Hace tiempo, no me gustaba irme de la vida de la gente sin dar explicaciones. Pero a medida que me he hecho mayor, me he dado cuenta de que un adiós lo complica todo. Que hace más daño. Y que cuanto más intentas volver a como antes estabas más pasos hacia tras das. Ahora prefiero irme de la vida de los demás así, lento, suave, poc a poc. Intentando no quebrar más el cristal roto que nos separa.
La gente puede ser como una droga, puedes hacerte adicto, querer más y más, cuando esa persona, sólo te da menos. No podemos exigirle a la gente que nos dé, si no les damos algo a cambio.
(…)
Me gusta pensar en la oferta y la demanda para estas cosas. Si la oferta aumenta, la demanda bajará. Por tanto si tu tienes mucho amor que dar y poca gente a la que dársela, normalmente lo repartirás, en cambio, si tienes mucha gente, pero poco amor, elegirás unas pocas personas a las que dárselo.
(…)
Ahora mismo, sinceramente, no quiero darle amor a nadie, ni que nadie me dé amor a mi. No quiero tener pareja, solo quiero conocer gente. Conocer gente que me aporte algo, no quiero conocer a gente tóxica o a gente que me vaya a decir adiós a la primera. Quiero conocer gente que tenga las cosas claras y que no tenga temor a olvidar por un rato su vida.
¿Qué si estoy echando a gente de mi vida? A patadas.
Me he hartado de vivir en libertad en una jaula.
Ahora soy yo la que decide por mi, si quiero, si no quiero, si puedo y si no puedo. Yo soy la protagonista que cierra los capítulos.
