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En los 20 años que llevo trabajando como investigadora, nunca imagine que estas cosas eran posibles, que algo de esta naturaleza podía ocurrir.

Generalmente, cuando nos sentamos en un banco de cualquier plaza podemos observar el proceder de la vida con total naturalidad, como si se tratara de caminar y respirar nada mas, reír, llorar, dudar y todas esas emociones humanas tan similares no importa en el huésped en el que se ubiquen, incluso animales y plantas viven esta naturalidad compartida dentro de nuestro plano material, no por el valor de las cosas como objetos, sino por lo tangible que es este mundo en el que existimos, es decir, si el suelo se sacude también se sacudirán nuestros cuerpos, recipientes frágiles pero muy vitales. En mi profesión, lo normal es ver la fragilidad de estos cuerpos, conozco muy de cerca lo que significa perder la vida en segundos y muchas veces también he visto el resultado de una decisión como el suicidio, me preguntaba que los impulsaba a tomar una determinación de esta magnitud, terminar con sus propias vidas, en ocasiones se les llama cobardes o personas muy valientes, en fin ese no es el punto sino que sintieron, a que le temían o cual fue la causa certera de este proceder, muchas veces cuando les preguntaba a las familias ellas no podían entender, era como si de un día para otro algo los poseyera y los hubiera impulsado a la muerte, muchas otras no lo creían en lo absoluto y culpaban a, como solemos decir, un tercero, y otras simplemente ya lo veían venir, pero finalmente yo siempre encontraba una causa razonable, una especulación que determinara la lógica de los casos, algo que rebelara la razón de la situación, esa rutina que estaba acostumbrada a observar en cada vida, el mismo razonamiento humano al que ya estaba tan adiestrada, la capacidad de descubrir los puntos débiles de cada personalidad, de encontrar las tristezas en una sonrisa perfecta, las inseguridades en las decisiones mas fuertes, es fascinante saber definir con tan solo un movimiento involuntario de un musculo facial cual es la emoción que se esta sintiendo, si esta nervioso o preocupado, cual es su verdad o su mentira.

De pequeña siempre fui buena reconociendo a las personas, mi madre es fiel testigo de eso, algunas veces me vi advirtiéndole sobre algunas personas, pidiéndole que fuera cuidadosa con la confianza que depositaba en ellos y no se si era por mi edad pero generalmente hacia caso omiso a mis avisos quizás quería arriesgarse al fraude. En ocasiones las personas experimentan una agradable sensación ante el fracaso o la perdida, en algunas relaciones amorosas el sentimiento de pérdida continuo generado por discusiones ayuda a enlazar mas las emociones entre ambos, como si la sensación de muerte les diera un susto y les haga recordar el amor, en tal caso la frase "del amor al odio, un paso" podría tener una lógica, aunque debería cambiarse la palabra "odio" por la palabra "miedo" . En una de las ocasiones en las que advertí a mi madre sobre una persona, esta pareció escucharme y con toda calma me dijo que dejaría que las cosas pasen y si yo estaba en lo correcto entonces para la siguiente ocasión prestaría más atención. Me quede sorprendida con esa respuesta ¿porqué?, se lo estaba diciendo como muchas veces anteriores en las que ella misma ya había podido comprobar que lo que decía podía resultar cierto y de todos modos se arriesgaba otra vez, como ultima vez, como si hubiera estado poniéndome a prueba todo ese tiempo y esta era la prueba final y como era de esperarse sucedió lo profetizado pero esta vez mi madre me dijo algo, lo único que no pude descifrar en todos los años en los que estuve investigando acontecimientos, algo que a pesar de todo el tiempo transcurrido nunca pude dejar de pensar, y es que a veces tener una habilidad muy desarrollada puede limitar a una persona o a un pensamiento frente a otras cosas, como un científico no puede creer en un dios sin buscar una explicación lógica, algo similar fue lo que experimente con esas palabras que rebotaban en mi mente cada noche cuando la oscuridad daba paso al silencio en medio del caos de la ciudad.

Estaba en mi oficina leyendo el periódico del día, con mi habitual café negro sobre el escritorio averiguando que buenas nuevas traía esta jornada cuando recibí la llamada, en cuanto conteste sabía que era por algún trabajo asi es que me dispuse a ayudar en todo lo que fuera posible, la voz del otro lado pareció agradecida por mi disposición tan inmediata ya que en la ciudad mi prestigio era bastante bueno por ser casi cien por ciento certera en mis casos, me dio una dirección y una hora de encuentro para el día siguiente pero no me dijo su nombre, no me sorprendí ya que en otras ocasiones ya había tenido clientes que preferían guardar su identidad hasta el punto de encuentro por situaciones de riesgo, termine la llamada y di aviso a mi ayudante Antonio, de 36 años, algo retraído, pero de mente muy brillante, no era muy bueno con las palabras o las relaciones sociales, pero cuando se trataba de descifrar algo era de gran ayuda, era tan dedicado a su trabajo como a su pasión, la música, el decía que los sonidos que eran provocados por vibraciones, eran capaz de despertar el alma a tal punto de poder elevarla fuera de este plano y hacer conexión con lo que no se ve, no una especie de desdoblamiento sino más bien una conciencia astral. Para mí eso era solo una ideología pero realmente no me importaba, fuera por su conciencia espiritual o por su capacidad intelectual, que era más por lo que yo me inclinaba, Antonio era un muy buen ayudante y estaba dispuesta a escuchar sus ideas aunque no las compartiera.

Quedamos de acuerdo, la hora de la cita era a las 3:30 pm en la calle Lenox frente al hotel Luna Roja, por supuesto el cliente tendría que identificarme pues seguramente ya sabía cómo era yo.

Me despedí de Antonio y le recordé sobre la cita de el día siguiente, busque mi auto en el estacionamiento, subí y me puse en marcha hacia mi casa. Mientras conducía observaba las luces de la ciudad pasar como rayos por el efecto de la velocidad sobre el parabrisas, siempre me gustaba observar la normalidad de los ciudadanos cuando llegaba la oscuridad y las calles se iluminaban con uno de los grandes descubrimientos de la humanidad, la electricidad, ver a los adolecentes encaminándose hacia los bares a experimentar el alcohol en sus cuerpos y quizá otras sustancias, los obreros con sus pasos pesados después de una jornada laboral, no todos tenían el privilegio de una movilización privada como yo, muchas veces me sentí impulsada a ofrecerme a llevarlos gratis, solo por hacer un buen gesto, pero mi quisquillosa confianza me lo impedía, después de todo lo que había visto no podía darme el gusto de confiar en cualquier persona aunque fuera de buena intención, no es lo mismo tenerlos frente a frente en una sala de interrogación que solo hacerlos subir a mi auto, también estaban los vagabundos dispersados a lo largo de las calles, no en montones pero si lo suficientemente notorio como para ignorar que existían, esos ciudadanos que no eran considerados como tal por no tener un sueldo estable, una casa o una familia, pero al fin y al cabo quien los tiene, en cualquier momento el trabajo puede desaparecer, como todo lo demás, por una enfermedad, un accidente que deje incapacitado, una discusión, o simplemente la muerte. De pronto mientras iba inmersa en mis pensamientos y análisis profundos observe a una pareja en una esquina, junto a un semáforo, asumí que esperaban alguna locomoción, los vi risueños y amorosos con una atracción muy poco disimulada por sus cuerpos, toda esta imagen paso frente a mí en fracción de segundos y me distrajo de mis pensamientos anteriores para llevarme a pensar en mi misma, muy pocas veces lo hacía, pude verme a lo lejos como quien ve los circuitos de una ciudad desde lo alto de un cerro, estaba allí sola en el automóvil con solo un destino, el de siempre, nada de distracciones ni caminos alternativos, el único objetivo era llegar al hogar, esas cuatro paredes que recogían cada noche mis ajetreos del día, esa casa sola y silenciosa, observe a esta mujer que jamás se había dado la oportunidad de mejores amistades o compañías incondicionales, desde la muerte de mi madre solo tome mis cosas y me marche de ese lugar en donde crecí, me dispuse a hacer lo que mejor sabia y con la herencia que recibí de ella costee mis estudios, a mis 26 años me titule y desde entonces y como antes solo me había concentrado en lo profesional y no era que me costara socializar como a mi compañero Antonio, era solo que ya estaba moldeada de una forma y no quería cambiar, eso era lo que siempre respondía cuando alguien hacía referencia a mi soltería, disfrutaba ver como las personas se sentían enamoradas aunque nunca lo hubiera sentido por mí misma, compartía esa alegría sin ser participe, quizás el amor es algo que realmente no era para mí.

Al llegar a casa me desplome sobre el sillón de la sala, no encendí la televisión, el ruido de mis pensamientos esa noche era suficiente como para añadir más con ese aparato que lo único que hace es comunicar ideas sin limitaciones. Volví a recordar a esa pareja, creo que me llamo mucho la atención esa atracción que percibí entre ambos, tan superficial, tan física pero tan profunda, como si ese juego corporal fuera la carnada a algo mucho más profundo que solo caricias y satisfacción, analice la pequeña escena hasta que mi cuerpo se rindió al cansancio y finalmente me dormí en el sofá.

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