Llevaba ella ya semanas huyendo de las sombras y pesadillas de su pasado que en un momento de su vida se habían vuelto reales, iba del campo a la ciudad, y de la ciudad al campo, pero nunca consiguió esconderse, siempre volvían a encontrarla.
Un viernes noche, mientras llovía y solo por la ventana de la pequeña y acogedora casa que había alquilado se veía a la gente cubiertos por paraguas, que por una horrible casualidad de la vida eran todos negros como esas cosas que la perseguían.
Se sentó en el suelo con la cabeza apoyada en la pared y agarrándose las rodillas, recordando que una vez llego a ser una niña normal, sin pesadillas. Se perdió en los recuerdos que por un lado la hacían feliz pero por otro la entristecían pues nunca podría volver a vivirlos, su madre murió y a su padre no quería volver a verlo porque por él las sombras la perseguían, aún así en su corazón quedaba la esperanza de volver a hacer recuerdos felices y buenos, la única luz que iluminaba el negro camino que es su vida.
A las diez de la noche unos ruidos suenan, despertándola de un sueño, su primer instinto es intentar localizar su mochila para huir, pero una vocecilla sensata de su cabeza le recuerda que las sombras no llaman a la puerta evidentemente porque lo que quieren es acabar con ella, así que decide abrir.
Al abrir se encuentra con dos personas, un chico y una chica, de su edad quizás con la ropa mojada y rota, los ojos de los dos son azabache y su pelo negro esta empapado goteando.
-Perdone, ¿podríamos pasar aquí la noche?- ella asintió distraída, le daba igual, a la mañana siguiente se iría, lo más seguro a la ciudad pues el silencio del pueblo la dejaba sola con sus pesadillas.
-Mañana si os despertáis lo más seguro es que no este, coger lo que queráis, ah las habitaciones están por allí- les explicó señalando hacia el pasillo- Yo me quedaré despierta.
Dicho esto los dos jóvenes fueron a las habitaciones, en un momento pensaron en darle las gracias y presentarse pero la vieron tan perdida en su cabeza que prefirieron no molestarla.
Las horas pasaron y al alba decidió marcharse, una parte de ella sentía pena por sus "invitados", por las ropas había supuesto que nadie se ocupaba de ellos y alomejor solo se tenían el uno a otro, por lo menos tenían más que ella.
Después de largas horas llego a una jungla de cemento, Madrid, no era su primera vez allí pero siempre acababa volviendo a esa ciudad que la atrapaba y absorbía dejándola más libre que nunca. Mientras caminaba por la calle se fijaba en cada detalle, en cada persona, no sabiendo nunca si por miedo o porque en otras personas veía la vida que ella quería tener, no le importaba trabajar, mancharse las manos, solo quería ser libre, solo quería dejar de correr, de huir.
Una vez instalada en un hotel que había encontrado pudo pararse a pensar "¿De verdad quiero seguir corriendo para siempre? No podré tener una familia, nunca podré vivir una vida normal solo por mi miedo, quiero decir, ¿de verdad existen esas cosas?"
Ensimismada en sus pensamientos se quedó dormida y sus pesadillas y sombras se introdujeron en sus sueños, veía imágenes de su madre pero habían sido corrompidas, su pelo rubio se oscureció hasta volverse negro y sus ojos y su boca eran como pozos negros sin fondo y sus uñas eran como cuchillas, no era la mujer de rostro amable y piadoso que recordaba. En un momento la imagen cambió y se vio a ella misma, pero más joven, quizás a sus cinco años, su pelo rubio estaba sucio y se pegaba a su piel por el sudor y las lágrimas y debajo de sus ojos castaños había muchos signos de cansancio, estaba encadenada a la pared con unas cadenas que estaban oxidadas y solo había oscuridad a su alrededor.
Se despertó sudando y sobresaltada y decidió que era hora de liberarse, de dejar de ser esclava de sus cadenas de sombras y salió del hotel. Pasó por el ayuntamiento y vio una huelga, típica de esa época, en contra del sistema canovista que por aquel entonces estaba instaurado en España, pasó de largo, ya no le importaban los pequeños detalles, y agarrando la falda de su vestido empezó a correr hasta que no pudo más.
Llegó a un puente junto a un río justo cuando amanecía y se quedó quieta, sabía perfectamente que estaban detrás, pero ella solo quería ser libre, cerró sus ojos y vio su madre, esta vez si era la que una vez conoció, y se dejo llevar hacia ella, no estaba asustada, se sentía libre por fin.
Así que cuando mas encerrada estaba, cuando más miedo hubiera pasado en años anteriores, se sintió mas libre y feliz que nunca.
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Sus sombras
Historia CortaElla solo sabe huir. Ella no quiere ser atrapada. Ella no quiere volver atrás. Ella no quiere más pesadillas. Ella quiere empezar a vivir. Ella solo quiere ser libre.
