¿Por qué escribes, Nora?

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Javier estaba sentado en el sofá blanco y rojo de terciopelo del living mirando una película basada en un libro que no había leído, pero que estaba seguro que ella sí lo había hecho. ¿Había algo que no leía si podía? Claro que no. Los únicos libros que no leía eran los que su bolsillo no le dejaba comprar, o aquellos que además de ser caros eran demasiado largos para leerlos digitalmente. Ella y su manía de leer todo en papel, sin darse cuenta que los e-books eran la nueva tecnología, y que facilitaban muchas cosas. Incluso eran más baratos, y ni tenías que salir de tu cama para comprarlos. Pero ella siempre decía que le cansaba la vista, por más que los fabricantes dijeran que eso no podía pasar. Ella siempre repetía que no había mayor placer que leer un libro en físico, y él, sin haber sido picado por el bicho de la lectura, no lo lograba entender.

Miró a su derecha, hacia el pasillo, y se detuvo en una de las puertas de la derecha. Una de madera, recién barnizada. Detrás de ella, se encontraba una mujer que llevaba más de tres horas ahí encerrada, y que solo salía para ir al baño que estaba justo enfrente. Se había llevado un vaso con coca-cola cuando había entrado por primera vez, no había vuelto a salir por otro. Fuese lo que fuese que estuviese haciendo allí adentro, parecía ser más interesante que el mundo que tenía a su alrededor.

Él enarcó una ceja sin dejar de mirar la puerta. La intriga lo estaba matando. El dicho decía que la curiosidad había matado al gato, pero al menos moriría sabiendo. Y él se estaba muriendo por saber. Porque por más que lo quisiera entender, no podía. Su mente no era lo suficientemente flexible para entender ese amor que ella tenía por las letras. Aunque fuese de números.

Por lo cual, suspirando, se levantó y dejó olvidada la película, justo cuando una chica empezaba a tirarse del techo de un edificio. Caminó con cuidado y levantó una mano para tocar la puerta, pero se detuvo justo antes de hacerlo, pensando si era buena idea. Se encogió de hombros y tocó. No iba hacer más que echarlo, creía él. Abrió la puerta sin esperar que le dijera que podía pasar. Ya podía imaginarla tan concentrada que ni había escuchado que golpeaban la puerta.

Entró y ahí estaba ella, en el fondo de la habitación, detrás de un escritorio de madera marrón, detrás de un portátil negro, ese cacharro al que tenía tanto cariño. En la habitación no había más adornos que un rectángulo de corcho que estaba a rebosar de papeles, y una estantería en la pared de enfrente, que estaba por explotar de tantos libros. Las paredes eran blancas, impolutas, excepto la pared que estaba detrás de ella, que era roja, y en medio había una ventana que daba a la playa. Ventana en la cual se había sentado muchas veces en busca de inspiración, o para desconectar, o para imaginar un mundo que ningún otro mortal podía encontrar.

Javier cerró la puerta detrás de sí y se sentó en una de las sillas que había delante del escritorio. Donde tantas veces se había sentado, movido por su curiosidad o porque ella lo había llamado para que viera lo que su joven mente era capaz de crear.

Pero esa vez, en ese momento, había entrado con otro propósito, otra curiosidad lo había movido. Y era que había una pregunta que le rondaba por la mente desde hacía tiempo, y por miedo de quedar como un idiota, porque obviamente que la pregunta era idiota, no se la había dicho. Pero la curiosidad mató al gato.

—¿Por qué escribes, Nora?

—¿Por qué respiras, Javier?

Él se rió. Le tomó por sorpresa su respuesta en forma de pregunta. Nora era tan impredecible como el viento. Y lo acaba de demostrar nuevamente.

—Porque sino respiro muero. —Dijo de forma obvia.

Ella lo miró dándole a entender que ya le había contestado.

—Espera. —Dijo Javier enderezándose en la silla. —Tú puedes dejar de escribir y seguirás viviendo.

Nora lo miró por arriba de sus gafas rectangulares, enarcando una ceja dorada. Se veía tan linda, había pensado Javier, con el pelo recogido en un improvisado moño que lo había agarrado con un bolígrafo.

¿Por qué escribes?Stories to obsess over. Discover now