prólogo

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Robert Ross, mejor conocido por todos como Ross, y como Rob para mi.

Un chico cortés, inteligente, amable, adorable, buen amigo... En fin, perfecto, cualquier chica desearía a un chico como el, incluyéndome.

¿Quien iba a imaginar que el mismo chico que me desagradaría aquel primer día de bachillerato sería el mismo del que me enamoraría después?

Recuerdo cuando apareció en mi vida.

Entre al aula, no conocía a nadie. Camine hacía un mesa banco frente al escritorio y acomode mi mochila a un costado. Aun no era hora para el comienzo de la clase así que me coloque los auriculares y me puse cómoda.

En eso lo vi entrar, iba con un grupo de chicos, el hasta adelante. Me llamo la atención su estilo nerd pero sexy, su cabello era castaño y rizado y lucia un par de gafas. Pero antes que a el había visto a otro chico, mi amigo de la infancia y quería se sentara cerca de mi, pero no pudo, aquel chino de lentes le había ganado el lugar.

Era muy molesto. Hacía muchos movimientos que aun que accidentales molestaban, me jalaba el cabello, golpeaba por debajo de mi silla haciendo vibrar mi trasero y tenia un tono de voz muy peculiar, algo así como si le apretaran la nariz.

Días después ya me había acostumbrado a encontrarlo detrás mio todas las mañanas. Pronto aprendí su nombre ya que en una lista que habíamos hecho el aparecía primero que yo y vi necesario recordarlo ya que al mencionar "Robert Ross" sabía que la siguiente en ser nombrada sería yo.

Y así pasaron los días, Rob ya no me caía mal, solo me era indiferente; aun que esto no era del todo cierto porque el ya formaba parte de mi rutina diaria, siempre los mismos jalones de cabello, las vibraciones de mi trasero y todo eso que causaba con mi débil cuerpo accidentalmente con el suyo.

Todo esto hasta llegar al punto de considerarlo un amigo, o al menos de caerme bien aun sin hablarle.

En recesos al juntarme con los chicos de mi grupo, que aun no consideraba mis amigos, solía escuchar cosas desagradables de parte de ellos sobre Rob. Primero no me importo, hasta que comencé a sentir enojo por todo lo que decían y ni yo sabia por que.

Hasta que un día lo descubrí, no fue necesario mas de dos semanas para darme cuenta: Robert Ross me gustaba.

Y es que una mañana al termino de una clase, ya en otra aula y ubicados en lugares distintos, lo extrañe. Extrañe su voz que días antes solía recordarme a la de la famosa ardilla Alvin aun que la de el fuera mas masculina, su faceta algo egocéntrica y sus bromas hacía algunos maestros, que aun que nunca iban dirigidas a mi, me hacían reír.

El, en cambio, aun que era un chico reservado trato de llevarse bien con todos nuestros nuevos compañeros, incluyendo a aquellos que solían hablar mal de el a sus espaldas, y lo que nunca entendí, ¿por que tanto rencor hacía el? Era amistoso, bromista y siempre estaba ayudando a los demás.

Pero a mi seguía sin dirigirme la palabra "¿sera que se habrá dado cuenta de que me gusta?" me preguntaba.

Esto me ponía muy mal.

"Nunca hablaremos"

"Nunca saldré con el"

"Ni siquiera sabe mi nombre"

"¿A quien engaño? Ni siquiera sabe que existo"

Era mi manera de atormentarme día con día. No veía que aquello que tanto deseaba fuera posible.

Pero todo puede cambiar en un abrir y cerrar de ojos, ¿no es así?

Dificil E IrresistibleDove le storie prendono vita. Scoprilo ora