Capítulo 1.

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Cada noche buena era igual desde hacía tres años. Ella sola, ante una mesa larga de mantel blanco. Su esposo estaría, como siempre, en alguna fiesta, quizá en un bar elegante de alguno de los lujosos hoteles de los que ella era dueña, acordando reuniones futuras con adinerados empresarios.

La copa de vino estaba a punto de vaciarse por quinta ocasión, la soledad jamás le había parecido tan real como en aquella noche. Era en ocasiones como esa cuando se ponía a recordar su pasado, a repasar su vida a detalle y a deprimirse con vino y comida que terminaría, sin duda, al fondo del frigorífico.

Suspiró. Siempre había visto su vida como una montaña rusa, una mal hecha e ilógica montaña rusa que había terminado por formarla como una mujer tímida y retraída. Las partes mas altas habían sido los momentos mas felices de su vida, como el día de su boda, su graduación, sus logros personales, pero las partes mas bajas eran aquellas que seguían a una caída brutal. El fracaso de su matrimonio, su decadente desarrollo laboral, su falta de liderazgo, las malas amistades. A veces creía que aquellas caídas eran mucho mas largas que los breves momentos que había permanecido en la cima.

Vació la copa de un trago y la dejó caer sobre la mesa. No fue consiente de que la había colocado mal hasta que escuchó el cristal roto tintinear en el suelo. Cualquier otro momento se hubiera parado a limpiar, pero no esa noche.

Con los sentidos atontados se levantó de su asiento y salió a la sala, la casa estaba casi vacía. Aparte de ella se encontraba una mujer mayor quien le ayudaba con el aseo en general. Jamás había considerado a aquella señora una empleada como tal, ya que aquella mujer, Rosa, era mucho mas que eso.

Caminó con paso vacilante hacia las escaleras que llevaban al segundo piso, pero antes de subir el primer escalón Rosa apareció detrás de ella.

-Perla, ¿estas bien? Me pareció escuchar que se había roto algo.

-Si... mmm... -se aclaró la garganta en un pobre intento de esconder su alcoholización- se me resbaló la copa de la mano, pensaba limpiarlo pero estoy algo cansada...

Rosa miraba la espalda de aquella mujer a quien quería como a una hija. Ya le había dicho en mas de una ocasión lo que ella pensaba sobre su matrimonio, su trabajo, su vida, pero Perla hacia lo mismo de siempre, agachar la cabeza.

-Entonces limpiaré antes de ir a dormir, si te parece bien.

La aludida asintió para después seguir su camino hacia la habitación.

Una vez dentro se despojó de la ropa sucia. "Debería darme un baño", pensó, pero la pesadez de su cuerpo era insoportable.

Sin pensarlo mas se recostó. Revolvió un poco las cobijas y se hundió en ellas. Solo quería dormir, dormir sin importar nada, ni el mundo, ni el reloj que comenzaba a sonar marcando la media noche.

. . .

La luz que se coló por la ventana la obligó a ocultar su rostro bajo la cobija. Le dolía la cabeza y tenia una sed descomunal.

-¿Bebiste de nuevo? ¿No crees que ya estas en edad de saber cuando detenerte?

Aquella familiar voz le perforaba los tímpanos.

-Arturo, es muy temprano...

-¿Temprano? Son las 10 de la mañana, eso no es temprano.

Perla.Stories to obsess over. Discover now