Asteriscos #1

8 0 0
                                        

El calor estival fue reemplazado por la adelantada llegada del otoño hace ya algunas semanas. Siempre olvido lo hermosa que es esta estación, y solo su repentina reaparición consigue recordármelo. La calle está fría y seca, cubierta por una capa albina que amenaza con regarnos con la belleza de la lluvia.

Todavía tengo pequeños destellos fugaces que brillan la imagen de sus ojos. Son efímeras luces que me encandilan con su mirada. Estoy hablando de la foto con la que permanentemente mi cabeza se tortura, la de ella mirándome, exigiendo que me quede, que diga algo más.

Algo que no dije.

Algo que no hice.

De pronto, llueve. En medio de la charla, del rechazo. Y parece que es joda. Pareciera que el Universo moldeara la situación añadiendo ingredientes románticos.

O quizás es solo lluvia; el ciclo del agua que por motivos meteorológicos me acompaña en mi trayecto a casa solamente para impregnar con un tinte tétrico mi visión del día.

Pero no importa por qué llueve, porque ni las anaranjadas hojas desparramadas por la ensuciada vereda ni los árboles desnudos mezclados con la lluvia álgida opacarán el hecho de que sea cobarde para amar.

Me gusta la sencillez de la lógica pero odio la naturaleza de las ciencias duras. El amor es una curiosa combinación; es ilógico, y durísimo. Tal vez sean esa intrínseca cualidad de quimérico la que me asusta.

Y cuando me asusto escapo. Y esa tarde, esa tarde mi escapatoria era el 84.

Indignada. Creo que ahora entiendo su mirada; era de indignación. Indignación por nuevamente haber escapado. Indignación por huir, por no decir nada, por no hacer nada.

Así que espero que en este papel, como en cualquier hoja, pueda hacer un asterisco y agregar lo que tengo que agregar, como si fuera posible y así de fácil.

Y lo que añadiría sería lo siguiente: que ese segundo efímero en el que contemplé fugazmente la indignación de sus ojos desde el escalón del bondi, se extienda. Que no me importe que el chofer o que todo el colectivo me mire con cara de orto, como diciendo "Dale, boludo, ¿subís o no subís?". Que después de haberle hecho el amague al conductor de que iba a subir, mis manos se suelten de las manijas, y mis pies toquen el asfalto. Que cuando decididamente camine hacia ella, las puertas se cierren y el bondi se vaya, haciendo esos resoplidos que a veces hacen los colectivos, como ofendidos. Y que después me acerque a ella, y sin dejar de clavar mis ojos en los suyos, le diga:

-Creo que mínimamente nos merecemos un beso bajo la lluvia.

Asteriscos Des histoires addictives. Découvrez maintenant