—¿Y cómo has estado?
—¿Por qué no te vi en todos estos días? —impaciente y nerviosa, preguntó lo que tanto esperaba saber.
Él no contestó; siguió caminando mientras elevaba el rostro para observar las estrellas, que en el cielo de esa noche, puramente negro, se apreciaban de una manera que creía solo poder ver en un sueño.
Supo que el escenario cambió, olvidando en donde se habían encontrado antes, pero decidió ignorarlo. Se concentró en el pastizal bajo sus botas, intentando no pensar demasiado.
Corrió hasta llegar al lado de Gabriel, quien aún seguía mirando el cielo. Recordó que él, hace mucho tiempo, le explicó mucho sobre las estrellas; algo de que parecían estar juntas, pero no, tan solo era una ilusión, talvez un sueño que las personas querían creer. Rió, aludida.
—Pareces estar bien —volteó alegre al escuchar sus palabras, aunque desilusionada al no conseguir su mirada— ¿Ha ocurrido algo nuevo?
Una sonrisa se fue formando lentamente en su rostro, él aún se interesaba por ella.
—Te estuve esperando tanto, me alegro de tenerte a mi lado otra vez —suave, llevó su mano hasta la de Gabriel, uniéndolas en un intento de estar más cerca de él. La sonrisa que aún conservaba en el rostro, creció al sentir un leve apretón en las partes unidas.
No dijeron más hasta que llegaron a la orilla de la playa. El olor de la sal del mar llegó a ella de manera repentina y totalmente desagradable. Frunció la nariz sin poder evitarlo.
—Nunca te gustó la playa, eso aún lo recuerdo —Gabriel comenzó a balancear sus manos, lento.
—En cambio a ti siempre te gustó; todo esto, los lugares abiertos, el agua, la tierra...
—A los únicos lugares donde ibas eran a donde yo te llevaba, aceptabas sin pensarlo, sin saber si te gustaría o no, como ahora.
En su mente bailaron esos tiempos, que cada segundo se le hacían más lejanos.
El día que más le gustó, fue cuando sin pensarlo, escaparon juntos un largo tiempo, olvidándose de todo y... Y nada; tan rápido como la imagen llegó, se fue. Intentó escavar en su mente, esperando encontrar en lo más profundo retazos de ese recuerdo, pero no hubo nada, ni una sombra. El olvido comenzaba a tomar sus tan preciadas memorias.
Sintiéndose impotente comenzaron a brotar pequeñas lágrimas de sus ojos, que rápidamente limpió con su mano libre. Lo que menos quería en esos momentos era causarle más problemas a Gabriel, que ya hacía mucho yendo a verla.
Apretó los ojos con toda la fuerza que consiguió, intentando retener el llanto, queriendo traer de vuelta todo el hermoso tiempo vivido. Una vez más, no consiguió nada.
Se sorprendió al sentir el suave tacto de una caricia en su pómulo; sin saberlo habían dejado de caminar y Gabriel se encontraba frente a ella, masajeando sus rosadas mejillas. Nuevamente el lugar era otro, esta vez ya no habían estrellas, los grandes árboles ocupaban todo el espacio, sin dejar a la vista nada.
Una suave brisa golpeó su rostro, haciéndola temblar y despeinado su largo cabello. Una de las manos de Gabriel escondió un mechón de pelo tras su oreja, para luego volver a las reconfortantes caricias.
Disfrutó del toque lo más que pudo, eso no duraría mucho.
Otro recuerdo rondó su mente; el día que pensó que se quedaría completamente sola, el día que deseo tanto esas caricias como en esos momentos, el día en que empezó a ansiar dormir, para luego poder soñar. Soñar con él.
—Ya para de llorar, no me gusta verte así y no poder hacer nada —musitó mientras la atraía hacia él, envolviéndola en sus brazos, enrollándose alrededor de su pequeña cintura, apretándola, anhelando de la misma forma que ella el calor de sus cuerpos. Los labios de Gabriel cayeron sobre el descubierto hombro de Ángel, depositando un pequeño beso, casi invisible.
Ella rápidamente llevó sus brazos a su cuello, aferrándose a este. Sus ojos volvieron a ser fuentes interminables de lágrimas, sabía lo que ese abrazo significaba.
Él, intentando ser fuerte, susurraba palabras dulces, llenas de amor y consuelo en su oído; aunque no podía sentirse más destruido que nunca.
Los dos expresaron sus sentimientos en ese abrazo, fue más que mil palabras; se entendieron, pero no podían aceptar la cruda verdad, no querían regresar a la realidad, ninguno quería dejar ir al otro. Si fuera por ellos, nada de esto jamás hubiera pasado. Pero ya era hora de vivir y dejar de soñar.
Gabriel deshizo la unión, posando sus manos en los hombros de Ángel, haciéndola así retroceder.
Cuando ella abrió los ojos extrañada, los árboles habían desaparecido, ahora se encontraban en su habitación, sentados en el cómodo sofá frente a su enorme ventana, donde siempre descansaba ansiosa de que llegara la noche, observando el cielo que, en esos momentos dejaba a la vista una noche diferente, azul y con pocas estrellas.
—Tengo algo que decirte —espetó.
Ella volvió a cerrar los ojos, cualquier cosa que quisiera decir, no lo quería escuchar, quería quedarse así un rato más, él frente a ella, en silencio, sin pensar en nada más que en ellos.
—No arruines nuestra noche —pidió en un susurro, abriendo los ojos, encontrándose a Gabriel con el rostro triste.
—Es que esta será nuestra última noche —no se sorprendió al oír esas palabras, tantas veces las había escuchado que ya no le afectaban tanto, pero no pudo resistir que la pena fuera tomando su cuerpo.
—¿Porqué me estas diciendo esto ahora?
Él tomó sus manos, acercándolas a sus labios, presionando un triste beso.
—Ya no te recuerdo, mis memorias desaparecen cada día más rápido y... —paró, le dolía tanto, todo; decir esas palabras, permanecer ahí, dejarla sola— ...Y ya no tengo la fuerza suficiente para permanecer a tu lado —su tono afligido se disipaba con sus pequeños sollozos y cada vez que sentía no poder continuar, iba dejando pequeños e irregulares besos en sus manos.
—Yo te esperaré, esperaré todo lo que sea necesario —hipó.
—No lo entiendes, en unos pocos días ya no te recordaré y si yo no te recuerdo, para mi ya no hay esperanza, pero —suspiró—, tu aún tienes un futuro, tienes una vida. —sabía de lo que hablaba, pero era tan difícil, era imposible. Llevó sus manos a las mejillas de Gabriel, ahora ella era quien lo reconfortaría— Te espera una vida sin mí. No te puedo retener más a mi lado, tienes que trazar tu propio camino lejos de aquí. Lejos de mí.
—Yo jamás me separaré de— intentó replicar, pero el contacto de sus labios en los suyos la calló. Se concentró solo en su cariño; se fundió en el sentimiento del amor, tanto, que no sintió la separación.
No sintió el momento en que despertó del sueño que la llevaba a ver a Gabriel.
No sintió cuando despertó en un mundo en el que no quería vivir sin él.
Pero despertó, con una gran pena que cargaría siempre en su pecho.
Y con la esperanza de volver a encontrarlo en sus sueños.
Fin.
YOU ARE READING
Nuestra noche
Short Story''-Esperaré todo lo que sea necesario''. ATENCIÓN: Contenido ''heterosexual'', si no te gusta, no lo leas. Código de registro en Safe Cretive: 1702160759314
