El sentimiento de no poder decir lo que sientes, más que nada cuando es tu mejor amigo.
—Él es Kozume Kenma, el corazón y cerebro de este equipo.- Pronunció el azabache a nuevos integrantes del equipo. Él... es de quien Kenma se encuentra actualmente enamorado.
A pesar de haber conocido a Kuroo cuando eran a penas unos infantes, en aquel entonces el actualmente teñido no poseía ningún tipo de sentimiento por él más que el de un simple amigo y vecino. Claro que, a medida que los años siguieron su curso, este sentimiento comenzó a tomar forma, se convirtió en algo más. El azabache era el único que se preocupaba realmente por Kenma a parte de su madre; Kuroo era el único que sabía que es lo que Kozume no se atrevía a decir en voz alta, siempre se encontraba inmerso en los videojuegos por miedo... Si, ¿por qué no? le aterraba que, al levantar su vista de la pantalla de aquella consola, Kuroo notara sus sentimientos, tales sentimientos que no deberían existir hacia su mejor amigo. El rubio terminó guardándose todo, alegría, tristeza, miedo... amor.
Kuroo fue alguien que lo protegió y defendió, lo llevó a conocer aquel deporte que ahora de alguna forma u otra apreciaba tanto, pues, mentiría si dijera que no había conocido a nadie interesante mientras se convertía en un estupendo armador. Continuamente se preguntaba a sí mismo ¿qué habría pasado si jamás hubiese conocido al azabache?
Eran en las vacaciones de verano cuando nuestro protagonista atinó a realizar su hobbie preferido, encerrarse en su habitación para jugar videojuegos; los padres de kenma saldrían de viaje justamente ese día, por lo que el teñido tenía la responsabilidad de cuidar la casa en su ausencia, o así lo veían sus padres, el rubio tenía otra visión de tal situación, la cual era la oportunidad de quedarse un tiempo a solas en casa sin grandes responsabilidades por hacer.
Por supuesto no era solo eso; Kenma usualmente se tomaba su propio tiempo para profundizar sobre la vida, y bueno, ¿quién no hacía eso de vez en cuando? Era un adolescente pensando en cuál era el propósito de la vida humana, estaba seguro que no era el único que filosofaba sobre ese asunto. Pero, realmente nunca le hallaba el sentido ¿cuál era el punto? ¿nacer, estudiar, trabajar y morir? ¿era exactamente por eso que la gente se esfuerza y se aferra a la vida? El único final que encontraba era que todos terminaban trabajando como condenados para pagar deudas y pagar lo que sea necesario para sobrevivir hasta que simplemente llega el fín.
Bueno, tales pensamientos se encontraban en la cabeza de Kenma hasta que sintió la ventana de su habitación abrirse, él se encontraba en un segundo piso, lo cual era imposible, a no ser que ya fueran a robarle y el que abrió la ventana era un ladrón que planeaba secuestrarlo y vender sus órganos en el mercado negro, o... también cabía la posibilidad de que un astuto gato callejero saltara desde su habitación a la propia. Si, bueno, tampoco era la primera vez, su ventaja es que era su vecino.
Sin moverme de su posición, la cual era estar sentado sobre el suelo cruzado de piernas frente al televisor aquel de ojos gatunos se mantuvo observando a su actual invitado fijamente, no soltó ni siquiera un suspiro hasta que este se sentó a un lado suyo; en su mirada se podía notar lo molesto que se encontraba, Kozume no hallaba motivos. Oh, claro, seguramente porque no contactó con aquel desde que las clases finalizaron y las vacaciones dieron inicio, lo sería más o menos una semana. De todas maneras, Tetsuro no fue a visitarlo a su casa ni menos lo llamó, no tenía excusa para estar molesto dado a que estaban iguales...
Ahora que lo pensaba, hace unos días el teñido cambó su numero de celular, probablemente explique una parte, a pesar de esto, desde que comenzaron los días libres, no había salido de su casa ni siquiera para ir a comprar, aún así, pudo haberlo visitado ¿no? Mientras más se hallaba inmerso en sus pensamientos, más comenzaba a sentirse culpable, desvió su vista de Kuroo el cual seguía sin decir palabra, o eso era hasta exactamente ese instante.
