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Capitulo 1

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Me desperté sobresaltado, ¡eran las 8:50!  Salté de la cama como si estuviera en llamas, cogí un chandal y una camiseta blanca del armario, y me los puse mientras bajaba por las escaleras. Pegué un par de gritos a mi madre que ya estaba abajo preparando el desayuno.
-¡No ha sonado el despertador! Le dije mientras engullía un tazón de deliciosos cereales de chocolate.
No le dejé tiempo para responder, subí dando zancadas de vuelta a mi habitación, cogí el maillot, las mallas y me colgué las zapatillas de ballet al hombro. Ya estaba saliendo de casa, cuando mi madre me gritó desde la cocina.
-Te paso a buscar sobre las 12.
Articulé un vale mientras cerraba la puerta de un portazo.
Bajé corriendo la calle y llegué a la parada de metro, tenía media hora de trayecto hasta allí, iba a llegar justo de tiempo.
Dentro del metro tuve un momento para respirar y poder pensar un poco. Hace unas dos semanas la escuela de ballet de Victor Ullate había convocado unas audiciones para ingresar en la compañía, y ahí estaba yo. Había tenido que renunciar a la plaza en mi escuela de toda la vida por asistir a esta prueba, era un todo o nada.
Cuando me quise dar cuenta, ya estaba, bajé del metro, las 9:20, tenía diez minutos para inscribirme , cambiarme y calentar, iba a ser dificil.
El edificio era enorme, con unos enormes ventanales, por los que entraba luz a raudales. Atravesé la puerta y me encontré allí. Estaba lleno, había al rededor de unas 200 niñas con ostentosos moños, se oían gritos y carcajadas mirara por donde mirara. Me acerqué a la mesa central, y una mujer con unas enormes gafas de pasta, me entregó un papel sin siquiera apartar la vista del ordenador.  Cuando me di la vuelta, vi que todo el mundo me miraba y se reía, miré a todos los lados, y entonces lo vi, no podía ser, con las prisas no me había dado cuenta de que no me había quitado las zapatillas de andar por la casa. Rojo como un semáforo me quite las zapatillas, entonces alguien se me acercó.
-Hola, soy Rodrigo, ¿vas ha hacer la prueba? -me dijo
De lo avergonzado que estaba, no se como pude articular palabra - Hola... soy Raul, sí, voy ha hacer la prueba.
-Pues si quieres hacerla, esto te vendrá bien. Me tendió un boligrafo de punta fina.
-Muchas gracias.
Rellené cuidadosamente el formulario, y se lo entregué a la secretaria. Le devolví el bolígrafo a Rodrigo quien me dijo:
-Sígueme, te llevaré al vestuario.

Raul Puntera: Historia de un bailarín.Stories to obsess over. Discover now