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         El sol estaba alto y caía con ferocidad sobre todo, sobre los techos, sobre el asfalto, sobre el agua de la piscina. En el borde hay una botella de Black Label, junto a los cigarrillos despedazados que estaban en el fondo del agua y que ahora se tuestan al sol y unos sostenes morados. El sol caía sobre todas las cosas y estas resistían tercamente, pero en cualquier momento podían quebrarse. El cielo es completamente azul y no hay nubes. Vuelvo a sumergirme y cierro los ojos y no salgo hasta que necesito aire. Es domingo.

          Entro y atravieso la sala y subo las escaleras hasta mi habitación. Encima de la mesa de noche, al lado de la cama, hay un paquete abierto de gentrón. También hay unos audífonos, rastros de coca, algunos billetes y mis lentes, rotos la noche la anterior aunque no recuerdo cómo. Debajo de las gruesas sábanas hay un cuerpo completamente cubierto como un extraño gusano y lo observo durante unos momentos hasta que un movimiento confirma que respira. Las agujas del reloj de pared, encima de la cama, están alineadas y extendidas hacia arriba y parecen una sola. A través de la ventana puede verse que no hay viento: las palmeras de afuera están quietas y estáticas. Una ambulancia pasa con su sirena apagada y dobla en la esquina. Cierro las persianas de la ventana pero estas no cierran totalmente, y líneas de luz blanca laceran horizontalmente la oscuridad de la habitación. En una de ellas encuentro el teléfono, en el escritorio, junto a la computadora. Antes de salir vuelvo a asomarme en la ventana, levantando una persiana. Las palmeras siguen paralizadas y casi deseo que se muevan. Pero no lo hacen y al salir cierro la puerta cuidadosamente.

         Cuando estoy haciendo café suena el timbre y le abro la puerta al técnico de televisión por cable. A pesar de que se disculpa por no haber venido antes, no recuerdo qué día lo llamé. Lo conduzco a la sala y revisa el televisor de cincuenta pulgadas, el único que tengo, y dice que sólo es una pieza del cable. Saca de su maletín la pieza y la reemplaza y dice que de ahora en adelante todo debería estar en orden. Me entrega un folleto de planes estelares de películas y documentales, aunque ya tengo el plan más completo que la compañía ofrece.

         'Alguien murió por acá' dice, mientras lo acompaño a la puerta.

          Le pregunto por eso y responde que en la esquina, a unas pocas casas, vió unos enfermeros subir un cuerpo envuelto en telas blancas a una ambulancia. Me pregunta si de casualidad conocía a la persona, pero le respondo que no y se despide.

          'Disfrute el servicio' dice, antes de montarse en el auto de la compañía e irse. Cierro la puerta y vuelvo a la sala preguntándome si de verdad de ahora en adelante todo estará en orden. Y entonces subo a la habitación y tomo unas pastillas.

ControlWhere stories live. Discover now