Ein se encontraba en el patio trasero de su casa, el día estaba nublado tal y como le gustaba, se recostó sobre la banca de madera para apreciar el cielo. Su madre no estaba en casa, llamó diciendo que se quedaría a trabajar hasta tarde y su padrastro se había ido a beber como era su costumbre de todos los viernes. Sólo se encontraba con su gato Noah que se acercaba cauteloso para después treparse en él y recostarse en su vientre.
- Ojalá comience a llover - pensó mientras acariciaba a Noah. Del otro lado de la valla de madera se podía escuchar a Eli, su vecina, que tenía como hábito ensayar todas las tardes con su banda en el garaje de su casa; esto ya no le molestaba a Ein ya que era costumbre escucharlos desde hace un par de meses atrás y había llegado a un punto en el que sabía todas las canciones de memoria
- Debería audicionar para unirme a ellos, estoy seguro que sería mejor que el idiota que tienen como vocalista ahora - su celular comenzó a sonar interrumpiendo sus pensamientos, sacó el celular del bolsillo de su pantalón y vio en la pantalla el nombre de Dustin, había mandado un mensaje que decía: "¿Ya vienes? Te estamos esperando." A lo que Ein contestó: "Lo siento pero ya no estoy con ánimos de ir, en otra ocasión los acompaño... saluda a Issy de mi parte."
Guardó de nuevo el celular en su bolsillo que al poco rato volvió a sonar y en esta ocasión Ein no se molestó en revisar, estaba concentrado en el cielo contando cuántos tonos de gris podría encontrar en aquel inmenso paisaje, suspiró, una gota de agua calló en su rostro.
- Deberíamos de entrar a la casa Noah... sería pésimo si nos enfermamos - dijo sarcástico al gato que al poco tiempo se levantó y corrió hacia la puerta de la casa, Ein lo siguió.
Los escalones del porche crujian cuando Ein los subía - uno, dos, tres - contó para si; escuchaba a sus espaldas como las gotas comenzaban a caer de manera más constante y golpeaban las hojas de los árboles al igual que la tierra y uno que otro balde de metal, en el porche de la casa había una mecedora de madera en la cual Ein dispuso a sentarse.
Desde ahí se podía ver todo el jardín de extremo a extremo, desde el camino de piedras que conducía a un columpio hecho con una cuerda gruesa que pasaba por la rama más alta del fresno, la banca de madera a la sombra de éste, el pequeño invernadero de su madre y más adelante comenzaba la valla de madera que separaba la casa de Eli de la suya, todo el suelo cubierto por el pasto verde que había sembrado su padre a principios del año; con forme pasaban los minutos Ein ya se empezaba a percatar de ese aroma peculiar a tierra mojada, esto era lo que más le gustaba de los días lluviosos. Cerró sus ojos e inhalo profundamente conteniendo el aire por unos segundos, después exhalo lentamente y permaneció así por unos momentos.
La brisa era fresca, podía sentir como el aire movía sus cabellos negros de un lado a otro, Noah se encontraba ya dentro de la casa pero Ein decidió permanecer un poco más en la mecedora, el viento comenzó a enfriarse y sus dedos perdían el calor poco a poco. Volvió a cerrar los ojos momentáneamente cuando de repente una ráfaga de aire golpeó con fuerza las ventanas de la casa y la puerta se cerró con fuerza.
Sobresaltado Ein abrió los ojos y encontró parado frente a él una alta figura oscura, al observarla detenidamente dio por hecho que era un hombre de aproximadamente 1.84 m, considerablemente más alto que Ein, (él sólo media 1.69 m) vestía una gran túnica negra con capucha que cubría todo su cuerpo, unos zapatos elegantes bien lustrados y portaba una máscara hecha de un metal opaco que sólo le permitía mostrar su boca.
- Saludos Ein, un gusto conocerte en persona - hablo el hombre encapuchado con voz dulce y sosegada.
- ¿Quién eres tú y cómo sabes mi nombre? - preguntó con tono calmado. Estaba confundido ¿Cuándo había llegado ahí? ¿Cómo es que no lo había visto antes? ¿Qué quería? ¿Alguien lo había enviado? ¿Sería un vecino queriendo hacer una broma pesada? No, conocía muy bien su vecindario y jamás había visto a una persona parecida, Demonios~. Se produjo un silencio entre ellos, sólo se escuchaban las gotas caer sin cesar alrededor de la casa. Finalmente el hombre sonrió.
- Es irónico que le preguntes a alguien enmascarado quién es, si quisiera ponerte al tanto no habría necesidad de usar una máscara, ¿no lo crees?, además mi identidad no es algo relevante en estos momentos - dijo agitando su mano en forma de negación, dio unos pasos en dirección a los escalones del porche dándole la espalda al chico -. Vine aquí para hacerte una propuesta Ein, una de la cual no podrás negarte a aceptar.
Ein tragó saliva.
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Ein Stein
FantasyUn chico conoce a un hombre bastante peculiar en el porche de su casa que lo dota de una habilidad que pone su vida en riesgo, tiene el tiempo contado, desesperado por hayar una cura, Ein y sus compañeros hacen todo lo posible para salvar sus vidas.
