y sin vida.
Un día recibí una pequeña sorpresa, mis papás me habían comprado un juguete que encontraron de ocasión en el mercado de cosas usadas, era un muñecon Pepón, ya saben uno de esos muñecos grandes como un niño pequeño de dos o tres años, cuerpo de trapo y cabeza de plástico con sus cabellos de lana; al verlo por primera vez se me hizo raro a la vista, luego empecé a verlo más detenidamente y no terminaba de convencerme, tenía algo que lo hacía parecer maligno, me daba miedo y no lo quería. Mi padre me dió un regaño y me obligó a aceptarlo, pero yo no quería jugar con él así que lo puse junto a mis demás juguetes sentado y quietecito.
Un día entraba a mi cuarto a cambiarme de ropa despues de jugar con el perro en el patio, me tropecé con el muñeco que estaba tirado en el piso, se me hizo extraño que estuviese ahí, pero no le tomé mucha importancia, al lado del mismo muñeco estaba un caramelo, fué una sorpresa agradable.
Hubo algunos días similares, encontraba desde caramelos, chocolates a algunas monedas, llegué a pensar que aquel muñeco era algo así como de buena suerte y empecé a tomarle más importancia.
A los pocos días comencé a jugar con él, me parecía divertido, a veces imaginaba que era mi hermano.
Por Diciembre masomenos mis padres entraron a mi cuarto mientras yo jugaba con mi muñeco Pepón y otros cuantos juguetes, me dijeron que mi hermano iva a llegar para navidad, eso era estupendo, comencé a saltar y gritar de felicidad. Abracé a mis padres, los tres estabamos felices de que Ismael volviese a casa para pasar las fiestas con nosotros, todos en la casa menos uno...
Esa noche al irme a dormir guardé a Pepón en su sitio con los demás juguetes y luego fuí al baño a cepillarme los dientes por me olvidé hacerlo antes. De regreso a mi dormitorio vi a Pepón en la cama, al verlo me detuve en seco pero pensé que mi mamá la puso ahi para hacerme compañía, volvi a ponerlo con mis juguetes y me entré a la cama a dormir sin preocuparme de ello, un grave error.
Días posteriores se seguía repitiendo eso y yo ya comenzaba a asustarme, sobre todo cuando mi mamá me dijo que ella no movía a Pepón de su sitio y tampoco lo hacía mi papá. Una noche le pedí a mi papá que lo pusiera encima mi ropero porque ya me había dado miedo tenerlo tan cerca en las noches. A lo que yo pensé que era la madrugada me desperté por un sonido de que algo se había caido en mi cuarto, encendí la lámpara que estaba en la mesita de noche pero no vi nada cerca, por alguna razon vi hacia mi ropero y vi que mis peluches e incluido un robot que tenía al lado de Pepón se habían caido al piso, yo estaba cansado y tampoco podía ponerlos de nuevo en su lugar así que los ignore y apagué la luz. Volví a mirar a Pepón unos segundos, se notaba bien una vez que mis ojos se acostumbraron a la oscuridad y la luz de la luna lo alumbraba. Quedé atónito cuando ví que sus ojos se movieron, grité, grité con todas mis fuerzas llamanndo a mi papá, estaba muy asustado y me metí en la cama sin ver nada, seguía gritando hasta que mi papá al fín encendió la luz de mi cuarto y me hizo calmar, le dije que se llevara a ese muñeco, él solo quería que volvieramos a dormir, asi que se lo llevó al cuarto de mi hermano y me dijo que podía dormir con ellos por esa noche. Eso me tranquilizaba un poco y pude dormir un poco hasta que... Escuché un ruido que venía de fuera de la habitaciób, eso me hizo despertar y cuando vi que la puerta se habría mi corazón palpitaba muy fuerte, el miedo me llenaba el cuerpo y solo pude cubrirme con las sabanas y solo dejando espacio suficiente para ver, pero nada pasaba, todo se detenía, ya no podía con este suspenso, me mataba la idea de que había un muñeco diabolico ahí afuera y que quisiera asesinarme, mi mamá se despertó y me dijo que volviera a dormir, le habló tambien a mi padre pero este no respondía, supuse que estaba dormido asi que mi madre fue a cerrar la puerta y pudimos dormir.
A la mañana siguiente desperte con mucho frio, levanté medio cuerpo de la cama, miré a la derecha y en la puerta estaba mi hermano, pero lo vi pálido y quieto, parecía petrificado, entonces lo ví yo tambien, al lado mio estaban mis padres....muertos, desangrados, les cortaron las gargantas y desfiguraron las cara con algún objeto cortapunzante, tenian la boca cortada y cocida en un extremo, parecían estar sonriendo. Vi que atras mio en la pared estaba escrito con sangre "quédate con tu maldito hermano".
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Nightmares "Bajo La Luna roja"
HorrorTodos hemos tenido una pesadilla, y siempre hubo una que nos marcó la vida, el miedo a lo desconocido está en cada uno de nosotros, incluso el más valiente puede temerle a aquello que mora bajo su cama, y soñar eleva la imaginación y porqué no, tamb...
