Mi nombre es Dana. Dana Thompson. Antes vivía en California, en Estados Unidos. Tengo 16 años y bueno, os voy a contar un poco de mí. Solía ser la típica niña de mamá y papá, con todos los caprichos, típica pija líder de ese grupito. Seh, de eso, ya me entendéis. Hace menos de dos semanas que mis padres se han separado, y por tanto también nos separamos de vivir todos juntos. Yo me voy a Londres con mi madre, y mi hermana Gina, se queda con mi padre. La universidad es dura para ella y no está para mudanzas. Con mi padre la relación es fría y tensa. Lo odio. En este tiempo de mudanza y adaptación me he vuelto muy fría con la gente. Borde. Con mucha carácter y genio. A veces hasta insoportable para mí misma. Con nueva forma de vestir, nuevo pelo, nueva vida..
Mis ojos son de un tono azulado y pegando a la pupila algo amarillentos. Por los bordes grises. Mis pestañas largas, sin maquillaje. Mis cejas bien perfiladas y mis labios gorditos. Mi piel es de un blanco nuclear (muy muy blanco). Mi pelo rubio, largo, hasta la cintura, y ondulado. De estatura un metro y unos.. sesenta y nueve centímetros. De cuerpo normal, no excesivamente delgado pero sí con carnes, abdomen definido y piernas también. Nada flácido. El sueño de cualquier tío ¿no? Jajajaja. No, no quiero tíos.
Bueno al royo. Me he vuelto fría y blah blah porque nunca es fácil dejar atrás tu vida. Tus amigos. Tu casa. Toda tu familia con la que has compartido dieciséis años de tu vida. Dieciséis maravillosos y ... bueno, años. Siempre he sido un amor, un cielo de niña, estudiosa.. la que toda una familia adora. Pianista, dedicada a la música totalmente, pero.. Cada día que voy superando me resulta cada vez más vacío. Como cuando ves una torta en una pastelería y crees que está rellena de ese chocolate fundido que tanto te gusta, pero das un bocado, y no es más que aire, que inquietante, ¿verdad? Pues desde que he llegado a este lugar putrefacto, no he sentido nada más que eso en toda mi estancia. Mañana empiezo las clases en un instituto público. No me quiero ni imaginar lo que pueda pasar. Odio las bromas. Odio que me mire todo el mundo cada paso que doy. Todo el mundo dice que ésta casa es una mansión. Una mierda. Esto es horrible. Mi casa de antes me gustaba más. Esta es enorme, y tenemos sirvientes y limpiadoras, pero que no, que este no es mi hogar. ¿Pero por qué me tenía que mudar yo y no mi hermana? ¡Qué supliciooooooo! Ah bueno, olvidé comentaros. Con la mudanza también he tenido que dejar atrás a mi Stephan, mi querido y amado Stephan. Una relación de dos años y medio al garete, ale, ahí, como si nada. ¡Agggggggg! El día que menos piense mi madre que no me voy a ir me vuelvo a California. Allí la vida era.. pf, ¡indescriptible!
Nos paramos frente a lo que ahora sería nuestro "hogar". Una enorme cancela con alarma y cámaras de seguridad cubrían toda la entrada, no se escapaba ni una mosca. Un amplio pasillo hasta la entrada que estaba a doble altura, y un camino de losetas que llevaba hasta el garaje, donde estaban la lavadora, la secadora y la plancha, que conectaba con la cocina y el sótano, donde estaban las habitaciones del servicio. Tras aparcar nuestro lamborghini dentro de la cochera, entramos a la casa por fin; bueno, mejor dicho "mansión". Había un recibidor enorme, con dos escaleras que conectaban a la planta de arriba directamente, una a la derecha y otra a la izquierda. Había un marco de una puerta a la izquierda, y estaba la biblioteca de casa y un estudio, también con un ordenador, con enormes ventanales y vistas al jardín privado. En el de la izquierda, estaba la cocina, pero ahí sí había puerta, y ponía prohibido el paso, sólo personal.. En medio de las dos escaleras, una puerta de cristal, que daba paso al comedor. Un amplio comedor por lo menos para treinta personas. Enorme. Qué asco, con lo bonito que era el comedor de casa. Bueno. También tenía ventanales que daban al jardín y se podía apreciar la gran piscina, las amacas, el kiosko de cócteles.. y a un lado columpios y de todo tipo de decoración y ocio para el jardín. En el comedor una puerta conectaba a la cocina. Las sillas y la mesa tenían un toque regio y refinado, y el suelo era todo de parqué, excepto el comedor y los dormitorios, eran de moqueta. Había un sinfín de cajas rondando por todas partes, y yo no sabía que hacer más que darle patadas a todo lo que me encontraba. Me encontraba triste, pero eh, que ésta Dana nunca muestra su tristeza, sólo su ira y sus enfados con el mundo. Sí, ¿qué pasa? ¿algún problema? Pf. Subí las escaleras y había un pasillo que no parecía terminar, la casa estaba totalmente climatizada y hacía un calor agradable por todos los rincones. Mi habitación era la última del pasillo, una de las más grandes, el pasillo tenía ventanas amplias por las que se veía perfectamente todo el jardín y el big-ben a lo lejos. Me gustaba, pero nadie podía saberlo. Las puertas eran blancas con la manivela plateada, y las paredes estaban pintadas con papel, preciosas. El fondo del pasillo parecía la penumbra, estaba ya casi oscuro y apenas eran las cinco de la tarde. Entré, y algunas de mis cosas estaban por medio. No había muebles y las paredes eran rosa, y las cortinas un rosa chicle. En el suelo había una alfombra con forma de una flor, de color turquesa. Estaba la cortina corrida y la luz no funcionaba. Fui a abrirla, y las vistas daban hacia la entrada. La peor habitación.. pensé. Había dos puertas, una de un baño propio y la otra mi vestidor. No estaba mal pero, la de enfrente estaría mejor, aquí yo elijo, aquí son mis normas. Me dirigí hacia la otra habitación, pero para mi sorpresa, la puerta estaba cerrada con llave. Pateé la puerta durante un largo rato, pero no obtuve respuesta alguna. Bueno, pues nada, me tendría que quedar con aquella habitación infatil a más no poder. Volví a lo que sería mi cuarto todo el tiempo que permaneciéramos aquí (espero que no mucho, qué suplicio), pero, ¿y los muebles? Bajé rápidamente hacia la biblioteca, donde se encontraba mamá guardándo su cantidad de libros y moviendo las estanterías para poner la decoración a su gusto. Yo ya me había quitado las zapatillas desde antes de entrar. Llevaba unos pantalones de chándal anchos de la cintura y ajustados de la rodilla hasta el tobillo, con unos pinkies de encaje, un top ancho de addidas de manga corta y el pelo suelto.
- ¿Mamá? ¡Mamá! ¡Mamá!.. -repetía sin cesar.
- Queeeeeeeeeeeé -se giró mirándome de arriba a abajo y tapando el audífono del teléfono- ¿qué haces con esas pintas? ¡Hay gente en casa para que vayas así!
- Que sí, que no me des la brasa. El último cuarto del fondo a la izquierda, ese rosa que parece de una cría de 6 años, ¿es el mío?
- ¡Dana ese vocabulario! -me regañó- ¡No me hables así! Y sí, ¡es tu cuarto, y estás castigada señorita!
- Vamos, ya ni en mi casa puedo estar como yo quiera. Sabes que soy así y es lo que hay.
Sonó el timbre de la cancela exterior.
- Deberán ser los muebles de los dormitorios, ve y abre Dana.
Caminé hacia el portero y por las cámaras vi dos muchachos, y tras ellos un enorme camión, pero no se podían leer los rótulos.
- Somos los de la mudanza, traemos otra parte de los muebles. Abra por favor.
Abrí y pasaron con el cargamento. Instalaron los muebles de todos los dormitorios. Estaban los principales, el de mi madre y el mío, y secundarios había 5, y uno de ellos con literas, supongo que serían para los invitados. Pero en la planta de arriba de los dormitorios no sé que había, unas estrechas escaleras seguían hacia arriba según me contó mamá. Resultó ser que eran todo mobiliarios nuevos, mi cuarto tenía un tocador blanco y una banqueta rosa. Una cama enorme y un montón de cojines para adornar sobre ella. Un cabecero plateado que resaltaba en la punta de la cama. Un gran espejo, mi piano de pared blanco, estanterías, mis libros viejos, mis fotos antiguas, las dedicatorias y textos que me hicieron por la despedida, mis fotos con Stephan y Gina, mis trofeos y diplomas.. Sólo recuerdos que dejé atrás.. un diván plateado con el asiento blanco para los pies de la cama precioso, un armarito de madera blanco que era como una cajonera con estanterías y demás para guardar y organizar mis cosas.. bueno, ya os hacéis una idea de las demás cosas que había. También llegó mi ropa, mis zapatos, los shampoos y geles del baño, mi plancha del pelo, mi secador.. O sea, todos mis accesorios personales y mis cosas. Las coloqué y volví a bajar. Cogí mi móvil. No, no tengo un iPhone. Os creíais que sí, ¿eh? Mi móvil es un samsung. El 6 exactamente. Pero espero tener pronto un iPhone.. es mi sueño. Me encaminé hacia las amacas que rodeaban la piscina, ya casi eran las 8 y la oscuridad de la noche caía sobre Londres.
Estaba tranquila y relajada, cuando de repente me suena una notificación en el teléfono. Lo desbloqueo y voy a mirar cuando...
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¡Hola! Aquí os traigo una nueva novela, espero que os vaya gustando. Compartid para que la gente sepa de su existencia. Prometo capítulo semanal, y no va a pasar como con la otra de alejadas, ¡pero he perdido muchos seguidores por ello! Muchísimas gracias por leer, comentadme qué os va pareciendo y sobre todo, compartid todo lo que podáis. ❤❤❤❤❤
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Wild Ghost
Teen Fiction¿Te crees que no puedo estar en todas partes? Estoy más cerca de lo que crees. Soy Dana Thompson, con 16 años de edad. Me acabo de mudar justo hace una semana a Londres. La nueva, sí, esa misma. No me gustan ni un pelo las bromas. Con mucho genio y...
