No hablaba mucho, y cuando lo hacía, de mi boca salían puras estupideces.
- ¿Y... Vienes aquí muy seguido? - Le pregunté, sabiendo la respuesta, me quise dar una cachetada en ese mismo momento.
- Si, bueno... - Miro a su alrededor con una cara obvia. – Trabajo aquí- Su sonrisa demostraba burla, pero no era mala. Ella estaba segura de que yo estaba nervioso.
- Oh. Bueno, no lo sabía... No es que yo pase todos los días por aquí y te vea desde lejos
mientras bebes café...- Negué con la cabeza.
Pero como lo dije antes, eso era exactamente lo que hacía. Creepy, ¿no?
Sus repuestas encendían algo en mí, aun no estaba seguro de que. Me sentía como los juegos pirotécnicos del 4 de Julio.
Tal vez solo quería ser su amigo, o más que amigo. Tal vez solo la quiero para un rato. Hacérmelas de galán como Brad Pitt. Solo quería un momento que calme esta ansiedad de buscar una salida algo drástica. Ella me mostro un rayo de esperanza. Pero, ¿sería eso suficiente?
Mientras andaba perdido en mis pensamientos no note que ella ya no estaba frente a mí. Me desilusioné, pero a los pocos minutos volvió con otro café en su mano.
- Espero que vuelvas mañana. Fue una gran charla – Se encogió de hombros mientras extendía el vaso de café hacia mí. Lo tome dispuesto a pagar, pero ella evito que lo haga. – No hace falta. La casa invita. –
Y así lo hice, volví al siguiente día, y al siguiente, y al siguiente. Para mí se volvió una rutina, pero una rutina de la que, aparentemente, no me cansaría. Me sentía raro, mejor dicho, vivo.
Cada vez iba, ella me daba un café y charlábamos hasta tarde. Había ocasiones en las que yo la iba a dejar a su casa cuando su amiga estaba indispuesta. Creamos un lazo que nadie podía romper. O eso creía yo.
El siguiente día llego como los otros, las horas pasaban, y yo estaba ansioso por verla, pero mientras más me acercaba al lugar, más quería pensar que era un sueño. O, mejor dicho, una pesadilla.
- No hubo sobrevivientes. El incendio fue devastador. – Fue todo lo que escuche mientras veía el establecimiento hecho cenizas. Gente, policías, bomberos y ambulancias, pero de nada servía. Ella ya no estaba.
Mi mundo se fue al piso. La única razón por la que me encontraba con vida era ella, me la quitaron de la peor manera. No pude verla una última vez. No la volveré a ver.
Sin ella, no tendré a nadie que me recuerde, me perderé en el abismo del olvido, del cual nunca debí haber salido. Era como cuando la mamá de Bambi murió, yo no tenía mamá, pero la tenía a ella.
La pregunta ahora era, ¿vale la pena seguir? Después de todo el dolor que he soportado, ¿debo continuar con mi vida? ¿Puedo aguantar más?
La respuesta es no.
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Fin.
Short StoryNo necesitas saber mi nombre, porque al igual que el tuyo será olvidado. Intentar recordar algo relevante de mi vida antes de ella es un esfuerzo inútil. Solo tengo una seguridad: voy a morir. Y no, no tengo una enfermedad terminal. Tampoco cometí u...
