Hoy no es el día de amarte

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Me gusta que me mires mientras estás esposada, me gusta que las lágrimas en tus ojos pidan más de mí.

El panorama que vislumbran mis ojos sobre tu espalda desnuda es alentador, tus manos amaradas al techo y tus piernas en abiertas y brillantes por un húmedo fluido que procede de ti.

Cada vez más dispuesto, cada vez más crecido entre mis piernas mientras te azoto suavemente con una fina vara de olivo ya resentida por los suaves aunque constantes golpes. Sé que tus gritos no son de dolor, puedo sentir el pacer en tu piel mientras se eriza con cada nueva caricia.

Ha llegado el momento de arrodillarme frente a tus nalgas, de hundir mi rostro entre ellas e ir subiendo lentamente mientras degusto el sabor de tu éxtasis con la punta de la lengua, que sube sin pausa hasta la altura de tu cuello. No para besarte mi amor, no para amarte, pues hoy no es el día. Hoy sube para que pueda tocarte con mis húmedos genitales y un miembro que ya no cabe en sí mismo. Y es aquí cuando sueltas tu primer gemido, suave, aún tierno, pero que va en aumento mientras agarro tu cadera y la carne va entrando poco a poco en tu interior.

Mi rostro apoyado sobre tu hombro me ayuda a escuchar lo que dices, lo oigo muy claro. El fóllame salió de entre tus labios como si se tratase de un alma desesperada en busca de redención y sirvió como señal para que las embestidas fueran cada vez más salvajes, más feroces, casi inhumanas. La habitación parece derrumbarse, y tus gemidos ensordecen cualquier ruido ajeno a nosotros. La piel se te eriza cada vez más y las manos agarradas al cielo de la habitación no te dejan agarrarme el trasero como te gusta hacer, y sé que el no poder hacerlo te pone cada vez más. Ya casi puedo sentir la tormenta que se avecinaba entre tus piernas, pues el rio que baja de ellas cada vez lleva más caudal. Es el momento en que aprieto más fuertemente y cuento hasta cinco.

Uno, dos, tres, cuatro,… cada penetración ahonda más en ti y sabes que la última va a ser el culmen a tu placer. Erecto como nunca antes, el miembro sale lentamente de ti mientras te preparas para el último golpe que desatara tu furia interior.

Pero no volverá a entrar para finalizar el pecado, pues hoy no es el día de amarte mujer. Es el momento de ponerme en frente tuya y amarrada sin poder hacer nada agitar fuertemente tu deseo más preciado, para derramar mi ámbar sobre tu cuerpo aún ardiendo en deseos de mi.

Y aún me sorprendes mujer, pues al ver tu imagen impregnada de mí, puede comprender que habías sido tu aquella que llegó al verdadero Olimpo esta noche. Tu mirada aún lasciva; en tus labios una sonrisa mientras tu lengua los tocaba levemente; tu pecho aún marca los pezones en alto y de tu ser aún gotean muestras de la lujuriosa tormenta que acababa de desatar el verme acabar sobre tu cuerpo. Tu tímida voz me hizo volver a mirar hacia arriba.

_Quiero más-es lo único que repites-.

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⏰ Última actualización: Sep 06, 2013 ⏰

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