El Jarrón

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Todo hoy me parecía triste. Y el rumor entre las sabanas era precisamente eso, un rumor. Y entonces me levanté, y lo ví. Parecía tan frágil, y a la vez tan solemne, como si estuviera riéndose de mi. Parecía como si no le importara lo más mínimo lo cerca que estaba de caerse y el hilo tan fino del que pendía su vida. Parecía que un leve soplo de viento podía tirarlo, y a la vez, parecía, que aguantaría mil años más en la misma paz y calma.
Parecía que quisiera parecer otra cosa. Parecía que no fuera un simple jarrón. Y parecía; que en cualquier momento, abriría los ojos. Y me diría, que me equivoco.
Tal vez me preocupara de más, quizás no supiera siquiera de mi existencia. Perdía el tiempo.
Lo miré una última vez, con deseo y miedo, sin saber que podía esperar ni que podía aguardar. Perdía el tiempo.
Di media vuelta, tal vez dolido, tal vez con hambre, continué deambulando por los pasillos de camino a la puerta, en aquello nada tenía sentido.
El sonido del cristal volviéndose añicos inundó las paredes, supe que se había caído, que en un vano intento de alcanzarme; se había perdido en si mismo.
A fin de cuentas, no había perdido el tiempo.

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