Introducción

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Mientras deambulaba por la playa, con las manos en los bolsillos y planeando exhaustivamente su próximo viaje, tropezó accidentalmente con un hombre mayor que estaba acomodando su tarraya; lo hacía antes de que el sol terminara de desaparecer por completo. Las miradas de ambos se cruzaron y no hubo más que un silencio incómodo entre los dos hombres. El viejo se quedó observando el horizonte y luego dirigiéndose a Petersen, dijo:

—¿Alguna vez ha oído hablar de parajes encantados? Existen muchos cuentos, sí. Pero casi ninguno habla sobre islas hechizadas. —Acabó enderezándose—. Hay una en particular, está a pocas millas de aquí... Nunca cesa la tempestad en sus alrededores y da la impresión de que siempre es de noche. Los barcos que se acercan a aquella isla terminan naufragando por alguna extraña razón y la tripulación desaparece por los cantos de las sirenas. Nadie nunca ha logrado conseguir el tesoro que ocultó ahí un viejo alquimista —explicó—. ¿Tú serías de los insensatos, que por ambición, se atrevería a iniciar un viaje del que no regresaría jamás?

Petersen no respondió, las palabras del anciano no lograron perturbarle, sino más bien despertaron su interés. El viejo lo escudriñó con sus ojos cansados y tras mover su cabeza levemente, decidió retirarse, pues ya se estaba haciendo de noche. El corsario permaneció de pie en el mismo lugar, viendo como la figura casi encorvada de aquel pescador se perdía entre las sombras que iban apoderándose de todos los rincones de la playa.

Estaba decidido. A la primera hora del día siguiente partiría en busca del tesoro que ocultaba la isla maldita a las que todos los demás temían.

Leyendas del Mar (en hiatus)Stories to obsess over. Discover now