Un paso. Dos. Tres... para cuando llego al instituto he perdido la cuenta. Levanto la vista y cierro los ojos al sentir la suave brisa golpear contra mi cara y notar el agradable cosquilleo en la nariz, producido por el frío de la mañana. En momentos así, es fácil olvidar. Sin embargo, nunca pasa mucho tiempo hasta que algo te devuelve a la realidad, y así es.
- Norah -dice una voz detrás de mi - ¡Ven!
Giro sobre los talones para ver a mi mejor amiga Olivia sonriéndome. Se le nota el cansancio en la mirada, apuesto a que se pasó la noche pegada a la pantalla del ordenador, escribiendo en su blog de moda. Le va muy bien y cada vez pasa más tiempo escribiendo. Me gusta ver su cara de ilusión al hacer lo que le gusta. Me gusta ver que es feliz.
- ¿Por qué tenemos que entrar tan pronto? -se queja - ¡No puedo ni moverme!
- Prueba una cosa llamada dormir, ayuda bastante - Bromeo, sentándome a su lado en las frías escaleras de mármol, a la entrada del instituto.
- Ja-ja, mi hermana me ha quitado esta mañana el corrector para usarlo y no sé dónde lo dejó. ¿Se me notan mucho las ojeras? - Me dice, abriendo mucho los ojos como si así fuesen a desaparecer las enormes manchas sobre sus pómulos. Me río de su reacción y como respuesta, saco de mi enorme bolso un par de gafas de sol con cristales de espejo azules y montura dorada. Olivia hace una mueca y se las pone. - ¿Tú crees que los profesores me dirán algo por llevar gafas de sol?
- Como si a ti te importara -digo, conteniendo la risa -Pero puedes decir que se te perdieron las lentillas y estas son las únicas gafas graduadas que tienes.
Olivia se levanta y con una sonrisa, se aparta el pelo.
- Norah, oficialmente eres una gran amiga -Dice.
Fue un comentario de broma, en unos minutos lo habrá olvidado, pero para mí significa mucho, me hace sentirme querida.
Disimulo mi expresión de asombro levantándome y cogiéndola del brazo para entrar al instituto. Nos abrimos paso a empujones entre la enorme multitud y vamos hasta la puerta de nuestra clase, que está más despejada, a esperar a que llegue la hora de entrar.
Las clases se hacen igual de largas que todos los días y no puedo evitar perderme en mis pensamientos, cosa que no me hace mucha gracia. Me entra un escalofrío al ver que la profesora de ciencias, una auténtica loca, me está mirando.
- ¿Y bien? ¿Puede responder a la pregunta que le acabo de hacer? -Me dice
Me pongo muy roja y miro a Olivia, que intenta en vano explicarme por gestos qué tengo que decir. Con su brazo lleno de arrugas, la profesora señala la puerta. De mal humor, me levanto y salgo de clase. Me apoyo en la pared y susurro todos los insultos que se me ocurren. La profesora se olvidará de que no estoy, y no podré volver a entrar hasta que acabe la clase, por lo que tengo veinte minutos libres. Decido dar una vuelta para despejarme, ya que el instituto es grande y si oigo a algún profesor puedo esconderme.
Voy hasta el aula de educación plástica, mi favorita, y me alegra ver que no hay nadie. Inspiro profundamente para poder oler el característico aroma de la pintura, mezclado con el del papel viejo y varios disolventes. Voy sin pensarlo al mismo cuadro de siempre: una niña de pelo oscuro y vestida de blanco sentada de espaldas en medio de un bosque frondoso. Me gusta especialmente porque trasmite mucha paz y tranquilidad. Me gustaría saber pintar tan bien, pero no tengo esa suerte. Nunca he llegado a saber quién es el autor de este cuadro, ya que como firma sólo tiene una bonita cruz plateada y el profesor dice que cuando llegó a éste instituto, el cuadro ya estaba allí.
Estaba tan centrada en mis pensamientos que me doy cuenta, demasiado tarde, de que hay alguien dirigiéndose hacia aquí. Abro la puerta del almacén y entro, quedándome completamente a oscuras.
- ¿Norah? -Suspiro al oír la voz de Olivia y salgo del almacén.
- ¿Sabes que susto me has dado? Casi me da algo.
- ¡Pero si tu te asustas con que alguien pase a tu lado!
Nos miramos unos segundos y nos echamos a reír como locas. Aunque mi corazón sigue encogido por el miedo.
- ¿Qué haces aquí? -Le pregunto, al darme cuenta de que debería estar en clase
- No te creas la única con derecho a un descanso -Me dice, sonriendo -Le dije a la profesora que nadie trataba así a mi mejor amiga y me fui.
Sonreí, realmente estar con Olivia aliviaba todo sufrimiento, y me sentía muy orgullosa de nuestra amistad.
¿Sabes? -dice con una mirada traviesa -Creo que no pasará nada por faltar a un par de clases.
¿Sabes? -Le repito -Creo que tienes razón.
Salimos del instituto y vamos a una cafetería cercana. Pedimos un par de batidos, de chocolate para ella y de fresa para mí. Hablamos durante horas, riéndonos de todo y sacando bromas absurdas de las que siempre te acuerdas.
Sí, pasamos un buen rato, pero todo lo bueno se acaba.
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Sí, pero...
Short StorySí, me ves sonriendo, pero grito sin palabras, necesito tu ayuda.
