Prólogo

25 3 0
                                        

Año del señor de 968. Birka.

El hogar al que se llega de adulto no guarda ya ningún parecido con el que vimos de niños. Las calles no cambian, las gentes se ven comprometidas en las mismas rutinas. Las mujeres en sus quehaceres, los niños en sus juegos, los hombres en sus charlas. Las casas, tan familiares. Los olores, tan conocidos, tan propios, tan ajenos...

La soledad es mi nueva compañera. Donde otrora hubiera alegría ahora reina la más absoluta tristeza.

Mañana salgo de nuevo hacia lo que ahora llamo mi hogar, hacia Grönland, pero dejaré este escrito aquí, en la pequeña habitación donde pasé mis primeros años de vida. Sé que será aquí donde lo buscarás, Siv. He de asegurarme de que lo encuentras. Junto a él, hallarás todos los demás, pliegos y pliegos en los que he invertido tanto tiempo, desde hace tantos años. Tal vez ellos sean capaces de hacerte ver lo que yo no pude.

No busco tu perdón. Me heriste y arrebataste lo que para mí era importante. Jamás lo entendiste. No hay arrepentimiento por ninguno de mis actos, pero al contrario que tú, yo sí siento la necesidad de explicarte por qué.

Por qué me alejé de ti. Por qué despertaste en mí el temor más ciego que un hombre puede sentir.

Sin embargo, cuando sé que ya no volveré a verte más, es imprescindible que sepas que has perdido. Que nunca tuviste la más remota posibilidad de vencer. Sé que no puedo aspirar a tu comprensión. Sé que pensarás que soy un traidor. Aunque, simplemente, he escuchado a mi corazón y he avanzado junto al mismísimo tiempo, que sigue cambiando.

Las personas han de navegar hacia su propia salvación. Sé cuál es la mía ahora y, aunque solo sea por el pasado que nos une, espero que puedas entender cuán importante es para mí esta salvación y esta paz de espíritu. Y para los míos. He dado permiso al arzobispo Unni para que construya la primera iglesia en Birka.

Sé que no nos encontraremos más allá de esta existencia, y sé que no querrías ya abrazarme por última vez. Ya no queda entre nosotros más que una despedida que no quisiste aceptar de mí cuando partí de Grönland.

Por lo tanto, solo me queda invitarte a comprender. Lee lo que gustes; de todo ello, quédate con lo que te convenga.

Y, sobre todo, trata de ser feliz. ¿Lo has sido alguna vez?

Tu hermano,

Einar Leifsson.

Mi primer instinto fue arrugar el papel, soltar un gutural alarido y golpear la mesa con el puño. Ese fue el instinto de quien habita en mí, pues la mujer humana cayó de rodillas sobre el suelo de madera, levantando una nube de polvo, se llevó la mano al pecho y se desgarró en llanto, sin importarle nada más. Porque no, no era feliz. No lo era ahora ni lo había sido en los últimos años... En toda su vida. No lo había sido pero jamás se había parado a pensar en ello porque, sencillamente, no había tenido tiempo. Estúpido niño mimado. Estúpido, estúpido Einar.

Me había acostumbrado a aquel aire frío como de muerte que se levantaba estuviera donde estuviera. Me había acostumbrado a que aquel aire me envolviera e incluso me hiciera sentir cierto calor, qué irónico. Me había acostumbrado hasta tal punto que no me moví ni un milímetro, no cesé en mi llanto ni aplaqué mi dolor, pues, tras casi cincuenta años poco había ya que él no supiera de mí.

Me quitó el papel de las manos con cuidado, sin apenas rozarme, sin dirigirme ni una sola palabra, mientras mis mejillas ardían con el calor de aquellas lágrimas que no dejaban de manar, aguijoneándome por dentro.

Supuse que sus ojos de hielo escrutaban la nota una y otra vez, frenéticos; su mente, como la mía, negando la evidencia.

Habíamos perdido.

Habíamos llegado tarde.

Era inconcebible, y a la vez real, la voluntad de los dioses había sido truncada por un mortal al que yo misma había criado, por el que había luchado, al que había acompañado a las más gloriosas de las victorias. Le había dado un reino y una nueva tierra. Le había llevado de la mano al otro lado del mundo para que expandiera sus dominios. Lo había convertido en lo más cercano a un rey. Tenía un destino perfecto, intachable y trepidante frente a él y de pronto... Lo arrojaba todo por la borda.

Me sobresaltó el sonido del papel al arrugarse, vi las runas perderse entre los surcos de la rabia. Reprimí un sollozo mientras hacia acopio de todas mis fuerzas para incorporarme, sujetándome a la mesa de nuevo, logrando mantener el equilibrio sobre unas piernas que a duras penas me sostenían.

-Nos queda Uppsala... Aún nos queda Uppsala... -balbuceé, notando bajo mi mano cómo mi pecho subía y bajaba -. No han llegado a Uppsala... No han mancillado el santuario.

Kári asintió, sus botas resonaron sobre el suelo de madera, el polvo de los tiempos se alzó para envolvernos, me puse en pie. No miré alrededor. Birka ya no importaba. Birka, y mi hermano, habían claudicado. 

-Recoge los diarios. Vámonos de esta maldita isla.


-----N/A ------

Para los nuevos lectores: la primera parte de la historia la encontraréis en https://www.wattpad.com/story/46877198-vidrio-violeta

A los nuevos y a los antiguos: Espero poder mantener el ritmo de un capítulo cada semana y media. Disculpad los retrasos, este año andamos más justas de tiempo ;)

Y... ¡A ver si se va quitando la vergüenza a votar y comentar! :D

Tack!

-Maggie

Martillos en la OscuridadWhere stories live. Discover now