La luna.

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Sus redondos ojos azules de largas y finas pestañas se inundaron en lágrimas indisimulables. Pero las retenía. Las debió retener tanto que le habrá dolido desde lo más profundo de su alma, pero, también su alma sabía la fortaleza de su corazón, como se inflaba su pecho de orgullo sin permitir mostrar su debilidad ante mí. Finalmente, luego de un gran esfuerzo en vano, las lágrimas acumuladas en sus pestañas se deslizaron por sus mejillas en un parpadeo. Lágrimas descoloridas, calientes y saladas, en la humedad de sus ojos pude notarse como observaba a la luna por el brillo en estos. Aunque llorará, ella siempre, siempre, estaba sonriendo.

– Envidio a la luna. Me gustaría ser ella. – Admitió casi en un balbuceo, notándose en su hablar el doloroso nudo en su garganta, tanto se notó, que podría jurar que hasta yo pude sentirlo en carne propia, todo ese dolor acumulado en su pecho.

¿Por qué habría de envidiar a un satélite a millones de kilómetros de donde nos encontrábamos en el espacio? Allí, flotando. En total soledad, en la oscuridad, sin vida y fría.

–¿Por qué? – Pregunté. Realmente la curiosidad me había invadido y podría decir con orgullo que muchas explicaciones me daban totalmente igual. Pero, no comprendía su comentario y quería volver a sentir empatía para salvarla de aquel infierno que vivía. Porque eso decía mi madre antiguamente, "sólo los que se han ahogado en pozos saben cómo guiar al que aún se mantiene en uno".

–Porque a pesar de estar sola, está brillando. – Contestó. Eso había respondido a una de mis preguntas, pero aún mi mente me torturaba con más, a lo que iba acotar pero quede en el camino, siendo callado por su voz, que sonaba melancólica y quebrada. – Todos la aman. Está a gran distancia y a pesar de ello todos la aman sólo con observarla. Todos tienen diferentes emociones al verla, trae recuerdos, sentimientos, lágrimas y sonrisas tan sólo con alzar la mirada a ella. Provoca cientos de cosas sólo con existir. – Prosiguió, con total razón. ¿Un satélite a millones de kilómetros de distancia que flotaba en el espacio, sola, fría y sin vida había causado tanto en el ser humano? De pronto, la envidia también llego a mi corazón y pude notarlo, ese sentimiento oculto en mi interior.

Yo también quería ser como la luna.

¿Por qué debía algo sin vida ser más fuerte y causar impresiones más positivas en los humanos que los propios de la misma especie? Obviamente, no encontré respuesta alguna a aquella duda.

Pero, había algo que ella no sabía.

A mí no me interesaba ser la luna para causar todo lo que la mismísima causaba en los corazones de las personas. Yo deseaba ser la luna para causarle todos esos sentimientos revoltosos en su pecho. Ella No quería aceptarlo, lo negaría posiblemente siempre, pero sabía que desde lo más profundo de su ser no solo la envidiaba y fingía odiarla, si no que admiraba, fascinaba, enloquecía y encantaba, como si estuviera viendo a su héroe.

Y yo tenía muchos celos por la luna.

Aun así seguía ocultándole cosas. Como que en sus azules ojos aún más radiante y hermosos que el mismo cielo, había encontrado un sentimiento más acogedor y hermoso que el mirar la luna. Ella me causaba más sentimientos que mirar la luna. Había encontrado el amor.

Luna.Where stories live. Discover now