Introducción

32 3 0
                                        

Los sonidos de las sirenas de los coches patrulla sonaban a lo lejos, cada vez acercándose más, rápidamente. La calle del callejón se encontraba cortada por el homicidio reciente que se había dado en la ciudad de Los Ángeles. Saltó ágilmente la alarma de seguridad en la ciudad, avisando por las noticias y periódicos que los ciudadanos mantuvieran la calma, pero que no se descuidaran ni un solo segundo del peligro que continuaba acechando por las calles de la gran ciudad. No era el primer caso que se daba en Los Ángeles, se habían registrado nueve casos y se decía que el homicida era el mismo hombre. Los policías investigaban si éste había dejado indicios o señales que pudieran conducirles hasta él. Según una de las científicas forenses, el homicida era un hombre a sueldo, porque en el caso de haber sido un asesino en masa, se hubiera suicidado en un lapso de tiempo.

Sin embargo, era una intuición. Su rostro estaba descompuesto, como si le hubiesen golpeado después de haberle asesinado. Éste se encontraba en el suelo, bajo un gran charco ya seco de sangre. Varios criminalistas recorrían la escena del crimen, recogiendo pruebas irrefutables y buscando piezas perdidas que les harían resolver el misterio. El criminal parecía tenerle odio y antipatía al hombre asesinado, o esas eran las señales que los investigadores forenses habían observado en el caso. El homicida debía de ser un astro para hacer semejante cosa.

— ¿Se sabe quién es él? — le preguntó una mujer a su compañera, la cual se encontraba de cuclillas observando detalladamente el cadáver.

— Según su DNI que se hallaba en su bolsillo trasero, se trata de Michael Collins. Cuarenta y ocho años, metro setenta. Nadie le conocía en la ciudad, y en su teléfono móvil no se registran conversaciones que le lleven hacia aquí. Tampoco hay rastros de quedada. Por lo que se ve, Michael caminaba por el callejón, pero aún no sabemos el porqué. Tampoco sabemos si iba ebrio o no, le llevaremos al laboratorio y le haremos pruebas para averiguar todo lo que podamos.

— ¿Se sabe algo del criminal? — se metió en la conversación otro de los siete criminalistas, cruzándose de brazos.

— No. Nadie ha visto nada cuando ambos se encontraban aquí, y es un callejón donde tiene justamente la entrada de un pub privado. Interrogaremos a varias personas de allí para ver si alguien vio o escuchó algo. Pero no tenemos nada de momento. — volvió la mirada al cadáver. — Aunque sí estoy segura de que muestra desapego hacia las personas, impulsividad, inadaptabilidad, incorregibilidad, inadaptabilidad a la vida...

— Exactamente. Y algo que me sorprende, es que poco a poco lo hace cada vez más, sin embargo, sin ningún miedo. Lo ha hecho en una zona muy pública, y no ha tenido miedo a ser descubierto. ¿Nos estará dando alguna señal? — argumentó un forense fornido y con una grave y masculina voz, vestido con un uniforme negro, igual al de sus demás compañeros.

Michael tenía una gran cantidad de rasguños en su rostro hechas con la parte metálica de un arma blanca verdaderamente afilada. Sus mejillas se encontraban con la piel cortada, sobresalía y la sangre a pesar de haber cesado, continuaba en su cara, sobre las heridas abiertas.

— Sus ojos están hundidos hacia adentro. Le golpeó con algo muy fuerte. ¿Qué clase de maníaco haría algo así?

El misterio continuaba y todos los criminalistas se miraban entre ellos, pensando quién podría llegar a hacer algo así, de una manera tan cruel y con tan poca humildad. Habían buscado huellas dactilares pero no había restos de nada. El homicida era listo, no se descuidaba ni un solo segundo, sabía lo que hacía. Pero, ¿quién? Y lo más importante, ¿por qué?

La agente que continuaba de cuclillas les miró a todos y a cada uno de ellos. Y finalmente, supo su respuesta, volviendo su mirada al pobre hombre tumbado sobre el suelo. — Un maníaco con un pasado oscuro, con la suficiente valentía de encontrar el roce sin el cariño. Se está dirigiendo hacia las personas vulnerables, no tiene miedo y no se ve con planes de detenerse. Estamos frente a un hombre sin corazón, chicos. Me temo que esto va a ser un largo y duro caso que podrá poner en peligro nuestras vidas.

Has llegado al final de las partes publicadas.

⏰ Última actualización: Jul 20, 2016 ⏰

¡Añade esta historia a tu biblioteca para recibir notificaciones sobre nuevas partes!

TitanioHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora