Prefacio

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21 de Diciembre

—¡Mamá! ¡Mamá! ¡Está nevando! —exclamó la pequeña de tan solo siete años al presenciar las primeras señales del invierno.

—Lo sé cariño —dijo su madre con ternura mientras se colocaba detrás de la niña, que tenía las manos contra el vidrio de la ventana.

—¿Puedo salir a jugar? —pregunto esperanzada, tal y como lo hace un niño cuando pide el juguete que ha estado anhelando por mucho tiempo.

—Claro, ve y ponte tu abrigo —la niña dio un brinco y se dirigió corriendo al perchero.

Tomo su viejo abrigo azul, lleno de enmiendas y costuras. Se lo puso rápidamente y salió presurosa. Ni bien puso un pie sobre la nieve sintió los copos chocar contra su rostro y una enorme sonrisa se dibujó en su rostro. Corrió, se tiro sobre la nieve y movió sus brazos y piernas en un intento de hacer un ángel.

La madre miro a su hija enternecida y se dispuso a seguir tejiendo el suéter azul que había estado planificando meses atrás.

La pequeña corría emocionada mientras la nieve se acumulaba más y más. Su felicidad era inmensa. La madre daba los últimos retoques al suéter y bordaba en blanco el nombre de la niña.

—Cariño, hora de cenar —dijo la mujer mientras veía a la niña poner una rama como último toque para su muñeco de nieve.

—Esta bien —corrió hasta su casa, entro y colgó nuevamente su abrigo en el perchero.

Se dirigió hasta la pequeña mesa metálica de dos sillas que se encontraba en el centro de la habitación, se sentó en ella y comenzó a balancear los pies mientras miraba a sus zapatos.

—A comer —dijo su madre mientras colocaba el plato de sopa de verduras frente a la niña.

—Mami, ¿tú no vas a comer? —pregunto la niña mientras veía a su madre colocar más leña al fuego de su chimenea.

—No, no tengo hambre —dijo la madre mientras arrojaba el último pedazo de madera al fuego.

—Oh —se limitó a decir la niña mientras comía lo poco que quedaba de sopa en el plato metálico.

La madre levanto el plato junto a la cuchara una vez que la pequeña terminó de comer y entro junto a un pedazo de pastel acompañado de una pequeña vela.

—Feliz cumpleaños, mi niña —la niña salto de la silla y corrió hasta su madre para abrazarla.

—¡Gracias!¡Gracias!¡Gracias! —exclamó mientras repartía besos en las mejillas de su madre y esta reía —¿Cómo lo conseguiste?

—Le dije a la señora de la panadería que nos guardara uno hasta que consiguiera el dinero para pagarlo y...—pensó un momento —ayer mi jefe me dio un dinero extra por mi esfuerzo y fui directo a comprarlo —la niña comenzó a comer el trozo de pastel animadamente —. Hay más en la cocina —la niña sonrío entusiasmada.

—¡Eres la mejor mamá del mundo! —exclamó feliz.

—Y tú la mejor hija del mundo —la abrazó —. Ten esto también es para ti —le alcanzó el suéter azul. La niña salto emocionada y se lo puso rápidamente.

—¡Gracias mami! —dio vueltas en su lugar —. Me queda perfecto —la madre río ante el comentario de la niña, le hacía bastante grande, pero cuando creciera le quedaría bien.

La niña abrazo a su madre una vez más y se separó solo unos centímetros para darle un beso en la mejilla.

—Mami, ¿y tú medallón? —pregunto al no ver al ángel dorado colgando del cuello de su madre.

—Seguro lo deje en la cocina —dijo la madre con nerviosismo —. Mira, el suéter tiene bordado tu nombre —cambio de tema.

—¡Quiero ver! —exclamó. La mujer dio vuelta el dobladillo del suéter y le mostró las letras bordadas en color blanco junto a un delicado copo de nieve al lado.

Neige

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—Arabella. Xx

WinterWhere stories live. Discover now