Él creía que era un modelo a seguir, que en su figura encarnaban los valores de un verdadero héroe. Creía que conducir cientos de hombres a la guerra para recuperar tierras y olvidar su desleal llegada a la corona era la mejor opción. Que venerar a Dios lo expiaba de monstruosas culpas.
Poder. Ambición. Una pizca de soberbia y de falsa grandeza. Cuán a menudo nos cruzamos con Enriques V que se llevan el mundo por delante con la maquiavélica frase "El fin justifica los medios" . Ignorando, por supuesto, que mientras alcanzan la meta aplastan a otros.
