Aquella niña que todo el tiempo sonríe es la que llora todas las noches. Es la que piensa en suicidarse. Es la que cuando está pasando por el acoso escolar, las voces en su cabeza le susurran: "Quizá estarías mejor muerta". Es la que finge escuchar música lenta pero en realidad esta escuchando música ruidosa, con significado suicida. Es la que en sus tiempos libres escribe despedidas para dejarlas el día en que tenga las suficientes agallas y deseé terminar con su maldita y asquerosa vida. Es la chica que tiene cicatrices en sus piernas. Es aquella de la que todo el mundo se burla. Es la clase de persona que sabe que jamás será aceptada por la sociedad.
Era una mañana normal, como todas, era un día mas en el me sentía una basura. Desperté y quité la pesada sabana de mi cuerpo. Me costaba demasiado esfuerzo, los brazos ardían como si me hubiera arañado mi gato; el cual siempre decía que tenía pero realmente nadie sabía que ese "gato" era una navaja, que siempre estaba dispuesta a escucharme, y el único objeto que llamo: "Mi hermosa mejor amiga"
Cuando pude levantarme, baje los 18 escalones que hay para llegar a la superficie baja, como la maldita obesa que soy, tenia mucha hambre. Justo cuando estuve lo suficientemente cerca, vi un sobre debajo de la puerta. Supuse que era un recibo de luz, agua o alguna factura, así que me decidí por dejarlo ahí. Total, nadie me enviaba nada a mí, no tenía que preocuparme por alguna carta o algún paquete.
No había nada que comer, mi madre no había dejado alimentos y mucho menos dinero. No era su vida, así que no le interesaba si moría de desnutrición o no. Y ni se diga de mi "padre", el cual ni siquiera era capaz de llamar o mostrar un mínimo interés por sus dos hijas. Ese señor no era nada en mi vida, para mi solo era un hombre que se había acostado con mi madre y que para mi mala suerte, su espermatozoide servía para traer a una pendeja al mundo. Y mi hermana... Ella, de ella no podía quejarme. Me escuchaba, me entendía pero la envidiaba. Ella era realmente bella, siempre tenia que contar y su autoestima estaba hasta las nubes. Ella no tenia que ver cuanto debía comer o si mañana el colegio estaría mejor. Ella era feliz.
Tome un vaso de agua simple y... "La curiosidad mató al gato" asi que fui por el sobre debajo de la puerta y me encerré en mi habitación. Aquel sobre decía mi nombre. Aquel sobre era una carta para mi. Aquella carta era de un desconocido. No tenía un remitente, no tenía algo que me dijera quién era. Y eso me preocupaba mas que la misma carta.
La carta decía:
"¿Cuándo empezaste a sentirte sola? ¿En qué momento la gente que estaba a tu alrededor no valía? ¿Desde cuánto eres asi,tan mala, tan seria? ¿Y tus sonrisas? ¿Y las largas platicas sobre cuentos de amor? ¿Dónde acabó ésa alegría? ¿Cuándo dejaste de amar a tus padres? ¿Y los cortes, cuando empezaron? ¿Por qué te haces tanto daño? ¿Por qué no sales y vives? ¿Y tus amigos? ¿Y el colegio? ¿Y tu familia? ¿Qué pasó con ellos?
Siempre creí que eras feliz; siempre pensé que estabas rodeada de amigos, creí que tus calificaciones eran tan limpias como tus brazos, pero los vi... Me decepcioné de ti. Pasaba horas viendo esa foto en la que sonríes y ahora se que es una "sonrisa falsa", ¡Nunca me di cuenta! ¡Nunca vi más allá de tus ojos! Jamás te comprendí. Pero... ¿Cómo entender a una suicida? Dime, ¿Cómo entender a alguien lleno de cicatrices?
¿Tu vida es una completa basura hace muchos meses y no quieres ayuda? Yo no puedo resolver un problema matemático y pido ayuda y tú tienes todas las heridas abiertas y quieres estar más sola de lo que ya te encuentras.
Te odias, te aborreces y quieres morir. Crees que a nadie le importa tu ausencia pero... ¿No hay algo que realmente te haga feliz? ¿Siempre finges sonrisas?
¿Qué paso con tus amigos? ¿Desde cuándo te hacen sentir tan mal? ¿No se supone que ellos son los que debían hacerte fuerte? Cariño, ¿De verdad deseas morir?"
Sus palabras fueron como un cuchillo enterrado en la columna. Y de la nada me arrepentí de haber abierto aquel sobre. Y la frase cambio por completo. "La curiosidad no mato al gato; el gato se suicidó al saber la verdad." Esta era la prueba que necesitaba para ver que era, además de estúpida, patética.
Cerré la carta y agarré, con todo el coraje que tenía, un pincel y una hoja. Tallé el pincel con todas mis fuerzas en la hoja, había sido el arte más desastroso que había hecho en mi vida. Sí, sí, el pincel era una navaja y la hoja, mi piel.
No tengo ni la menor idea de cómo llegué a mi cama, y mucho menos de como mis brazos estaban curados, o como estaba en short y las nuevas cicatrices llenas de vendas nuevas, que por cierto, no eran de casa.
No había una explicación lógica porque no tenía amigos, y mi madre se había ido a Colombia con Lucia, mi hermana. Mi padre no vivía conmigo y seguramente se encontraba en algún bar de México. El resto de mi familia estaban en el dulce cumpleaños de mi prima Verónica, al que... No había sido invitada. La pregunta era: ¿Qué sucedió aquí?
Sin embargo, ante esta situación me quedé inmóvil. No me levanté de mi cama para averiguar qué había pasado, tampoco tenía intención alguna de asegurarme si la puerta estaba abierta o no. Realmente no me importaba.
Si me mataban, estaría bien. Si seguía "viviendo", estaría bien. Aunque yo quería ser la causante de mi propia muerte. Sí, yo quería suicidarme.
Tomé mis auriculares y puse mi bella música ruidosa. La única que me hacía sentir mejor, la única que me hacía sentir tranquila.
Ni siquiera me percaté de que la puerta de mi habitación estaba abierta. Y un chico estaba allí, parado, observándome.
― Eve ― me susurró
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Hate Myself
Teen FictionA veces las palabras te dañan mas que las acciones. De vez en cuando a tu mente llegan pensamientos suicidas. Es normal, ¿no? Todos tenemos problemas, quizá suelen ser los mas pequeños, sin embargo, nadie tiene derecho a juzgar, ¿Por qué no? Porque...
