Lowder

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Los gritos se escuchaban desgarradores desde aquel baño de secundaria, pero nadie entraba, nadie se atrevía a interrumpirlo cuando hacía estas cosas. La joven que gritaba, cada vez pedía mas ayuda, hasta que los gritos cesaron y le dieron paso a un llanto callado, ausente y sin consuelo. Pero nadie oía a Lowder, nunca nadie oía a Lowder. Cuando el tumulto de gente que estaba viendo expectante a la puerta, vio salir al joven de pelo negro y ojos claros, prendiéndose la bragueta del pantalón con una sonrisa casi diabólica, sabían que allí dentro, alguien sufría por sus diversiones. Entre el montón de gente se abrió paso el director, un hombre gordo y sin gracia, al que nadie respetaba y en su misma cara le llamaban "Sapo" y en cuanto estuvo en frente de Lowder, este subió la mirada para cruzarse con la del gordo. Sus ojos color escarlata gracias a los lentes de contacto chocaron con la mirada fría de aquel gordo y en medio del silencio, el joven se dispuso a hablar. 

  — Ese baño no lo usa nadie y quien lo usa, se las ve conmigo, el que no le avisó a la nueva, pues que se sienta mal. Quien la vaya a buscar, corre con la misma suerte, y sí, ya voy a la dirección.—  Alzó la mano frente a el director y se puso en camino, empujando a algunas personas que no le permitían el paso. Lowder tenía 16 años, era un chico brillante, destacado y con una pésima reputación. Pero no podían echarlo, puesto que era el único que dejaba bien parada a la secundaria en cualquier torneo. 

El director lo siguió con la vista y pasando sobre sus palabras, entró al baño, hallando a una niña de la que luego se enteraron, tenía 15, tirada en el suelo con los ojos abiertos y abrazando sus piernas, estaba en total estado de shock, y su cabello lacio y largo, alborotado ahora, solo decía sentirse sucia y cuanto mas se acercaba el director, su respiración colapsaba más... y más... hasta quedar inconsciente. ¿Por que nadie denunciaba a Lowder? por miedo, miedo a su familia y a todo lo que lo rodea. Miedo a él y sus planos de como volar el instituto. Las veces que entró a un calabozo, no duró en el ni 15 minutos cuando su madre pagaba sus fianzas. Era invencible. Pero había llegado al límite. 


En cuanto llamaron a la señorita Paxton, madre de Lowder, esta no lo podía creer, cuanto mas le contaban los sucesos del día, su cara iba siendo cada vez mas digna de una película de horror. Veía al director con un gesto de preocupación semejante a la dimensión del asunto, y miraba a su hijo, desparramado en la silla con la vista sonriente al móvil, que tan solo estaba en el menú. Lowder oía todo y le daba orgullo, ningún indicio de vergüenza, como mínimo. 
Luego de una charla con el psicólogo de el instituto, el consejero del aula y el director, junto con su madre; Decidieron internarlo. 

Al salir los cuatro, vieron a Lowder a quien habían echado de la dirección para hablar mejor y llegar a esta decisión, este estaba recostado en una pared hablando con un niño, un niño frágil y manipulable que solo asentía ante lo que nadie sabía que le decía, pero en realidad, Lowder ya sabía lo que sucedería, sabía que se desharían de el, y para ello, dejaría una parte de él en ese lugar. Le había dicho al inocente niño, que defienda ese baño como nadie, ahora era suyo, su lugar y de nadie mas. Quien lo use, debía pagar, y si no tenía dinero, algo necesitaría perder. No importaba si eso costaba la virginidad de quien sea. Ese baño era su altar, y no quedaría solo. No mientras el esté con vida. 

El baño no era mas que un mugroso gabinete higiénico, quien entraba, no se encontraría con nada fuera de lo normal, no tenía nada extraordinario pero en cada una de esas paredes, habían nombres escritos por su puño y un vidrio, nombres de personas que no conocía, pero con los que se obsesionaba por conocer. En ese baño estaba guardado todo su odio hacia algunas cosas y amor hacia muchas otras. 

Al llegar a casa, sabía que su madre lo sentaría para hablar, para hacerle caer en su realidad. Entre lágrimas de angustia se preguntaba qué había hecho mal, en que le había fallado para que el le pagara de esta forma, estaba histérica y lo único que hacía era ver su rostro, el rostro de su hijo, con una mirada enferma en cinismo, que fruncía el ceño compasivo y asentía como si le diera la razón a un loco. — Me fallarás si me internas Helena Paxton.— Tomó la mano de su madre y acarició sus nudillos con suavidad antes de ponerse de pié, él tenía claro que no funcionarían sus trucos. Se iría y no se privaría de enloquecer aún mas a cada loco que se cruzara. 
  — El coche viene en cuatro horas.—  Murmuró su madre quebrada en llanto antes de que saliera de la cocina, pero recibió tan solo una risa áspera de parte de su único hijo, estaba mas preparado que nadie, se sentía eufórico, incluso excitado.  

SociopatasTempat cerita menjadi hidup. Temukan sekarang