DANIELLE
"De veras señor, no tenía la menor intención de bailar. Le ruego que no suponga que he venido hasta aquí para buscar pareja"
-Señorita Aubriot, si mi clase le parece tan interesante como para darse el lujo de perder el tiempo mirando a la ventana, sugiero que prosiga con las siguientes líneas de la lectura -. Miré al calvo señor Higgins al frente del salón, sosteniendo el libro con la mano derecha.
Me levanté de mi asiento y me dispuse a recitar de memoria sin dejar de mirar a mi profesor de literatura a los ojos:
"El señor Darcy, con toda corrección le pidió que le concediese el honor de bailar con él, pero fue en vano.
Elizabeth estaba decidida, y ni siquiera Sir William, con todos sus argumentos, pudo persuadirla."
El señor Higgins bajó la vista a su libro para corroborar lo que acababa de decirle y su cara enrojecía a medida que avanzaba en el párrafo. Me senté de nuevo, con el libro aún cerrado sobre la mesa de mi butaca y me di el lujo de regresar la vista a la ventana. El recién humillado maestro pidió a otro alumno que continuara con la lectura y no volvió a molestarme.
Orgullo y Prejuicio se convirtió en mi libro favorito, y cuando el maestro anunció hace dos meses y medio que empezaríamos a leerlo, la idea no me maravilló de inmediato, sin embargo, tres semanas después del anuncio de la nueva lectura, yo ya había terminado el libro cuando el resto de la clase estaba apenas en la página diez. Tratando de mantenerme a su ritmo, releí el libro unas cuatro veces más, al grado de aprendérmelo de memoria.
Cada vez que lo leía encontraba a Fitzwilliam Darcy un poco más perfecto. La personificación de lo que toda chica de mi edad debería buscar en una pareja. Que suerte debe tener Elizabeth Bennet por tener a alguien como él en su vida. En estos tiempos, abunda la bola de salvajes sin ningún tipo de respeto por el espacio vital y sería todo un descubrimiento encontrar a alguien como Mr. Darcy. A veces, mi madre se ríe de mí diciendo que me quedaré soltera por mis altas expectativas en cuanto a parejas y yo le digo que no tengo ningún inconveniente en ser soltera de por vida si Mr. Darcy no viene a mí por arte de magia.
-Buenas tardes profesor Higgins, vengó para llevar a la señorita Aubriot con la psicóloga escolar -. La mención de mi nombre me sacó de mi ensoñación y me trajo de vuelta al mundo real.
- Psicóloga? Y ahora qué hice? -. Me levanté de mi butaca, recogí mi mochila y atravesé el salón. Cuando salí, la secretaria del director cerró la puerta tras nosotros y empezó a caminar apresuradamente para llevarme a la oficina de la psicóloga.
La joven, de aproximadamente 22 años, de piel blanca, cabello lacio de un rubio claro casi blanco recogido en la cima de la cabeza y labios rojos se veía cansada de su trabajo, probablemente no era en lo que estaba pensando cuando se graduó de Administración de Empresas, según he oído. Llevaba el típico vestuario de una secretaria, una falda de tubo color nude justo arriba de la rodilla y una camisa lila ajustada y enrollada hasta los codos, llevaba su gafete prendido a la cintura de su falda y un lapicero de tinta roja detenido en su chongo.
Sus tacones sonaban en el mármol de los pisos del colegio mientras avanzábamos. Cuando llegamos a la puerta de la oficina, tocó suavemente con las puntas de los dedos y me dedicó una sonrisa ligera.
-Pase -. Una voz femenina contestó desde dentro de la oficina.
La secretaria me dijo que entrara y se fue caminando ágilmente sobre sus tacones.
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Eternal
RandomDanielle está enamorada de Mr. Darcy. Cansada de oír siempre que es un personaje de ficción, una noche se va a dormir y para su familia, se convierte en una causa perdida. Pero... Que tal si las personas de los libros existen y están más cerca de lo...
