Nací un 12 de julio, en la casa de mis primeros dueños. Me llamaron Balto, como el perro que salvó a muchas personas, esa es otra historia.
Mi mamá era una perrita de raza, más bien, una hermosa canichita. A mi papá no lo conocí.
Mis dueños se llamaban Elsa y Marcos, dos personas que pensaron que vender a perros los haría más ricos.
Tuve dos lindos hermanitos, una hembra blanca y un machito canela.
Vivia mis primeros cuatros meses como un humano de vacaciones. No hacía nada, mi vida era, practicamente una nube. Y tal vez por eso mis dueños me habrán vendido.
Una vez entraron a robar en la lujosa casa de Elsa y Marcos, y yo era chiquito, no pude hacer nada, pero... ¿que podia hacer? ¿Ladrarle al ladrón? A penas me salia un hilo de voz.
¿Moderlo? Recién me estaban saliendo los dientes.
Se llevaron a mi mamá ese día.
Tres meses después, Marcos y Elsa se enteraron que iban a ser padres, y lo peor de todo era que Elsa había perdido el trabajo que tanto dinero traía a casa y Marcos estaba en la lista de posibles despidos de su jefe.
Ya no podían alimentar a tres perritos mal acostumbrados y traviesos como mis hermanos y yo.
¿Cuál fue su solución?
Venderme a mi, y dejar a mi hermano y mi hermana para que se reproduzcan y tengan más caniches, para volverlos a vender.
Un sentimiento de tristeza y decepción me invandio cuando me entregaron a los brazos de otro hombre...
Todo lo que quería, se cambiaba por dinero, por mi cuerpo. Me quitaban a mis hermanitos, mis juguetes, el cariño de mis dueños antes de tener problemas y descargarselas conmigo, mi plato de comida, mi lugar en la cama de Elsa y Marcos, la felicidad. Todo eso, a cambio de dinero.
Ojalá dejaran de hacerlo por el dinero y empezaran a hacerlo por amor, porque no pueden cuidar a tantos perritos, o porque no tienen tiempo para darles cariño a un perrito que lo necesita.
Todo es por dinero. Porque somos seres vivos y a la vez objetos de venta, y al parecer, sin sentimientos.
¡Que estúpidos los humanos al no pensar como nos sentimos cuando una mano entrega billetes y en la otra estamos nosotros!
Me largué a llorar cuando vi a mis hermanos en la puerta con la cara pintada en tristeza mientras yo me alejaba en los brazos de aquel señor con barba gris a quién sabe dónde, con quién sabe qué.
Que sentimiento tan horrible ser separado de tu pequeña familia, yendo a ser "cuidado" por otra.
Tomen nota de esto, humanos: Nunca abandonen a un perro que a pesar de todo tiene esperanzas de que alguna vez tendrán tiempo para jugar con ellos. Por lo menos 5 minutitos.
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·Balto·
Short StoryEsta historia trata sobre los pensamientos un perrito que cuando sus dueños lo venden, sufre maltrato animal. ¿Cuánto vale la felicidad de un perro en nuestra sociedad? Unos pocos billetes grandes, que no significan nada. #NoAlMaltratoAnimal. Los a...
