I Gabriel

1 0 0
                                        

Gran Teatro del Liceo de Barcelona, 7 de noviembre de 1893, 10:56 pm.

María y yo nos apresuramos a bajar las escaleras del "paraíso", es decir del quinto piso, abarrotado de señoritas abanicándose junto a caballeros con frac. Ella hace lo propio, agarrada a mi brazo, intentando seguirme el ritmo sin tropezar con la falda de su vestido de organza.

-Oh, tranquila, no corramos tanto, a ver si te vas a descalabrar-ambos nos carcajeamos, y María niega con la cabeza rizada, adornada con una pluma azul de pavo real.

-No, de ninguna manera, si ya está todo el mundo sentado-en efecto, al llegar a la platea, su padre nos lanza una mirada de reproche mientras nos situamos,algo avergonzados, en nuestras respectivas butacas de la fila trece. Justo entonces se abre el telón.

El segundo acto comienza cuando entra en escena una partida de caza,
con damas y caballeros acompañados por soldados. En un momento dado, oyen el sonido de los pastores que regresan de las colinas al caer la noche.
Se marchan, y Nicolás, el hermano menor de María, bosteza sin ningún reparo. Su madre, doña Pura, le propina un golpecillo seco y veloz en el hombro con su abanico cerrado, asesinándolo con sus iris cafés. El chico suelta un quejido y un profundo bufido, expresando su hastío y si aburrimiento.

Se me escapa una risita. Pobrecillo, sus enormes ojos verdes, idénticos a los de su hermana, luchan por no cerrarse definitivamente tras cada parpadeo. Y eso que aún vamos por la mitad de la obra.

-¿Crees que aguantarás hasta el final, o te quedarás como un lirón hibernando?-le susurro al oído, rozando, momentáneamente, mis dedos con su antebrazo. Él se estremece, enterneciéndome aún más. El calor me llena el pecho, acompañado de un hormigueo tan placentero como extraño. Nico se hace querer, cómo no, con lo gracioso, espabilado y bonachón que ha salido. Pero algo tan intenso como lo que acabo de sentir... No lo entiendo. No parece muy normal.

-Oh, venga, diles que tenemos que ir al excusado y vámonos a tomar un café. Además, esta parte es tan aburrida...

-¡Chist!-suelta doña Pura, llevándose su índice enguantado a los labios. Nicolás se vuelve hacia su madre, alertado por el gesto, y me mira de nuevo, suplicante. Me río de nuevo, levantando una pequeña oleada de más gente chistándonos detrás de nosotros. Yo no hago caso, embelesado por los pucheros del zagal. Es tan dulce...

Nicolás cumplió dieciséis años el mes pasado, y sus rasgos han comenzado a abandonar progresivamente la niñez. La mandíbula del rostro ovalado se ha vuelto un poco más marcada y el mentón, menos cerrado, pero los labios llenos y carnosos, junto a esas cejas pobladas y esos ojillos verdes, siguen dotados de ese aura inocente que me vuelve loco. "Diablos, está para comérselo", pienso de repente, sin malicia ni conciencia de lo grotesco que suena eso en la boca de un hombre dirigiéndose a otro.

-¿Qué me dices?

-¡Cierra el pico de una vez, charlatán!-farfulla su padre, don Rogelio, asesinándonos casi a través de sus lentes redondas y frunciendo los labios por debajo del bigote.

-Espera, al menos, a que termine el segundo acto. Ya nos encontramos en la mitad , así que seguramente habrá un descanso-musité cerca de su lóbulo. El joven profiere un bufido de fastidio, y a mí me da otro acceso de hilaridad. Mi padre, a mi derecha, me dirige una severa mirada de advertencia, por lo que intento serenarme mientras, en el escenario, Mathilde canta con voz clara y armónica, acompañada de la orquesta de violines y chelos: "Sombre forêt, désert triste et sauvage..."

¡¡¡BROOOOOM!!!

El sonido se procesa en mi mente a la misma velocidad vertiginosa que todo lo que ocurre inmediatamente después.

Se ha detonado un explosivo.

Las mujeres chillan.

Todos nos lanzamos hacia un lado, aterrorizados, precipitándonos unos sobre otros.

Me caigo de bruces en medio del pasillo. Miles de pies me aplastan y me patean cuatro segundos antes de que sea capaz de incorporarme.

Alzo el mentón justo a tiempo de presenciar el aterrizaje de una esfera negra sobre la falda de una mujer inerte a mi lado. Acto seguido, dicho artilugio va al suelo, pero el horror me embarga demasiado para que pueda desviar la mirada del cadáver femenino y prestar atención a esa bola.

María.

-¡María!-aúllo, tomándola en brazos, pero apenas oigo mis propias palabras en medio del alboroto generalizado. La cara, las manos y la espalda me arden, pero yo corro como un gamo, empujado por la multitud, hacia la salida, aferrado al cuerpo flácido de mi novia.

Vous avez atteint le dernier des chapitres publiés.

⏰ Dernière mise à jour : Apr 03, 2016 ⏰

Ajoutez cette histoire à votre Bibliothèque pour être informé des nouveaux chapitres !

MaremágnumOù les histoires vivent. Découvrez maintenant