Desperté sintiendo como el calor me sofocaba, el exceso de cobijas en mi cama era la causa, una vez más la alarma había sonado puntual con aquella melodía que hacía presente tu recuerdo que con tan solo pensarlo me provoca un dolor intenso en el pecho. Y es que a pesar de que quiero olvidarte tengo miedo a renunciar a los pequeños hermosos recuerdos que compartimos en aquel verano de amor; donde bajo el naranjo de la casa de mi abuela me prometiste amor puro y sólido, palabras que ahora se las lleva el viento.
Mi respiración aumentó, espontáneamente abrí mis ojos que aún yacían cansados y con marcas enormes de ojeras debido a cada noche que me he desvelado leyendo a Nieves García acompañada de un té de manzanilla para aliviar mi resfriado.
A mi mente llegan recuerdos, justo ahora revivo la primera vez que te vi, era el primer día de clases en la Universidad, estabas justo al lado mío, no me había percatado del momento en que apareciste sentado junto a mi, lo que sé es que cuando cruzamos nuestras miradas pude sentir algo especial. Creo que hicimos "clic". A simple viste imaginé que eras amargado como un ogro, en su caso tal vez peor, pues tus labios y tu seño fruncido me lo decían. A pesar de ello me había enamorado.
Ahora siento un amargo rencor recorrer mis entrañas causando que mi estómago se revolviera haciéndome vomitar las pocas mariposas muertas que aún yacían dentro mío que en alguna ocasión llegaron a vivir por tu existencia.
"No te confundas no existe el rencor, son espasmos después del adiós..."
Cada día mi alarma repetía aquella melodía del argentino Gustavo Cerati, mientras que yo, ahora, me pierdo mirando al techo mientras pienso en ti nuevamente. Odio tener que hacerlo, perder la noción del tiempo con tu amargo recuerdo.
-Hola, soy Victoria. ¿Cómo te llamas?
-¿Victoria?, ¡Que locura!, mi nombre es Víctor. Es un placer conocerte.
Sentí la mirada borrosa, mis ojos se habían tornado cristalinos que a su vez dejaron caer pequeñas gotas que recorrieron mi rostro humectando mi piel partida como un infame desierto que de día es acalorado y por la noche frío como mi corazón latente por el recuerdo de vos.
Me siento confundida, ¿Cómo es posible amar y odiar tanto a una persona al mismo tiempo?, no lo entiendo, parece no haber respuesta alguna, al contrario, siento que me ahoga en un mar de pensamientos sin sentido, un completo vacío; ¿Será que nunca te ame?, ¿Por qué te odio?, ¿Por qué te amo?, es como si quisiera dispararte pero detener la bala con mi pecho.
Sequé mis lágrimas con las sábanas, frote mis ojos que comenzaban a arder, pareciera que lloré por horas y horas.
Ahora sólo me queda Alonso, está dormido a mi lado. Tiene aspecto de un gato grande y flojo que se cubre con las suaves sábanas por el incesante frío que hace. No logré despertarlo, es un alivio, pues odio tener que dar explicaciones del porqué lloro.
Lentamente salí de la cama, sin hacer ruido, con toda la precaución posible para dirigirme al armario por la ropa que había alistado una noche antes para éste momento. Observé el reloj que marca las 7:35 am. "No puede ser" murmuré entre dientes al darme cuenta de que hace una hora había despertado, una hora que pasó como un suspiro, como tu amor, cuando estábamos juntos y nos daba la impresión de que el tiempo nos quería separar con rapidez. Cada salida al cine, por cada helado que comimos en la plaza de armas... cómo no olvidarlo, siempre que íbamos pedía a el helado de nuez y yo el de café... Y mi café favorito siempre será el de tus ojos.
La ducha estaba en su punto, el vapor nubló mi vista, me sentía agotada, desesperada y sin salida alguna. Mi cuerpo desnudo y frágil se siente solo, extraña tus caricias nocturnas, tus besos que me estremecian a cada paso.
"Me gustan sus labios", aquello rondó por mi cabeza la primera vez que me besaste bajo el naranjo de la abuela; tus labios eran tan dulces, grandes y carnosos que me daban la sensación de querer más, esos labios tan bellamente delineados que me encantaban.
Poco a poco el agua se enfriaba, sabía que había llegado la hora de hacerle frente a mi destino aún cuando me da miedo; tantos años viví alejada de la realidad escondida en mi mundo pero ya era tiempo de la verdad.
Puse la última prenda en mi, sequé mi cabello, retoque mi rostro y sin pensarlo salí de casa dejando a Alonso en un sueño profundo pues quiero hacer esto sola, sino, sabía que no sería capaz de soportar un poco más el dolor que yace en mi pecho.
Al salir y cerrar la puerta un frío abrumador me congeló. El día es nublado, es un día tan triste y negro como mi vestimenta, como el día en que me abandonaste. No te culpo, sé que recibir la noticia de que serias padre te ahuyentó; fue cobarde de tu parte, pero eso ahora es pasado, Alonso tiene ocho años aún cuando siento que sólo han pasado dos. Si supieras los feliz que me hace. Es un niño tierno, inteligente y guapo, se parece a ti. Tiene esos ojos cafés que me enamoraron de ti, tu melena negra y voluminosa, puedo decir que es un Víctor diminuto pero es tan sentimental como yo, de corazón blando, lloramos por pequeños detalles así como cuando íbamos tu y yo al cine a ver una película romántica o triste. Yo lloraba y lloraba sin parar, pero te tenía a ti, quien siempre estuvo ahí para darme un abrazo o un clinex.
No es fácil ser madre soltera a pesar de que mis padres me apoyaron en.Lo que pudieron. Dejé la Universidad para poder trabajar y cuidar de mi querido hijo Alonso. Al principio pensaba en darle en adopción, no creía ser capaz de cuidarlo como se lo merece pero cuando lo tuve en mis brazos después de un largo e intenso parto me enamoré de él y me prometí que no dejaría que nada ni nadie nos separara.
Por hoy mi madre lo cuidaría, seguramente ya estaba en casa viendo las noticias esperando a que su nieto se levantara para darle de desayunar y jugar con él.
Yo decidí irme caminando, quería despejar la mente, pero me encuentro perdida en un remolino de pensares que me hacen recordar.
Que día el mío, no puedo dejar de pensar en ti, de como fuiste mi más dulce sueño y de cómo te convertiste en una de mis peores pesadillas de las cuales son tengo salida... Sigo confundida. ¿Cómo te puedo amar y odiar tanto?
Las calles de la ciudad casi vacías están, algunas personas cargan arreglos florales, los llantos se escuchan, los pésames y la oración de un sacerdote decoran el lugar bajo un gran letrero oxidado y en muy malas condiciones que dice en letras grandes "Panteón de dolores".
Siento un nudo en la garganta, deseo salir corriendo, huir de aquel lugar, de mi pasado y así irme a llorar hasta cansarme. Fue entonces cuando tu madre llegó, se ve destrozada y tu padre ni se diga, aunque finja fortaleza se le nota en los ojos el profundo penar de ésta perdida.
Abracé a tu madre para consolarla, no pude evitar derramar lágrima alguna, preguntó por Alonso, ella quiere que mi hijo sepa quién es su padre, pero no. Tu padre me estrechó la mano, al mismo tiempo le di el pésame. Fue así como los tres caminamos hasta una cajón gris plata metálico decorado con flores rojas alrededor. Pude sentir como todos mis recuerdos almacenados en mi memoria se reproducían uno a uno; el día en que te conocí, nuestras pláticas largas, el concierto de Gustavo Cerati al que fuimos, cada abrazo que me diste con delicadeza y cariño, los besos, las caricias, tus miradas sinceras, el caminar juntos de la mano. En contra de mi voluntad llegué hasta ti, mi fa como quedaste, pálido y dormido en un profundo sueño del que es imposible despertar... Y al fina poder decir adiós es crecer.
