—A ver, espera, creo que lo tengo. En este texto el narrador es omnisciente...
—No, ¡no! ¿Cuántas veces tengo que repetírtelo? ¡Este no es omnisciente! Si no te centras, ¿cómo esperas aprobar el examen?
Me mira, exasperada. Sus grandes ojos color miel me miran intentando hacerme sentir como un perrito al que le dicen "¡perro malo!" y agacha las orejas. Pero al final se apiada de mí.
—Otra vez. – Dice descubriendo lentamente todos sus dientes en una simpática sonrisa. La orden se ha convertido en costumbre toda la tarde.
—A ver, hay tres tipos de narrador: están el intradiegético y el extradiegético, y luego está el que habla en segunda persona...
—El de segunda no me lo expliques; te lo sabías desde el principio. Además, es muy poco común – dice con una sonrisa, adivinando que iba a empezar por ese para explicarlo.
—Vale. Entonces hay dos tipos... El intradiegético y el... el extradiegético.
—Sé que te sabes los tipos de intradiegético – me interrumpe ella.
-Vaale... Pues hay dos tipos de extradiegético. Uno es el objetivo, que solo describe lo que ve, y el omnisciente, que es el que...
Hay una pausa. Ella sabe que no me lo sé. Suspira cuando advierte que miro el libro de texto de reojo, buscando la respuesta.
Cierra el libro de un manotazo y lo aparta de mi lado.
—Nunca vas a aprender nada si te ciegas y lo memorizas todo. Intenta comprender: el omnisciente es el que lo sabe todo. Los pensamientos de sus personajes, incluso. Todo. Es como un dios todopoderoso. Sabe lo que pasó, lo que pasa y lo que pasará. ¿Cuál es el texto de esta hoja que se podría caracterizar como tal?
Miro el folio una vez más. Incluso se molestó en imprimir unos pocos textos de distintos narradores para que pudiera entenderlo.
—Este.
Me sonríe.
—Eso es. ¿Lo comprendes ya?
—Creo que sí.
Una vez más, sus ojos almendrados me miran, pero esta vez con satisfacción. Se levanta de la silla y se acerca a mí.
—Bueno,creo que ya es hora de irme; llevamos toda la tarde repasando. No te preocupes, te va a salir bien, en serio – me dice mientras me da un abrazo animoso – mañana nos vemos en clase. Si en mitad de la noche te surge alguna duda, ¡no dudes en llamarme! Da igual la hora que sea, de verdad. Para eso están los amigos. Bueno, ¡hasta mañana!
Coge su bolso y se va cerrando con suavidad la puerta. Bueno, todo en ella es suave: el pelo, los andares; incluso su voz. Me doy cuenta de que ahora huele a colonia de chica en mi cuarto. Bueno; hay cosas peores.
Me dejo caer en la cama. Diana siempre ha sido mi mejor amiga; e incluso ahora cuento con sus clases particulares (gratis) aunque ella tenga mucho que hacer o podría estar divirtiéndose en el centro comercial con sus amigas. Ni siquiera me acuerdo de cómo nos conocimos, porque está claro que no encajamos en el ámbito de personas que se esperaría que tuviésemos cada uno como amigos. A mí nunca se me han dado bien los estudios aunque la mayor parte sea culpa de la vagueza y, según Diana, por mi "entorno familiar". Sea por lo que sea, nunca me ha llamado el libro de mates ni he sacado notas brillantes. Es más, si por mí hubiera sido, habría repetido millones de veces. Ella no, siempre con sus buenas notas y su expediente maravilloso. Aún así, es una de esas personas de las que nunca te cansas, porque nunca habla de sus exámenes.
Otra diferencia que nos debería haber distanciado bastante es el hecho de que su familia es adinerada y la mía no. Y no me pongo a hablar de barrios... En fin, que, resumiendo, nos conocemos únicamente porque los padres de Diana quisieron que ella estudiara en un centro público, y da la casualidad de que fue el mismo al que voy yo. Y seguramente fue en infantil, jugando con bloques de madera o haciendo castillos de arena, o lo que hiciéramos a esas edades, cuando nos conocimos, nos caímos bien y hasta ahora, que así seguimos, solo que ahora en el instituto y a punto de pasar a bachillerato si consigo aprobar las que me quedaron en junio. Si consigo pasar, será todo gracias a ella, porque yo no tenía pensado seguir estudiando. Ni siquiera mis padres parecían muy convencidos cuando les dije que iba a seguir estudiando, porque no me van a poder pagar la carrera. Pero ahí estaba ella para convencerles de que tenía que estudiar por mi futuro y esas cosas. En fin, que aquí me veo, la noche antes de hacer los exámenes de recuperación de las asignaturas que me quedaron en cuarto y pasar limpio a bachillerato.
Miro la hoja de papel desde mi penosa posición y me pongo a repasar los tipos de narrador. O sea, que ahora mismo soy un narrador intradiegético protagonista, que consiste en que su propia vida es el centro de su relato... Pues me alegro de serlo, porque de lo contrario nadie creería la historia que voy a contar.
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Omnisciente
Novela JuvenilMe llamo Jorge. Diana es mi mejor amiga desde que nos conocimos hace no se sabe cuántos años. Sí, es guapa, amable, inteligente... Pero sobre todo es cabezota. Y debido a eso, he seguido estudiando, porque cree que es lo mejor para mí. Pero desde el...
