Pagué al tipo que acababa de llenar mi tanque de gasolina, subí mi ventanilla, encendí el motor del auto y en menos de un minuto me encontraba de vuelta en la carretera por donde ya habíamos conducido por al rededor de 4 horas, y aún nos quedaban otras 3 de un camino que parecía interminable.
Ya era suficientemente tarde como para que no pasaran carros por el camino.
Si estuviera fuera del carro, a un lado de la carrera, podría oír el canto de los grillos entre la hierva. De vez en cuando también se escuchaba el sonido de dieciséis llantas pertenecientes a algún tráiler que pasaba pesadamente sobre el pavimento y hacia sonar sus cajas, a veces, ya vacías.
Yo tenía energía para conducir sin peligro gracias a que, al principio, saliendo de la gran casa familiar que tenemos junto a la playa, yo no iba conduciendo, quien lo hacía era mi primo Martín, un chico atractivo y muy bueno con las mujeres. A medio camino me había despertado de mi reconfortante sueño para su relevo al volante. De la misma forma que habían hecho en el otro carro, donde iban un par de amigos. Ellos conducían un Aveo, recién comprado por Luis y su novia Clarisa, él era uno de mis mejores amigos desde la preparatoria.
Yo manejaba mi Camaro del 68, lo había conseguido a buen precio y después de unas reparaciones menores estaba listo para llevarme a donde quisiera.
Conmigo venía Mari, mi novia desde que teníamos 18 años, en dos meses cumpliriamos nuestro cuarto aniversario de novios. En los asientos de atrás venía mi primo y su nueva novia, tenían apenas 2 meses y ya pensaban en casarse o algo parecido.
La carretera estaba mojada a causa de la leve brizna que estaba cayendo, y a mí no me gusta manejar en estas condiciones. Ya había tenido una mala experiencia cuando un día, después de que terminara una reunión familiar, conducía de regreso a casa en medio de la avenida, mojada por la lluvia, al llegar a una glorieta y dar vuelta las llantas habían derrapado haciendo girar el carro, quedando en sentido contrario. Un automóvil estuvo a punto de estrellarse con el nuestro, cruzado a medio camino, aunque por suerte me esquivó, dejándome sólo con un buen susto.
Recordaba esto mientras conducía por la obscura y humeda carretera.
A mi lado, Mari estaba dormitando, atrás mi primo hablaba con su pareja, yo no prestaba atención.
En el estéreo sonaba agradablemente, con el volumen bajo, when the levee breaks del magnífico grupo Led Zeppelin.
Al principio habíamos salido de la casa con mucha energía, acelerados. En cierto momento Martín me preguntó si él podía correr un poco el Camaro. Sé como conduce, así que acepté. El Aveo nos seguía de cerca. En algún momento se convirtió en una carrera, que por cierto ganamos.
- ¿Falta mucho? - me preguntó Mari, interrumpiendo mis pensamientos. Inclinandose hacia delante para recoger una botella de agua del tapete del carro.
- Deben de quedarnos otras tres horas de camino por delante - respondí, soltando un suspiro - intenta dormir.
- ¿Te sientes bien para conducir? ¿Estas muy cansado? - me preguntó después de tomar un poco de agua y devolver la botella a su sitio en el suelo.
-Tranquila, estoy perfectamente-. Hice un gesto con la mano para que me diera la botella de la que había tomado. La recogió, le quitó la tapa y me la dió. Yo le di un buen trago al agua y se la regresé.
- Menos mal, por un instante creí que ibas a pedirme que manejara yo - intervino Martín desde el asiento de atrás, inclinandose hacia delante, colocando la cabeza entre Mari y yo.
- Estoy bien, ya les dije. No he estado tanto tiempo al volante. He conducido mucho más que esto.
Nadie insistió más.
Por el espejo retrovisor vi a Luis,venía tranquilamente unos 10 metros atrás, pero por un momento me pareció ver otra cosa, otro carro justo detrás del de mi amigo. Aparté la vista un segundo del espejo para verificar que fuera por buen camino y regresé mi mirada al retrovisor esperando ver un carro a nuestra altura o detrás de nosotros. No pude ver nada. A excepción de nuestros autos, la carretera estaba vacía.
- ... curioso - dije en voz baja, en un susurro, sin darme cuenta.
Al parecer Mari me oyó porque se giró hacia mí y me preguntó:
- ¿Qué es curioso?
- Nada, nada. Estoy hablando solo. Deberías intentar dormir, es tarde y necesitas descansar, necesitamos descansar - corregí -. Después de este fin de semana sólo quiero llegar a mi cama para dormir... contigo - agregué con voz queda y le guiñe un ojo.
- Me parece bien, aunque creo que no podrás dormir - me regresó el guiño, Estaba a punto de contestarle cuando por el rabillo del ojo me pareció ver un carro pasar a toda velocidad por mi lado izquierdo. Volví mi cabeza rápidamente. No escuche absolutamente nada proveniente del exterior que no fuera mi propio motor o el del Aveo de Luis, y una vez más, no había ningún otro conductor por ahí. Comencé a plantearme en ceder el volante, pero no pensaba en serio hacer eso, no podía dejar que Martín conduciera de nuevo sólo porque yo creía haber visto un carro inexistente. Mari se veía dispuesta a preguntar algo pero mi primo lo hizo primero, dejándola sólo con las intensiones: - ¿Qué pasa? ¿ Has visto algo fuera?
- Me pareció ver un carro acercandose muy rápido - dije, sin pensarlo demasiado. - No es nada. Con tanta carretera creo que ya estoy alucinando autos. Mi novia parecía dispuesta a hablar pero, nuevamente, fue interrumpida, esta vez por mí: - Fue un buen fin de semana ¿no creen? - no esperé respuesta, quería cambiar de tema para que no hicieran preguntas - La casa que tenemos sin duda es una excelente opción para ir en vacaciones. Y también tenemos suerte de que mi padre haya acabado las reparaciones a tiempo - les hice el primer comentario que se me ocurrió. Pensé en aquello porque yo le había ayudado a mi padre con dichas reparaciones. Iba a colaborar cada sábado desde dos meses antes del viaje y ahora la casa está en muy buenas condiciones. - Yo le ayudé, por cierto - comenté con cierto orgullo.
- Pues sí que les quedó linda - al fin pudo hablar Mari.
- Sí, pero la verdad es que ese tipo de casas, más parecidas a manciones, me dan un poco de miedo - aclaró la novia de mi primo, Jocy.
- Ya no vamos a ver tantas peliculas de terror - le advirtió Martín - creo que no te hacen bien-. Ellos siguierón hablando en la parte de atrás.
Adelante comía Sabritas (que compramos en la gasolinera) junto con mi novia.
- Oye, hay que repetir esto otra vez. Me divertí muchísimo - dijo ella.
- Por supuesto, también me encanta comer papas, me entretiene un montón - comenté con tono sarcástico, mientras me llevaba una papa partida por la mitad a la boca y soltaba una carcajada.
Me miró con fingida cara de fastidio y me dio un golpecito en el brazo. También rió.
Habían pasado poco más de cincuenta minutos desde que salimos de la gasolinera.
Atrás venían dormidos mis enamorados pasajeros y conmigo estaba Mari, todavía despierta, escuchando stairway to heaven. Conducia por la carretera iluminada por mis faros y por la hermosa luna llena que se podía ver perfectamente gracias al cielo despejado y que bañaba los pastizales a un lado del camino con una fría luz azul.
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De Vuelta A Casa
Short StoryEsto es algo que viví mientras conducía por la carretera. No sé qué es lo que pasó, pero no lo olvidaré.
