A ella le gustaba observar la lluvia por la ventana y le complacía escucharme llamarla «mi niña».
Le gustaba que tocara para ella la guitarra y le cantara canciones de cuna. Solamente para ella.
A mi siempre me pareció que ella era como el otoño: sus esperanzas caían ante cualquier cambio, igual que las hojas de los arboles al acabar el verano.
Ella era infantil, y a veces me irritaba con sus burlas tontas y su energía excesiva.
Aunque su 'infantilismo' llegó a su fin una calurosa noche de verano, cuando me abandonó.
Supuse que la razón había sido, que a ella no le había gradado que esa noche no quisiera deleitarla tocando unos acordes para ella.
Ella era Stephany, y era terriblemente caprichosa.
