Harry sufrió un escalofrío.
Retrocedió un paso y estudió con mayor detalle el cuerpo, aún colgado del cuello con los cables de la lámpara. Pasaría por un cadáver cualquiera, al igual que el caso; de no ser porque la víctima mostraba la lengua de fuera y tallada en diamante negro. Era como si la bruja en cuestión hubiese nacido con la lengua de dicho material. No eran incrustaciones de diamante, o que el miembro tuviese ese aspecto. Es que el miembro era eso, diamante negro.
—Qué horror —murmuró y sacudió la cabeza—. Ni siquiera ella se merecía esto.
No, ni ella.
Pansy, antigua integrante de la casa Slytherin le dedicaba la más espantosa mirada que podía regalar un ser humano. Crudo terror era lo que se reflejaba en sus pupilas dilatadas, vidriosas, carentes ya de toda vida.
Harry apartó la mirada de esos ojos que lo ponían nervioso y prosiguió a comprobar por tercera vez, que la mujer había sido atacada primero, al clásico estilo muggle: con un jarrón roto sobre su cabeza. Había quedado inconsciente y al despertar, se había encontrado desarmada y a merced de su agresor. No obstante la pregunta persistía. ¿Cómo diantres le habían transfigurado la lengua? En todo el tiempo que Harry llevaba como auror, no conocía ningún hechizo que hiciese algo parecido. El único indicio de magia en el ambiente era quizás, el de un encantamiento insonorizante. Suspiró. Faltaba ver si Anabella hallaba algo.
Anabella era una aurora italiana que había llegado a Londres tras una desilusión amorosa. Harry lo sabía no porque fuesen amigos íntimos, sino porque la bruja parloteaba hasta por los codos sin importarle narrar su vida privada. Y por desgracia, era la compañera laboral de Harry.
Repasó los fragmentos del jarrón regados cerca de la entrada. Entonces, hubo un potente «¡Crack!» que lo hizo girarse al instante.
Anabella acababa de llegar, con una pinta que dio a Harry pena ajena. El pelo azabache se desgreñaba en todas direcciones, oscuras ojeras se extendían bajo los ojos marrones. La túnica mal abotonada, dejaba entrever el pijama que continuaba enfundándola.
—¿Qué hay? —expresó a modo de saludo. Pese a la distancia que los separaba, Harry pudo sentir el tufo a alcohol.
—Anabella, por Merlín —se alejó otro paso—, estás ahogada en alcohol.
—Tuve una mala noche, ¿de acuerdo? —se enfurruñó la muchacha—. Pero no estoy ebria, si es lo que crees.
Harry arqueó una ceja, escéptico.
—¿Y cómo se le dice a tu estado?
—¿Chica con crisis depresiva? —sugirió y se encogió de hombros—. Vamos Harry, que no eres il mio padre.
—¡No, pero trabajas conmigo! ¿Cómo se supone que resolvamos esto si estás...?
—¡Por las barbas de Merlín! ¿Eso es diamante negro?
Harry imploró paciencia a las alturas. Anabella sacó su varita y con la punta toqueteó la lengua de Pansy como si tal cosa.
—Diamante puro —comentó fascinada—. Genial, ¿cómo habrán hecho esto?
—Es la misma pregunta que me hago yo.
Prosiguió a compartir las pistas encontradas y la forma en la que la víctima había sucumbido.
—Mmm... —Anabella se rascó la cabeza con gesto severo—, ¿tienes un dulce de menta?
—¿Eih?
—Eso. Que si tienes un dulce de menta. No voy a darte mis conclusiones con este aliento. Vomitarás.
Harry estuvo de acuerdo y le alcanzó lo que pedía.
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Black Diamond
Fanfiction«Ven ya, ¿Qué es lo que deseas más? ¿Qué es lo que buscando estás? Será acaso el calor de mis manos... Y así, entre las facetas mil, de la noche te hallaré. Como un diamante negro Para ti brillaré.» https://www.youtube.com/watch?v=4CJDNUtM088 Sin á...
