En el departamento uruguayo de Treinta y Tres, hace algunos años, Virginia sintió en carne propia cómo la tranquilidad se esfumó de su vida en un abrir y cerrar de ojos de la mano de la llegada de algunos intrusos. Lo más perturbador de esta historia es que esos visitantes que irrumpieron en su habitación no eran de este planeta.
Virginia trabajaba en un establecimiento rural, una pequeña y tranquila localidad al oeste del departamento de Treinta y Tres.
Durante la noche del 10 de abril del año 1974, a eso de las 22:30, comenzó a escuchar un sonido extraño proveniente del exterior de la casa, más precisamente del otro lado de la puerta de entrada del dormitorio en el que se encontraba, como si un perro estuviera rasgándola. Si bien en ese campo había varios perros, le llamó la atención que alguno de ellos quisiera entrar a su dormitorio porque nunca lo hacían. Pensó en despertar a su compañera, Nora, que dormía en una cama a su lado, pero se arrepintió, y se quedó quieta, con la mirada fija en la vieja y desvencijada puerta de madera.
Finalmente, Virginia decidió restarle importancia a esos rasguños y, después de un rato, se dejaron de escuchar. Minutos más tardes se quedó plácidamente dormida. Horas después, a eso de las 02:30 de la madrugada, volvió a despertarse por otro ruido que no provenía de la puerta sino de la ventana del dormitorio. Virginia, que a esa altura comenzó a preocuparse, se incorporó en la cama y miró hacia la ventana que estaba abierta de par en par. Esto le pareció extraño porque ella misma la había cerrado antes de acostarse. Por otro lado, la noche estaba más calma que nunca, hecho que descartó inmediatamente la hipótesis de que aquello hubiera sido producto de un fuerte viento.
En este momento ocurrió algo que la dejó al borde de un infarto: divisó una silueta recortada en la penumbra de la noche, parada del otro lado de la ventana. Debido a la escasa luz de la luna que reinaba en el ambiente no pudo verla con nitidez, pero lo que sí logró distinguir fue que aquello que la contemplaba desde la oscuridad no era un ser humano.
