El campamento estaba abarrotado de gente debido a la gran fiesta que se celebraba en honor a no se qué Dios. Puede que deba saber a quién supuestamente estoy alabando pero no es que me interese demasiado esa parte, soy más de disfrutar de la orgía de final de culto, es más, sólo vengo por eso. ¿Que soy una ninfómana? Puede ser, pero ey; soy una ninfómana orgullosa de serlo.
Camino por la oscuridad moviendo exageradamente las caderas, como si fuera la reina del mundo, como si fuera superior a todos los demás, y en realidad lo soy. Ser una viajera del tiempo te hace ser...no mejor, pero si diferente.
Estoy en la época de los romanos, en la guerra continua, y los hombres de aquí además de vestir con poca ropa y estar jodidamente buenos también están jodidamente salidos, lo que me encanta. Es por ellos por lo que es mi tiempo preferido, ni los griegos follan tan bien.
Ahora que lo pienso, igual al Dios al que adoro es a Baco, el "rey" de las orgías, del vino, del descontrol...me gustaría encontrarme con él alguna vez para probar si también es el "rey" del sexo...
Al fin llego a mi destino, la tienda más grande del campamento, la única que está repleta de hombres y mujeres desnudos, frotándose unos con otros sin control.
Nada más entrar me quito el vestido y visualizo a mis presas, dos hombres morenos de pelo medio largo con los torsos desnudos y sus manos sobre una rubia. Me acerco con actitud dominante y me miran, olvidándose totalmente de la barbie. Les hago una seña para que me sigan y los saco de allí, arrastrándolos a la tienda más cercana. Me giro y no me da tiempo a hablar, ya los tengo pegados a mi, acariciándome de arriba abajo, besando mi cuello, mi boca, mis pechos...
El más alto decide que quiere ser el primero y me coge en el aire, abriendo mis piernas y rodeándolo con ellas por la cintura. Su miembro excitado roza mi sexo y beso sus labios con ardor, pidiendo que lo haga, pero no lo hace, no me penetra, lo que me enfada y causa que le muerda. El otro sigue a mi espalda, besándome el cuello y abrazándome, acariciando mis pechos con ansiedad.
Le beso, el otro gruñe porque estaba primero con él, sonrío y sigo besando al segundo mientras noto como el miembro del primero se endurece y sigue creciendo.
-Eres una perra mala.-Me susurra el primero tras lamer mi cuello. Clavo las uñas en su pecho y sonrío.
-Cierra la boca.-Le beso y me olvido del otro por completo, centrando mi atención en el primero.
Empiezo a mover las caderas para que nuestros sexos se rocen pero no permito que me penetre, no soy como cualquier zorrita romana que se deja manejar. No, yo aquí tengo el control.
Sus labios muerden los míos al comprender lo que estoy haciendo, le devuelvo el muerdo haciéndole sangre. Él ahoga un gemido y yo chupo la sangre, le beso el cuello y me bajo al suelo, pero él me aprieta contra su cuerpo, me separo un paso y el gruñe intentando atraerme hacia su miembro, pero me niego y sonrío.
-No, no. Dejate llevar.-Me pongo de rodillas y le miro a los ojos mientras agarro su miembro con mis manos y empiezo a acariciarlo suavemente. Su cuerpo se estremece y sonrío. Aparto la mirada un segundo para comprobar que mi segundo hombre aún sigue en la habitación, mirando con excitación lo que realizo a su compañero y acariciando su miembro con el deseo de ser el siguiente. Le hago una señal para que se acerque y me obedece, mientras se acerca meto el miembro del primero en mi boca y hago círculos con mi lengua, haciéndole gemir. Noto las manos del segundo en mi cintura, se ha arrodillado detrás de mí y me aprieta contra su erecto miembro. Gimo al notar el contacto y me pongo inconscientemente a cuatro patas, abro las piernas y dejo que me penetre mientras sigo lamiendo el miembro del primero. Gimo con cada embestida, lo que hace que profundice más la felación y que el hombre gima conmigo. Decido terminar la felación a la vez que el segundo se separa de mi, me pongo de pie y me lanzó a los brazos de este, cayendonos al suelo, le muerdo el cuello mientras soy consciente de que el primero está acabando el trabajo que yo empecé. Me siento a horcajadas sobre el segundo y vuelvo a introducir su miembro en mi, moviendo las caderas rápido, cada vez mas rápido, hasta que ambos nos corremos y gemimos de puro éxtasis.
Pero no estoy cansada, aunque él si. Me levanto y me acerco hacia el primero, que aún sigue intentando acabar mi trabajo, le está costando así que sonrió con picardía y él lo entiende como un déjame a mi, ya que suelta su miembro y me coge de nuevo, lo siento dentro nada más subirme a él y gimo al sentir como se endurece, como me embiste una y otra vez llevándome a un éxtasis aún mayor, haciendo que mi cuerpo se estremezca, haciendo que desee más. No sé en qué momento nos hemos tumbado, sólo sé que él está sobre mi, moviendo sus caderas en compás con las mías, introduciendo su miembro hasta lo más profundo de mi ser, haciéndome gemir como loca, haciendo que roce el paraíso.
Siento como explota dentro de mi, lo que hace que yo también lo haga, me besa y me muerde los pechos mientras yo sigo moviendo mis caderas, no quiero que salga de mi, pero lo hace. Me coloco sobre él y lamo desde su cuello hasta su V, mordiendo su estómago, llegó a su miembro y vuelvo a meterlo entre mis manos, pero él sonríe.
-Lo siento preciosa, pero ya basta por hoy.-Me aparta y se levanta. Me quejo y él me sienta con las piernas abiertas sobre una mesa.-Basta para mi, no para ti.-Separa más mis piernas y me besa mientras noto sus dedos entrar en mi sexo. Gimo, le muerdo y me aferro a su espalda con las uñas mientras los movimientos se vuelven más rápidos, más placenteros. Sus labios se separan de los míos y empiezan a lamer mis pezones, clavo aún más las uñas en su espalda y me da un pequeño mordisco. Besa mi estómago y saca los dedos de mi sexo para meter su lengua y trazar círculos con ella, los movimientos empiezan a crecer y mi placer con ellos.-Déjalo salir.-Me dice separándose un poco, grito un sí desgarrador mientras vuelve a jugar con su lengua en mi sexo y me dejo ir. Él se relame los labios mientras sube de nuevo hacia mi y le miro agradecida, sabiendo que ahora se irán y me dejarán sola para descansar.
A la mañana siguiente me despierta el batir de un cuervo que se ha colado en mi recién robada tienda. El cuervo me resulta familiar, tanto que me asusta y me cubro con una piel. Iría a recoger mi vestido si ese maldito cuervo dejase de mirarme, pero como no lo hace no tengo otra opción que irme sin ropa. Me pongo en pie y acaricio mi muñeca izquierda, descubriendo un tatuaje en mi piel en forma de reloj, hago un par de círculos en un sentido y otros cuantos en el otro y siento la fuerza del tiempo tirar de mi hacia atrás. Segundos después me encuentro en medio de una discoteca a las seis de la mañana, sin ropa y con unos cuantos adolescentes borrachos y drogados mirándome, los ignoro y voy al baño de señoras donde unas amables jóvenes, borrachas como ellas solas, aceptan prestarme un vestido manchado de alcohol que se estaban quitando para ponerse otro. Con un simple movimiento me lo pongo y salgo de allí como si nada hubiera pasado.
Las calles están vacías, a excepción de adolescentes devolviendo y gente honrada intentando llegar al trabajo.
El cuerpo empieza a dolerme por todo lo que he hecho pero la sensación de placer que sentí hace que lo olvide y siga caminando hasta mi piso.
Subo en el ascensor y pulso la 5 planta, pero se para en el segundo piso y un hombre moreno de aproximadamente 20 años, entra en él. Lo mejor de todo es que yo tengo exactamente esa edad y no me importaría machacarme un poco más el cuerpo con él. Me inclino provocativa hacia adelante pero él se limita a pulsar la tecla de la sexta planta.
Me acerco un poco más, pegando mis pechos a su espalda y al fin se gira.
-No sé qué pretendes Suri, pero no vas a conseguir nada.-Me congelo ante sus palabras.¿Por qué conoce mi nombre?
Por primera vez me fijo en su vestimenta, unos vaqueros rotos y una camisa blanca. No parecía un espía, y desde luego que no había vivido aquí en su vida, me acordaría de un hombre así. Sus músculos se notaban bajo la camiseta, sus labios eran firmes y sexys a la vez, sus ojos de un verde esmeralda y su pelo de un negro azabache que harían que se le cayera las bragas hasta a la más monja de las monjas.
En mi silencio provocado por el desconocido no me había dado cuenta, pero ya había llegado a mi planta, así que salí y llamé a la puerta de mi piso, mi compañero debía estar allí. Y antes de que se puedan crear falsas conclusiones ya lo aclaro, si, también he follado con él y lo sigo haciendo. ¿Qué parte de "soy una ninfómana" no ha quedado claro aún?
Derek me abre la puerta y se me queda mirando con una sonrisa pervertida, el vestido que me han dejado es corto, está roto y tiene una mancha de alcohol, pero aún sigue siendo jodidamente sexy ante los ojos del rubio. Que por cierto, también es un poco ninfómano.
-No bebé, hoy no te toca a ti.-Digo mientras paso por su lado y me quito el vestido, quedando completamente desnuda de nuevo.
-Si no me toca a mí no deberías hacer eso.-Dice mientras se acerca a mi. Me doy la vuelta hacia él y sus ojos recorren mi cuerpo desnudo, desde las uñas de mis pies hasta mi pelo rojizo, pasando por mis ojos grises.
-Lo siento, pero tengo un nuevo objetivo.-Susurro en su oído, él se estremece y yo me escapo antes de que pueda hacer que pierda el control.
Me encierro en la habitación, lleno la bañera mientras me desenredo la maraña de pelo con cuidado y cuando la bañera se llena me sumerjo en el agua.
Cierro los ojos para relajarme pero cuando los abro no puedo evitar dar un grito.
-¡¿Estás bien?!-Pregunta Derek irrumpiendo en mi baño.
-Si.-Digo, sin poder apartar la vista del maldito cuervo que me mira, posado en el alféizar de mi ventana.
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Make It Again
Vampire*Esta historia comienza con contenido para adultos, pero luego se suaviza, no por ello deja de haber dicho contenido.* Suri es una chica que disfruta como nadie de la vida. Ella es una viajera del tiempo y no duda en utilizar sus viajes para conocer...
