¿Y quién te dijo que la soledad es mala?
¿Es acaso una manía estar acompañados todo el tiempo?
Mientras la soledad se hacía presente, mi alma sollozaba lentamente.
Dependía tanto de la compañía, dependía de él y sus caricias.
De sus buenos días y de sus buenas noches.
De sus cumplidos simples pero dulces.
Una dependencia emocional extrema y enfermiza.
Cuando sufres de verdad, aprendes de verdad.
Eso fue todo, sufrimiento por años. Angustías y desdichas. Desesperanzas y frustraciones.
Y la dicha soledad.
La odiaba profundamente. La odiaba cada día. No quería ni mencionarla.
Las palabras se convirtieron en mi mayor consuelo.
Y ahora me encuentro aquí, intentando explicar este escenario de confuciones.
Quiero contarte mi reconciliación con la soledad.
Dame unas horas, esten desgastadas o no al final puede que todo valga la pena.
Estas decidido a darlo todo. Esta persona es especial hasta la médula, mientras que tú solo terminas siendo una parte del rompecabezas de sus amores pasajeros.
Tienes la opción de darte por vencido ahora, y rindete a sus pies a rogarle o bien, encierrate en tu habitación ponerte frente al espejo y date una bofetada por estar mendigando amor.
Empieza a valorarte, ten amor propio. Porque solo entonces sabras lo que es amar con intensidad.
Necesitas amarte, necesitas ser el amor de tu vida. Para que cuando quieras ser el amor en la vida de alguien más tengas en cuenta lo que mereces y lo que debes dar. Ni más ni menos; todo con medida.
Tengo historias que valen la pena, unas tienen finales extraordinarios y otras desastrozos.
Yo estoy aquí, quiero contartelo todo. Eres como mi diario sobre las lecciones que me ha dado la vida. Si sabes observar puedes aprender.
Fue a finales de 1,998 Era demasiado inocente, ingenua hasta no poder más. Estaba a punto de entrar a los básicos, todo iba bien. Yo era feliz, eso solía decir. Disfrutaba el tiempo con mis amigos. Nos pasabamos los chismes del día a día y platicabamos en clase hasta que los maestros enfurecían. Un día de agosto mi amiga Clarisse vio a un chico encantador. Iba un grado menos que el nuestro, era alto y piel aceitunada. Tenía ojos grandes y oscuros igual que su cabello. Solía llevar el cabello alboratodo y su uniforme lucía rebelde. Era tipíco de los chicos rudos.
-vamos Alexa, hablale al chico esta guapisimo- dijo Clarisse con alegría y suplica.
-tienes que darme algo a cambio- dije mostrandome indiferente.
-te daré el número de su amigo- dijo en burla.
-ja ja... vas a pagarla caro- le reproche poniendo los ojos en blanco.
Iba de camino hacía él cuando me tope con otro chico, este era blanco con el cabello negro. Delgado y alto llevaba el uniforme bien arreglado y, hasta me atrevería a decir que planchado.
-lo siento- dije sonrrojandome.
-no hay problema, me llamo Gustav- dijo mientras me tendía la mano. La tome y le dije -hola, mi nombre es Alexa-
Me observo con duda y dijo:
-¿es Alejandra o Alexa?- Alexa, solo Alexa le dije y sonreí.
-Voy con mi amigo, ¿me acompañas?- dijo. -claro, vamos -le dije
Mientras caminabamos me contó que iba un grado menos que el mío y que le costaba la literatura hasta donde ya no. Le conté que odiaba la mate y él sonrió con superioridad, me contó que era el mejor en matemáricas.
Al llegar con su amigo me asombre, era el chico al que tenía que hablarle -tonta Clarisse- dije en mis adentros.
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Laberintos Del Pasado
General FictionRealmente es insensato darle toda la atención al amor. Me he desbordado en poesía y me he quedado con el alma confusa. El dolor hace estragos pero te hace crecer, puede provocar que tu existencia valga. Que valga algo, y no de pena. No esperes una h...
