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Creo que cuando uno tiene serios problemas con la droga siempre busca la manera de excusarse para que no lo molesten, mi grandiosa excusa bien sería la muerte de mi madre y como mi vida se convirtió en un infierno gracias a su partida por ser una drogadicta. Pero no, ella no ha sido la que me ha empujado a enamorarme de la sensación de cómo fluye la droga por mis venas.

Ella no es la responsable de mi caída sin regreso en esto, he sido yo, solamente yo y mi maldito problema de usar esto como escapatoria a la tortura que se ha vuelto vivir.

Eso me lo recuerdo cada día al despertar, como diciéndome “¿Qué rayos has hecho de tu vida?”

Apago la alarma de mi celular y me levanto de la cama, veo que dormí de nuevo con la ropa del día anterior en vez de la pijama, él pantalón negro no se ve sucio así que lo volveré a usar, al caminar hacia él armario veo que en el piso hay varias prendas de ropa que tengo que lavar, tomó la camisa gris del uniforme y ropa interior, voy hacia el baño y comienzo a desvestirme, me introduzco en la ducha y siento el agua fría  golpear mi piel, me quedo unos minutos ahí. Al salir me seco y me coloco la ropa, desenredo mi cabello y me voy hacia la cocina a prepararme un café. En lo que se calienta la cafetera meto unas cosas a la mochila y acomodo el desorden de la sala que he hecho ayer. Bebó el café, me lavo los dientes y me retiro de mi casa dispuesta a llegar al trabajo.

Al llegar a la pizzería voy directamente a la oficina de mi jefe.

Larry, es un señor realmente agradable, ha aguantado todas las metidas de pata que he hecho al iniciar el empleo hace un año, aunque ahorita creo que ya me ha tomado cariño por mejorar y no ser tanto un estorbo, soy su auxiliar contable de lunes a jueves de 12:00 pm a 1:00 am, aquí dejo de ser una mierda y empiezo a tener por lo menos el control de algo en mi vida.

—Buenos días, Larry— sonreí.

—Buenos días, linda, ¿cómo va todo?— me estrechó fuertemente la mano.

—Grandioso, espero no haber llegado tarde, el camionero se detuvo unos minutos a platicar sin importarle nuestra puntualidad— rodé los ojos.

—No, tranquila, llegaste a buena hora, hoy es día de paga así que no se te olvide hacer los recibos de todos y rendirme cuentas del cierre de esta semana, hay mucho trabajo, así que es mejor empezar ya— me sonrió —Si tienes algún duda ya sabes que aquí estaré— me hizo la indicación de que saliera.

—De acuerdo, nos vemos más tarde— salí y me fui directo a la caja y comencé a ordenar todas las ventas.

Al dar las 5:00, empezaron a llegar muchos adolescentes inundando el lugar con sus risas, me recordaron ese tiempo de prepa en los que tenía 16 años y mis salidas eran libres de drogas, solamente amigos y comida. Mejor dicho, amiga, mi querida Nina, y pensar que todo fue culpa mía. Un fuerte ruido me sacó de mis pensamientos, salí de la pequeña “oficina” que solo consistía en un escritorio con una computadora, papeles a morir y una silla. Entre tanta gente distinguí a unos chicos que se hablaban a gritos, me acerqué a ellos.

—No quisiera incomodarlos pero, ¿podrían bajarle un poco al volumen de su voz? Hay mucha gente aquí tratando de conversar, no solamente son ustedes— los dos chicos me voltearon a ver sorprendidos —Gracias— estaba a punto de regresarme a mi lugar cuando uno de ellos contestó.

—Antes eras más agradable, Arabella— me giré y tarde un poco en reconocer esos ojos cafés. Alcé la ceja.

—Antes eras menos idiota, Marco— sonreí y volví a mi lugar de trabajo.

Iban y venían personas durante toda la noche hasta que por fin se fue la última familia y mis compañeros se pusieron a limpiar y yo me fui a la oficina de Larry.

—Así que, Larry, aquí están los recibos de las ventas y compras durante la semana, también he incluido lo que se pagó por darle mantenimiento a las motocicletas— asintió con la cabeza mientras leía todo— Los cheques ya los tengo listos, los traje para que los revisaras, pero no sé si quieras que ya mejor los entregué.

—Si, claro, tu aquí ya dejame estos papeles, los revisaré mañana, entrega los cheques y se pueden retirar, ha sido un buen día, les agradezco mucho— me sonrió —Nos vemos hasta el lunes, cariño— Asentí y me retire.

Entregue los cheques, me despedí de todos e inicie la caminata hacia mi casa.

Eran las 2:30 de la mañana cuando llegue. Subí a mi habitación y me encontré con todo el desorden que tendría que limpiar mañana.

Lancé la mochila a mi cama. Me quite el pantalón y la playera del uniforme quedando en ropa interior, me libre de la parte de arriba y tome una playera negra con estampado de Metallica y me la puse, me solté el corto cabello negro.

Tome la mochila y saque la paga, conté él dinero, lo divide en dos grupos, el de mis gastos y el de mi ahorro, lo puse en el frasco donde estaba lo demás. Arranque una hoja de libreta y empecé a anotar todo lo que tendría que comprar mañana.

Di por finalizado mi día y me dispuse a dormir.

Mañana tendría mucho que hacer.

Drogas & Emociones.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora